Carlos Manuel Echeverría: ¿Quién puede aspirar a la Presidencia de la República?

Mi experiencia en la vida pública nacional e internacional desde 1978 me ha permitido definir ciertas  condiciones que pienso la figura presidencial debe de tener.

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Carlos Manuel Echeverría Esquivel.

Todo costarricense que cumpla con los requisitos establecidos constitucionalmente tiene el derecho a aspirar a la Presidencia de la República, el máximo cargo y por supuesto el más honroso que establece nuestro sistema político y jurídico.

Lo que no está bien es que muchos “se la crean” y sin estar preparados o ser personas aptas para el cargo, se animen a aspirar a él. Eso complica a un electorado que no parece estar en las mejores condiciones para hacer una buena decisión respecto a quien elegir y por qué para ejercer la máxima magistratura del país acompañado de sus dos vicepresidentes, para quienes también vale lo aquí expresado.

Lamentablemente nuestro electorado da visos de no haber recibido como parte de su educación general y cívica en particular las herramientas para que pueda elegir adecuadamente.  Ello lo hace proclive a votar por temas demasiado concretos y secundarios perdiéndose la vinculación con la visión global que por definición califica al ejercicio presidencial. La experiencia reciente señala que se deja llevar por superficialidades o por aspectos de forma que aunque son importantes, no lo son tanto como los de fondo. Se deja de lado la capacidad del candidato que se presenta al electorado.

Lo dicho es un problema no solo en Costa Rica sino en muchos países. Está impactando negativamente en el ejercicio de la democracia.  Si se elige mal se obtendrán malos resultados, la ciudadanía pierda la fe en la democracia y al final de cuentas ésta se devalúa como forma de elegir gobernantes, algo peligrosísimo.

Ante esa realidad y sin analizar las consecuencias sistémicas de sus actos antes de “tirarse al ruedo”, muchos lo hacen sin tener las condiciones aptas para el cargo, a veces por vanidad y otras por intereses personales o de grupo, alejados del bien estar de la ciudadanía y progreso de la patria. Quien se lance a la lucha por la primera magistratura, tiene que tener claro la razón de su acto y que aquella sea legítima en función a las obligaciones que el cargo conlleva.

A continuación enumero algunas que pueden ser muy obvias:

  • Esencial es el conocimiento ya sea por formación o experiencia, aunque el ideal es que se den ambas situaciones, que le permitan entender la realidad desde una perspectiva integral o holística con sentido histórico.
  • Conocimiento de la Costa Rica urbana, rural y urbana rural así como de los distintos sectores de actividad es un “plus” importante. Puede ser útil, pero no necesariamente el buen gerente en la empresa privada lo será en la empresa pública.
  • Actitud reflexiva, abierta pero prudente hacia el cambio o más precisamente la transformación dinámica en todos los campos de la actividad humana, incluyendo la sociedad como un todo.
  • Capacidad y habilidad política e idealmente jurídica, aunque no se requiere ni que sea científico político de formación, ni que sea abogado. Tampoco ingeniero aunque conviene entienda de sistemas, pues la función pública al nivel superior es profundamente sistémica.
  • Fundamental que tenga total conciencia de la majestad de cargo y sus obligaciones, como cabeza de un Estado con el aparato estatal incluido, capaz de medrar constante, sólida y sosteniblemente.
  • El jefe de estado debe de ser culto en su comportamiento como debe ser el de la primera dama o el primer caballero, para que le den garbo al ejercicio del cargo, establezcan ciertos estándares de excelencia y que representen al país internacionalmente de buena manera. Es deseable que tenga roce con los diferentes sectores de la ciudadanía costarricense y a nivel internacional.
  • Es importante que tenga conocimientos de gerencia pública y maneje herramientas de motivación y seguimiento. Que sea capaz de partir de una visión y plantearse estrategias y manifestaciones tácticas para cumplir las metas que le dan vida a aquella.
  • La madurez y la capacidad de reflexión no pueden faltar, como también conviene el haber ejercido cargos públicos, académicos y por qué no, de emprendeduría y en la empresa privada. La inteligencia emocional es clave, especialmente para sobrellevar las crisis de diferente índole que siempre se presentan.
  • Debe ser capaz de escuchar mucho para formar criterio, como persona modesta pero siempre digna nunca soberbia u orgullosa, abierta a dialogar con ciudadanos de cualquier credo, tipología o preferencia de vida. Es la nueva realidad de Costa Rica.
  • Es importante que quien ocupe la silla presidencial posea una cultura general amplia, pues eso le permite entender el sentido de la vida, ser más flexible, entender lo que no siempre es explícito y como decía uno de nuestros ilustres presidentes…”para que tractores sin violines”.
  • Quien ejerce la jefatura de Estado, debe de serlo para todos los ciudadanos, no solo los que piensan como su persona. Consecuentemente no conviene que el cargo sea ocupado por alguien con ideas y comportamiento demasiado extremos y de difícil aceptación para segmentos importantes de la sociedad costarricense. Debe ser alguien capaz de construir en lo que socialmente une y no en lo que exacerbe el conflicto.
  • El liderazgo a ejercer, función importantísima, debe ser la de un pastor con sus ovejas pero, que no le tiemble la mano si se hace necesario y socialmente deseable ser drástico.
  • Por supuesto que debe ser éticamente intachable, dentro de los cánones que privan en la sociedad costarricense.
  • Debe ser una persona que exhiba el don de la compasión por sus semejantes, un respeto humanista hacia todos, aún sus detractores y enemigos, así como un amor inclaudicable hacia la vida.
  • Carisma, empatía y buen verbo, son cualidades importantes para cimentar el liderazgo de quien ocupe el cargo, pero no deberían ser las calidades determinantes.
  • Con muy contadas excepciones lo expresado arriba difícilmente puede ser alcanzado por una persona de menos de cincuenta años de edad. Antes, cuando la gente vivía menos y el mundo no era tan complejo, se pensaba y aceptaba que se llegara al cargo a menor edad. Ahora hay que decirle a los jóvenes aspirantes que tenga paciencia y que se pulan, para que si llegan a la meta lo hagan lo mejor preparados posible. “Ni mucho que queme al santo, ni tampoco que no lo alumbre”: no es lo ideal que la persona sea muy vieja o que su condición general denote carencias físicas esenciales para un buen desempeño en el cargo. Tampoco es ideal que sea tan joven que denote inmadurez y falta de experiencia.

Por supuesto que lo que he anotado no necesariamente tiene que darse en grado superlativo, lo que es difícil casi imposible; alguna deficiencia puede ser compensada por alguna condición extraordinaria. Lo importante es que quien se postule lo haga consciente de que tiene la capacidad para ejercer el cargo desde el primer día.



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