Carlos Víquez QuirósAbogado y Administrador de empresas y finanzas (Msc.).

Con la pandemia del coronavirus y su consecuente cuarentena y el cierre de fronteras, el tráfico aéreo internacional casi se ha detenido. Las aerolíneas están perdiendo millones de dólares a diario y se estima que muchas pueden desaparecer, por lo que muchos gobiernos han presentado proyectos para salvarlas.
El gobierno de Estados Unidos anunció un plan de rescate para las aerolíneas de $61 billones de dólares. El gobierno de Canadá está cubriendo el 75% de los salarios de los empleados de las aerolíneas canadienses que están esperando un plan de rescate específico prometido por el gobierno.
British Airways ha obtenido 35 millones de libras en ayuda del gobierno y un plan de financiamiento por parte del Estado de 300 millones de libras adicionales. Lufthansa obtuvo financiamiento del gobierno aleman en un plan de rescate por 9 billones de euros.
Ejemplos similares se están viendo en todo el mundo en aerolíneas como KLM, Air France, Iberia y en gobiernos de países como Emiratos Árabes Unidos, Hong Kong, India, Vietnam, Israel, etc; que están intentando salvar a sus aerolíneas locales.
Pero, ¿por qué salvar a las aerolíneas cuando en muchos casos son empresas enteramente privadas que en los años previos a esta crisis generaron millones de dólares en ganancias?
La respuesta es porque las aerolíneas son un activo estratégico de los Estados.
Solo pongamos un ejemplo: en el 2018 la economía islandesa crecía por octavo año consecutivo impulsada por el turismo, sin embargo en el año 2019 quebró la aerolínea más importante de ese país, Wow Air y puso en riesgo la economía del país que dependía en gran parte del turismo, para ser exactos un 32% de su producto interno bruto.
Islandia es un país altamente dependiente de la industria turística, pero así como Islandia, por ejemplo, la economía mexicana depende en 17% del turismo, la española en un 14%, la del Reino Unido en un 11%, la francesa y la alemana en rubros cercanos al 9%, inclusive la economía estadounidense depende en un 8% del turismo y la mayor parte de esta industria turística depende de las aerolíneas y de la infraestructura aeronáutica para subsistir.
En un país como el nuestro el 14% del producto interno bruto (aproximadamente)  depende del turismo y ese porcentaje depende enteramente de operadores aéreos extranjeros. Esto sin tomar en cuenta la carga aérea.
Por ésta razón, muchos países aún mantienen control o participación accionaria en gran cantidad de aerolíneas alrededor del mundo, para ser más exactos más de 100 países o regiones mantienen participaciones en aerolíneas nacionales como Rusia, China, India, Italia, Finlandia, Dubai, Emiratos, Dinamarca, Suecia, Singapur, Portugal o Tailandia.
Muchos otros privatizaron sus aerolíneas nacionales en las décadas de los 70, 80 o 90’s pero harán lo posible para salvar a sus aerolíneas de bandera nacional de manera que pueda asegurarse tener control de una parte importante de la afluencia turística.
Algunos otros países, durante ésta crisis, comprarán participaciones en la aerolíneas locales para de ésta manera inyectarles capital y mantenerlas a flote.
En nuestro país, el gobierno tuvo participación en la última gran aerolínea nacional, LACSA, hasta que fue vendida en los años noventa al Grupo Taca.
Sin embargo, en la actualidad el gobierno ha dejado de lado a la industria aérea nacional dejando en control de terceros los medios de entrada del 14% del producto interno bruto del país.
Se ha olvidado del proyecto del aeropuerto de Orotina, necesario para el crecimiento de la industria aérea y turística y no existe una política país para el incentivo de la industria aeronáutica.
No estoy diciendo necesariamente que el gobierno costarricense deba jugar como empresario aeronáutico, sin embargo puede incentivar la creación de empresas aeronáuticas.
Inclusive podría incentivar y colaborar con la creación de una gran nueva aerolínea de bandera nacional. Llamando a empresarios y personas particulares, en una oferta abierta, a una gran inversión con el aval del gobierno, donde el gobierno puede otorgar facilidades crediticias, facilidades y preferencias con el combustible que controla Recope y con la infraestructura aeronáutica, altamente costosas en nuestro país.
Ya contamos con la marca país, ya contamos con una variada infraestructura y oferta turística, pero no tenemos control sobre el cuello de botella del transporte de esos turistas al país. ¿Por qué no pensar en una nueva Lacsa?
En fin… lo anterior es simplemente una idea al aire para invitarlos a pensar.