Carlos Poveda en el Museo de Arte Costarricense

Su trabajo, a través del tiempo, se caracteriza por una factura impecable y por la certera combinación de materias primas, ya que Poveda tiene una sensibilidad  especial hacia los atributos y características del material.

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María Enriqueta Guardia Yglesias.

“Siempre rebelde e inconforme, el maestro evoluciona a su propio paso. Imaginario Irreverente es una confirmación de la solidez formal y conceptual de esa trayectoria, de su constante ironía y sensibilidad plástica, de su poderosa y genuina capacidad de comunicación trasgresora, a lo largo de casi cincuenta años dedicados al arte, la mayoría de los cuales fuera de su país natal”.[1]

La obra de Carlos Poveda de principios del nuevo siglo, no solamente no ha perdido terreno frente a los recientes lenguajes plásticos, sino que se ha revitalizado y continúa en un  permanente proceso de trasformación artística que lo coloca en la vanguardia.

La exposición, que hemos llamado Imaginario Irreverente está ordenada con una visión secuencial que liga las diferentes transiciones temáticas, conceptuales y formales del autor, cuyo propósito consiste en que el espectador reconozca y disfrute la coherencia conceptual y formal de cada etapa, ya que esta retrospectiva nos permite recorrer,  en una secuencia evolutiva, más de cuatro décadas.

La búsqueda de la esencia,  junto a la restricción de elementos,  es una constante en su trabajo, lo mismo que la libertad en la utilización de materiales diversos y no tradicionales que el artista incorpora a sus trabajos y  asimila como propios de la actividad plástica.

En su obra se pueden establecer cinco períodos que la exposición agrupa en torno a seis temáticas :

  • Una primera etapa que va más o menos de 1960 a 1975, en la que su interés se concentró en dibujos de la figura humana,  aves en vuelo y posteriormente nubes.
  • En su segundo período, a partir de 1975, se destacan soportes de madera, cartón y otros, con temas del paisaje y vegetación, en los que fueron introducidos plásticos, resinas y metales.
  • Con lo que el artista llama esculturas de pared se inicia en 1985 una nueva fase en su obra. Concibe relieves con temas de nubes, sembradíos y zacatales. El final de éste se puede marcar en 1990.
  • La serie de esculturas y objetos volumétricos llamada Árboles y Vegetaciones para un Huerto, inicia la etapa de obra exenta en la que el artista se libra del soporte bidimensional.
  • Es a partir de 1997 que irrumpe con una obra más conceptual, los ‘Paisajes Domésticos’.

Su obra es sintética, de carácter individualista, introspectivo e íntimo, pero al mismo tiempo universal, ya que trasciende fronteras y hechos. La personalidad cálida y sincera del artista subyace en su obra.  Tiene un fino sentido del humor que se manifiesta en algunos de sus trabajos. Su forma pausada de hablar y caminar  apenas permite entrever el volcán creativo que se propaga:… es un artista inquieto, metódico y tenaz. Nacido en Costa Rica, afincado en Venezuela, y viviendo actualmente una aventura artística en París, Carlos Poveda es, sin duda, un ciudadano cosmopolita que ha sabido asimilar los procesos de transculturación.

Con propuestas  innovadoras que buscan encontrar sus propios espacios, este creador se ha atrevido, a lo largo de su vida artística, a recrear con una mirada nueva, casi irreverente, los temas que le han interesado.  Una vez más, en sus obras recientes, prevalece una tesis diferente para abordar lo cotidiano, que incluye tanto los aspectos conceptuales y formales, como la temática.

Carlos Poveda – Paisaje invernal

¿Moderno o contemporáneo?, el artista se ubica a sí mismo como un realizador contemporáneo, porque, a pesar de haber vivido en el último fragmento del modernismo, su trabajo siempre ha mostrado la espontaneidad de no obedecer a movimientos, modas o tendencias específicas y de estar en constante ebullición. En esa búsqueda, logra crear una obra independiente y sin ataduras  Parte de la contemporaneidad, expresa el autor, “podría también radicar en el detalle de que yo utilizo cualquier soporte, o materia para los planteamientos, y más recientemente los ‘platos’, que por ser ‘collage’ y ‘ready made’, acercan mis ‘paisajes domésticos’ a ésa actualidad”[2].

En el Primer Simposio Centroamericano de Prácticas Artísticas, Rocío Fernández, directora del Museo de Arte Costarricense, decía que el arte costarricense de la última década es, a la vez, una continuación y una ruptura de su evolución durante décadas anteriores y que, entre otras cosas, absorbe nuevas técnicas de los circuitos internacionales y se aparta de grupos o corrientes predeterminados para reflejar, más bien, lo individual y lo particular.

Aunque ha vivido las últimas décadas en Caracas, este es precisamente el caso de Carlos Poveda. Desde mucho tiempo antes supo posicionarse de una manera muy personal ante la temática y técnicas tradicionales, renunciando formalmente a la tradición del paisaje y del bodegón pero, a su vez revalorizándolos con una nueva forma de interpretar el mundo que lo rodea y, a su vez, elaborando una novedosa lectura plástica.

Un rasgo que define a Poveda es la libertad. El artista manifiesta que, desde niño, no soportaba, ni aún soporta, el encierro físico, ni psíquico, ni intelectual. Muy joven viaja a los Estados Unidos, posteriormente a Venezuela, donde asimila las nuevas tendencias artísticas, pero las incorpora de una manera muy propia. Rompe con la tradición costarricense y se asienta en un nuevo circuito plástico, abierto y global y es en ese ambiente donde madura como artista. No se preocupa por el problema de identidad nacional o de asuntos ideológicos, asume un espacio propio que le pertenece sólo a sus obras artísticas y que es parte de su inmediatez, encuéntrese  en Costa Rica, Venezuela, o París. Sus creaciones son más universales.

Actualmente, en vez de retornar a sus cauces primigenios, el artista innova, busca nuevos caminos, transgrede, rompe con la forma y los materiales tradicionales  como lo ha venido haciendo desde hace décadas. Sin embargo, se mantiene asido a la temática del paisaje, eso sí, ella evoluciona al ritmo que le impone Poveda.

El artista confiesa que ingresó al mundo del arte de una manera azarosa e informal y que se le permitió así el acceso al maravilloso universo de las realizaciones y los sueños. Narra que en los años sesenta, durante la primera exposición que el ‘Grupo Ocho’ realizaba al aire libre en Las Arcadas, frente al Teatro Nacional, conversó con Harold Fonseca, uno de los fundadores, y le participó que él también dibujaba, y éste, de manera generosa, lo invitó a que le mostrara lo que hacía. Para entonces el artista tenía veinte años.

Entusiasmado, les dejó a los integrantes del Grupo 8 su carpeta de dibujos, y éstos le pidieron que se presentara en la oficina que les servía de sede en Las Arcadas, porque fue una casualidad que, aquel día, los estaba visitando José Gómez-Sicre, el Director de la División de Artes Visuales de la OEA. El crítico de arte se encontraba de paso en Costa Rica y quería conocerle, porque le interesaron sus dibujos. Al llegar al local, se encontró con que los miembros del grupo le tenían extendido un abanico de sus trabajos en el piso. Era una escena totalmente inusual para él, ya que nunca había estado en contacto con el mundo de los artistas. Gómez Sicre, a quien aún no conocía, corpulento como era, se encontraba a sus anchas sentado en una silla central, y a ambos lados de él, la mayoría de los miembros del Grupo 8 observaban, y algunos le preguntaban cosas sobre aquellas figuras humanoides que había dibujado. Fue un momento embarazoso y crucial a la vez.

Carlos Poveda – Árbol negro

 

Felo García, otro de los miembros de aquel grupo, lo invitó a realizar una exposición individual de sus dibujos en la Dirección General de Artes y Letras, institución que en ese momento presidía. Además, nos cuenta Poveda que aquél grupo le honró al incluirlo en dos de sus más destacadas exposiciones fuera de Costa Rica, una en el Museo Nacional de Bogotá, y la otra en la Unión Panamericana, en Washington D.C. Estas muestras y la inclusión de varios de sus dibujos en la Feria Mundial de Nueva York, fueron el puente para su proyección internacional.

Desde que se inicia en la aventura plástica, Poveda hace una búsqueda muy propia de los materiales y reconoce que, por carecer de una enseñanza formal artística, su técnica fue producto de su iniciativa y, si se quiere, hasta de su desconocimiento de las técnicas de las artes plásticas. Lo cierto es que esta circunstancia lo convierte en un creador que constantemente va tras la búsqueda de nuevas materias primas y las posibilidades  intrínsecas en ellas, considerándose a sí mismo como un ‘investigador de las artes visuales’.

“La mayoría de mis dibujos de la primera etapa de las ‘figuras humanas’ entre los años 1960 a 1975, los resolví con esmalte comercial por su gran resistencia y magnífica adherencia al entramado del papel, y porque éste no sufre con la humedad. Con el mismo esmalte logré texturas imposibles de lograr por otros medios, y la mayoría de críticos de arte que reportaron mi trabajo de aquellas décadas siempre destacaban este detalle del esmalte comercial que yo utilizaba para dibujar”[3]Entonces, el artista “despuntó en los años setenta con una obra enraizada temáticamente en el ser y su entorno” “Con este tipo de obras se impuso como un valor de la plástica joven latinoamericana. Ellas le permitieron obtener una Mención de Honor en Dibujo en la VIII Bienal de Sao Paulo y el Premio Nacional de Pintura en Costa Rica.”[4]. Su dibujo era de trazo fuerte, con mucha textura y de una composición cerrada. Poco a poco se libera, abriendo, no sólo la línea y la composición, sino también la temática.

Después de un período no muy largo, su mirada se posa en el paisaje  y,  a partir de entonces, su obra se convierte en un largo peregrinar del cielo a la tierra.El hombre, objeto de sus primeras obras y al que muestra, muchas veces, como un ser crispado y estrujado, se transforma. En obras posteriores logra que despegue hacia arriba y que pronto se convierta en ícaros que surcan los cielos en un acto de total libertad, en un vuelo existencial, “quizás por el intenso recuerdo de una pesadilla infantil que me perseguía, y que me presentaba a mi padre muriendo en un accidente de avión en la Guerra Civil de 1948”[5]. Estos seres alados se trasmutan en aves con trazos libres y ligeros, logrando así el artista la síntesis plena en su dibujo. Su obra, desde entonces y por varias décadas, no abandona el paisaje del cielo, ya sean aves o nubes los que recorren el espacio celeste.Y con estas obras nace, por fin, el color en la obra de Poveda que, hasta entonces, había propuesto la relación negro sobre fondo blanco. Las aves se esfuman  así entre las nubes, ahora enseñoreadas en el “azul del cielo”.

Carlos Poveda – Talamanca

Posteriormente, el artista se replantea el paisaje. Pronto aparecen las montañas, omnipresentes en su subconsciente: Talamanca, Chirripó, Tepuy o Avileña, Costa Rica o Venezuela. Da lo mismo, su obra va más allá de las fronteras, pero ellas son parte de su acervo cultural y del entorno que lo rodea. Logra mantener un rico diálogo con la naturaleza, tal vez en su preocupación por rescatar los valores espirituales y, a diferencia de la mayoría de los exponentes del paisaje, que utilizan una gran riqueza de color, Poveda lo restringe y logra, más bien, una síntesis de éste.A continuación, su creatividad se apropia de la esencia y su obra paisajística se torna minimalista, casi abstracta, pero siempre con una figuración que niega ocultarse.

El blanco siempre latente, desde sus primeros dibujos, toma el espacio, blanco sobre blanco…, el artista recurre entonces a las texturas, arenas y relieves.  El color es sustituido por el claro-oscuro desplegado por estas diversidades en el material.

Nos reafirma el artista que estos paisajes los “resolvía sobre materiales más resistentes,  que iban del cartón a la madera, pasando por láminas metálicas y de metilmetacrilato (plexiglass). También continué utilizando esmaltes comerciales, dependiendo de si las obras eran para interiores o exteriores. Asimismo he utilizado pinturas acrovinílicas como base para algunos planteamientos, y todos mis trabajos de la serie ‘Paisajes Silentes’ están realizados con esmalte blanco mate”[6].En un momento dado de su obra creativa, pinta las montañas que, en la lejanía,  muestran su silueta, pero poco a poco se acercan a la retina de Poveda y se empiezan a destacar masas de verde hasta que su foco apunta al árbol que, como en el caso de sus figuras humanas o las aves, son solitarios, únicos, independientes, como si fueran reflejo de su creador.Por fin le toca  a la maleza  el turno de ser objeto artístico en la creación de Poveda.  Le llama originalmente ‘Otra Vegetación’ y, dentro de esta serie, se encuentran los Germinales.  En un principio son pinturas con objetos adheridos como si fuera un collage, en los que introduce materiales de deshecho no nativos del mundo pictórico, pero de los que se apropia con una soltura inusitada.

Sus paisajes, entonces, se pueblan de plásticos, hilos y metales.Aunque ya había intentado las obras tridimensionales de nubes y otros elementos paisajísticos,  éstas  no logran separarse del férreo soporte de la pared.  Sin embargo, en este período, la maleza germina y los paisajes se convierten en obras exentas.

Carlos Poveda – Zacatal

Por fin el artista se desprende de ese reducto que lo ata a la pintura. Se suceden entonces árboles y germinales. La evolución y revolución de su obra paisajística es plena, ya que ha logrado no sólo transitar en esta temática desde las alturas a la tierra, sino que trasmuta el soporte plano, siempre apegado a una pared, por la libertad del espacio tridimensional que lo libera definitivamente y se inicia su aventura escultórica.Luego apuesta a un proyecto similar con la naturaleza muerta o bodegón, pero esta vez, a manera de objetos y es así que su obra subsiguiente está íntimamente ligada a este acontecimiento y a su afán de búsqueda de investigar con materiales de índole diferente. Por una parte los aportados por la naturaleza como semillas y arenas y por otro lado, los deshechos industriales como símbolo de nuestra cultura.Nos cuenta Poveda que él comenzó a interesarse en los desechos naturales e industriales, por sus hermosas, absurdas y aleatorias texturas, para lo cual se sumergía en depósitos y basureros de fábricas tras la búsqueda de formas y objetos intrigantes pero factibles de utilización.Su mirada se vuelve hacia el huerto. Por fin aparece en su obra lo que el hombre cultiva, lo comestible. “Es más, ya en ése mismo período, 1995, aproximadamente, se me ocurrió inventar un ‘huerto’, y es cuando comienzo a trabajar esa suerte de ‘arbustillos’.” [7]

Este huerto imaginario, evidencia de cierta forma el origen costarricense del artista. Obras como ‘Quelite’ y ‘Pejivallera’  así lo reflejan. A su vez, este tópico no sólo va a ser el vínculo entre lo vegetal y lo alimenticio, sino también el lazo entre  el tema del paisaje y el del bodegón. “Y he aquí que trabajando aquellas vegetaciones fue que llegué a los ‘Paisajes Domésticos’ ”.[8]Ya está servida la mesa de la culinaria y, de una manera poco ortodoxa, el artista hace surgir una obra con una rica significación simbólica, el paisaje doméstico, que denota, de nuevo en su trabajo, la presencia antropológica, pero que también lo une a la temática del paisaje. Así, en estas circunstancias, logra acoplar su obra de principio a fin y  cerrar el ciclo vital. El Museo Jacobo Borges de Caracas reconoce la importancia de esta nueva tendencia en el artista y de esta manera sui géneris de abordar el tema y, para 1998, realiza una exposición en sus instalaciones.La curadora e investigadora Ileana Alvarado expresaba  en un simposio, que en una curaduría en la que participó, se trató de plantear la tesis de que las temáticas en el arte nunca mueren, ya que éstas pueden ser releídas y adquirir vigencias diferentes, incluso en oposición a sus referentes anteriores. Eso es, precisamente, lo que Carlos Poveda ha logrado con el replanteamiento del bodegón, a lo que el llama ‘paisaje doméstico’.No obstante, el interés estético y antropológico de los objetos procede del resultado de su apropiación y uso.

Carlos Poveda – Plato No. 51

Ciertos autores han sugerido para estos objetos una relación con el modelo del ‘objet trouvé’ y del ‘ready made’ del que hablaba Marcel Duchamp.[9]El artista narra que estaba trabajando una obra de la serie del huerto, cuando se le ocurrió la idea de los bodegones y que, un día, entró su esposa Raquel al taller, para enseñarle una hermosa bandeja negra Alessi que les habían regalado, lo cual tomó en sentido de broma y le dijo: “prestámela para hacer una obra de arte”, y de ahí surgió su primer  paisaje doméstico…Este hecho denota un gran sentido de humor, muy carterístico de Poveda. Sin embargo él mismo reflexiona que no fue un acontecimiento tan azaroso lo que lo llevó hasta este planteamiento, sino un lento proceso de cambio que fue ocurriendo desde  el paisaje.  Además, cuenta que siempre mantuvo en su pensamiento el tema de los bodegones como algo intrigante, ya que como profesor de dibujo y pintura en Venezuela, siempre le había llamado poderosamente la atención el curioso detalle de que se planteara el ‘bodegón’ a los alumnos, solamente como un paso a otros temas o posibilidades expresivas.

Esta fue una de las razones que lo motivó  a replantearlo….Para Poveda, proponer el paisaje doméstico tiene como base destacar y valorar el detalle artístico como acto creativo. Si bien sus primeros platos tenían una connotación figurativa, a medida que ha avanzado, tanto la obra como la composición se han ido tornando casi abstractas.  “Al punto de llegar a pensar, a manera de síntesis, que lo que he venido proponiendo en mi culinaria es una abstracción sobre un soporte figurativo”[10] ¿Y si se plantea al revés?.“Mis trabajos más recientes son sobre polímeros, polietilenos, popipropilenos, resinas sintéticas, resinas preaceleradas, bakelitas, etc., que se supone resisten los esmaltes comerciales, sin embargo, yo los someto previamente a lijado, texturado, aplicación de otras materias, y hasta el quemado, para lograr que algunos pigmentos (ésos esmaltes) penetren sus estructuras externas, sin el problema de que se desprendan”[11].Su obra actual es innovadora, entre otras cosas, por la perseverante experimentación  que lleva a cabo el artista con materiales diversos y por la exploración de las contradicciones de éstos, ya que logra crear una tensión entre ellos. Pero, aún así, logra fusionar de manera orgánica la base, que es un objeto “ready made” y los deshechos de carácter industrial que interactúan entre ellos. Estos ‘platos’ generalmente causan un impacto visual en la primera impresión de los espectadores que, como narra el mismo artista, se convierte en suerte de admiración, repudio, descubrimiento, ansiedad  o  risa, y que le despierta la otra incógnita del qué será esto ?…. De donde sale todo ello ?…Algunos rasgos le otorgan un carácter unitario a la exposición aquí planteada y a este conjunto de obras. Por un lado la temática, por otro, la búsqueda de la esencia junto a la restricción de elementos  que es una constante en su obra y por último la libertad en la utilización de los materiales diversos y no tradicionales que el artista incorpora a sus trabajos y logra asimilar como propios de la actividad plástica. A su vez, se puede apuntar que el desarrollo de la obra de este artista, o sea todo su trabajo  desde que comenzó a darse a conocer en los años sesenta, continuó una secuencia evolutiva  y de investigación, y cada obra que el artista hace, tiene una vinculación con respecto a la precedente y a la que  continúa.

Además de un cambio de temática, el artista experimenta con diversos sustratos por períodos más o menos regulares. De 1960 hasta 1975 se pueden ubicar los dibujos sobre papel los cuales tratan la figura humana, los Icaros,  las aves en vuelo y algunas nubes.Le corresponde al período que va desde 1975 a 1985 la utilización de pinturas sobre telas, cartones, maderas y otros soportes como plásticos. Los paisajes silentes y los paisajes con vegetación pertenecen a este grupo. En esta fase también comenzó el autor a trabajar con resinas, plásticos y metales.De 1985 a 1990 el soporte de sus obras va a sufrir un cambio bastante radical, ya que empieza a realizar una serie de los relieves escultóricos que el artista llama  ‘esculturas de pared’. La temática gira en torno a las nubes, los sembradíos y los zacatales…Por fin en los años noventa Poveda independiza la obra respecto al soporte y empieza a realizar lo que él llama  ‘esculturas y objetos volumétricos’ A partir de 1990 a 1995 se suceden los árboles, vegetaciones para un huerto, y por último los platos.

 

Carlos Poveda – Plato No. 23

Su trabajo, a través del tiempo, se caracteriza por una factura impecable y por la certera combinación de materias primas, ya que Poveda tiene una sensibilidad  especial hacia los atributos y características del material. Al plantearse esta exposición, el artista insistió en que era esencial que el público pudiera sentir que lo importante de su labor como artista no es solamente la parte anecdótica de los temas, sino que, además, la parte mágica de la investigación y el atrevimiento  que subyace en ella a través de sus propuestas.Con una fuerza y una delicadeza inusitada, Poveda logra evidenciar, una vez más, la temática tantas veces explotada a través de los siglos, en su propuesta actual del bodegón.  La síntesis suprema alcanzada en los aspectos formales, conceptuales y en el color de algunos de sus paisajes, que inclusive llegó a crear en un blanco impecable,  nuevamente se amalgaman en su última obra ‘Plato 88’, como lo ha hecho a través de toda su creación artística.En este acontecimiento expositivo, el Museo de Arte Costarricense, le brinda un merecido reconocimiento al artista, quien no sólo se reencuentra con su patria, sino con su pasado y con su obra. Esta retrospectiva me ha permitido, como curadora o comisaria de la misma, plantear el recorrido de una secuencia evolutiva a través de más de cuatro décadas y el proceso de búsqueda y renovación constante que han sido el leit motif del artista. Su aventura creativa parece, sobretodo, invitarnos a  explorar el futuro…On peut ne pas bien compendre
et cependant etre ému.
Rémy de Gourmont [12

Referencias:

  • [1] Fernández, Rocío
  • [2] Correo electrónico enviado por Carlos Poveda 26 Febrero 2003
  • [3] Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado. Sobre nformación técnica… sábado, 21 febrero 2004.
  • [4] Bélgica Rodríguez, Carlos Poveda: Estética de lo cotidiano «EL NACIONAL» (Caracas, Venezuela) – Lunes 13 de Mayo de 2002.
  • [5] Poveda, Carlos “Paisajes domésticos” Texto para la Revista Nacional de Cultura . Febrero, 2004.
  • [6]  Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado. Información técnica…  sábado, 21 febrero 2004
  • [7] Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado a María E. Guardia  6 noviembre 2003
  • [8] Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado a María E. Guardia. Comentarios sobre su obra. 2 setiembre 2003
  • [9] Término acuñado por Marcel Duchamp en 1913. Objeto sacado de su contexto usual y tratado o valorizado como objeto artístico.
  • [10] Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado a María E. Guardia. 11 de abril 2004.
  • [11] Poveda, Carlos. Correo electrónico enviado. Información técnica… sábado, 21 febrero 2004
  • [12] Cita de Rémy de Gourmont, escritor francés y crítico literario  (1858-1915) utilizada por Max Jiménez en su obra literaria, Sonaja, publicada en 1930. Refiriéndose al arte “Más que comprender, es importante emocionarse

NOTA: Este artículo fue publicado en la Revista Herencia Volumen 16, número 1-2, del 2004.

 


María Enriqueta Guardia Yglesias
La autora es académica, curadora de arte y directora del proyecto pinacoteca digital PINCELDe la misma autora le podría interesar:

 

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