Carlos Manuel Echeverría Esquivel.

La pandemia, que se presentó mundialmente como un “cisne negro”, ha dejado claro el grave error que Costa Rica cometió hace tres años cuando estando a la mano, no consolidó el ferry centroamericano entre el Puerto de la Unión Centroamericana en El Salvador y Puerto Caldera Costa Rica. Ese fue uno de los dos máximos emprendimientos a los que me tocó dedicar parte importante de mis años como Embajador de Costa Rica en El Salvador, entre el 2014 y el 2017. El otro fue el darle a El Salvador una UNED llave en mano; éste fue exitoso.  Volvamos al ferry.

En época de pandemia o no, el ferry, que es como una autopista sobre el mar, se hace necesario desde una perspectiva estratégica. Sabemos que las fronteras terrestres centroamericanas están saturadas y que eso se presta para atrasos que encarecen los productos, mal servicio, prácticas dudosas y oportunidad para el crimen internacional, así como una presión desmedida sobre las carreteras que encarecen su mantenimiento y dificultan el transitar, lo que obviamente no se da en el mar. También, el depender de un solo medio de transporte de mercancías intra región no es conveniente; crea vicios y oligopolios transportadores que no favorecen la buena economía.

El transporte centroamericano de mercancías y personas por carretera nunca dejará de ser importante, aun si se consolida la idea de un tren centroamericano que funcione con energía eléctrica generada de  fuentes renovables y ambientalmente amistosas o energía de hidrógeno derivada de la electricidad por ejemplo. El punto es que las sobresaturadas fronteras terrestres centroamericanas funcionarían mejor a un nivel de demanda más manejable. Y para Costa Rica el evitar el paso por Nicaragua hasta donde se pueda para exportar al llamado Triángulo del Norte e importar de éste, estratégicamente como decía, sería beneficioso. De allí, la importancia de un servicio ferrial moderno, complementario a las red vial y un posible ferrocarril que ciertamente lejano esta todavía, aunque “el tiempo vuela”. Además, el tener opciones  reduce el riesgo y costos.

La embarcación llamada “ferry”, es una diseñada para prestar servicio de transporte de vehículos de carga y pasajeros, así como personas, en distancias cortas. Los hay para centenares de camiones con remolques o plataformas cargando “contenedores”, con espacio también para autobuses y decenas de vehículos de pasajeros. Cuentan con restaurante, sitios de esparcimiento para conductores y turistas y hasta camarotes. Los “contenedores” montados en sus plataformas o remolques, pueden viajar enganchados a sus respectivos cabezales o sin ellos. Los ferries operan con una frecuencia mucho mayor entre dos destinos que los barcos convencionales.

Son embarcaciones de poco calado, por lo que no conviene se alejen demasiado de la costa; no están diseñadas para viajar por ejemplo de Nueva York a Londres, aunque si pueden hacerlo de Miami a La Habana o por supuesto de La Unión a Caldera, un viaje de entre 16 y 24 horas dependiendo de la velocidad de navegación.

Características fundamentales son que los “ferries” no requieren de servicio de grúas para ser descargados, pues los vehículos entran y salen por sus propios medios o tirados por su respectivo cabezal. Tampoco requiere servicio de remolque en los puertos como en el caso de los barcos convencionales. Esto hace que en todo el mundo se les cobra una tarifa menor que la que pagan los barcos convencionales que si requieren de ambos servicios.

Un ferry centroamericano entre La Unión y Caldera es a todas luces conveniente, especialmente porque el mercado centroamericano es el segundo en importancia para los países de la Región y el principal para la industria de manufactura tradicional. En los últimos años el estado de las carreteras y los manejos fronterizos se han reconocido como ineficientes, lo que encarece los productos y atenta contra la productividad y competitividad.

El ferry que pensaba poner a funcionar la naviera española en mis tiempos como enlace, que se metió de lleno a trabajar el tema con los gobiernos salvadoreño y costarricense,  que haría la ruta ida y vuelta entre los dos puntos mencionados, podría dar espacio a 720 contenedores a la semana, una suma apenas como para desahogar las fronteras entre El Salvador y Costa Rica, seis en total. Para fomentar el turismo  intra centroamericano también es sin duda práctico.

Los ligados al emprendimiento, todos trabajando conjuntamente y con ilustrado entusiasmo, llevamos el tema hasta el punto de despegue, pues en una visita a Caldera de la comisión oficial salvadoreña que manejaba el tema, el señor gerente de este puerto costarricense nos enseñó donde el ferry atracaría, donde se ubicarían las facilidades de atención y como se manejarían los vehículos para  ingresar al ferry o egresar de éste. Todas las dificultades parecían estar superadas.

Después de esa visita una delegación costarricense viajó a El Salvador para conocer las facilidades del Puerto de la Unión. Desgraciadamente, el principal funcionario para los efectos del servicio de ferry de la delegación visitante, prefirió no viajar del aeropuerto al Puerto de La Unión, tramo que se haría en helicóptero, pero podía hacerse por vía terrestre también. Después de esa visita empezaron los problemas en Costa Rica, pues la actitud constructiva desapareció; posiblemente se tocaron intereses y eso descarriló el emprendimiento. El Salvador estaba y sigue estando listo para iniciar; Costa Rica no.

Se puso en evidencia los inconvenientes que se dan cuando los proyectos de ley no son presentados al Congreso ni revisados por éste con la experticia y excelencia debida. La legislación que permitió la operación del Puerto de Caldera por un ente privado, no previó el tratamiento correcto del servicio de ferry centroamericano; imperdonable omisión por negligencia o adrede, no sabemos y posiblemente nunca lo haremos. Por otro lado, expone además lo alejado que podría estar el manejo de un puerto público del interés nacional, cuando quien gestiona es una empresa privada y más cuando es foránea. Aclaro: no me opongo a las concesiones, ¡pero caramba! ….que quienes las preparan, negocian y aprueban, hagan un buen trabajo.

Viendo el panorama no solo en función al COVID 19 y justo cuando se ha puesto de moda el tema del futuro del Puerto de Caldera y sus requerimientos, entendiendo que la solución de Golfito como destino en Costa Rica no sería permanente por razones lógicas, se presenta una coyuntura para revisar la omisión y darle al ferry su lugar en todo sentido…tarifario y operativo. Que el concepto del transporte ferrial adecuadamente dimensionado y revisando bien la relación costo-beneficio, se convierta en parte de la cultura de transporte regional, no solamente pensando en la actual propuesta Caldera-La Unión, pues hay otras interesantes posibilidades. Importante abordar el tema con  mentalidad amplia y visión estratégica. Si no es así, nos quedaremos “atascados en el barreal”. Este servidor “soltará la risa cuando vea al payaso”.

 


Carlos Manuel Echeverría Esquivel.
Estudió Administración de Empresas en Babson College.
Docente e investigador universitario.
Exviceministro-subdirector de OFIPLAN.
Ex Diplomático en El Salvador, en el SICA y actualmente Presidente en
Consultora centroamericana S.A.
Blog:   carlosmanuelecheverriaprogresemos.com
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