Carmen Monge Hernández: La extension universitaria y la senda de la Universidad Necesaria

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Carmen Monge Hernández.

Es paradójico que, aunque estemos frente a una crisis ecológica y humanista global donde la extensión es indispensable, esta sea la función más marginada del ámbito universitario. Por eso, a la Universidad Nacional (UNA) le corresponde tomar medidas efectivas para desarrollar acciones concretas que favorezcan y resignifiquen nuestros idearios fundacionales institucionales como Universidad Necesaria. Un compromiso vigente en su actual Estatuto Orgánico, el cual asigna prioridad a la atención de las necesidades de políticas públicas, de desarrollo social, científico y tecnológico y de formación integral estudiantil, mediante su acción sustantiva, con la docencia, investigación, extensión y producción académica.

Como es sabido, la extensión universitaria se incorporó a la universidad latinoamericana con la Reforma universitaria de Córdoba (Argentina, 1918), como una disposición para contrarrestar las visiones heredadas del pasado colonial, democratizarla y generar nuestra identidad local y regional. Desde sus comienzos, esta función académica sustantiva ha estado estrechamente vinculada con la misión social que les corresponde cumplir a las universidades públicas de la región. Hoy, orgullosamente, constituye el sello diferenciador de la educación universitaria latinoamericana en el ámbito mundial, y de la Universidad Nacional en particular.

La pertinencia de la extensión emerge de la capacidad de garantizar la comprensión académica de las prioridades socio ambientales, las realidades socio-históricas locales y regionales, la preservación del patrimonio natural; como así también las cosmovisiones de nuestros pueblos, la resistencia a los intereses del modelo neoliberal hegemónico y de los aparatos de dominación, marginación, violencia y pobreza extendida, que deterioran la vida en el ámbito nacional y global. Su potencial deriva en la capacidad de producción colectiva de conocimiento, la incidencia en la política pública y en el accionar emancipatorio a favor de las personas y del planeta; sin dejar de lado lo más importante: la formación humanizadora de profesionales que no solo tengan las capacidades técnicas para ejercer un puesto laboral sino también el conocimiento, la sensibilidad y el compromiso para resolver los desafíos socio-planetarios.

En el ámbito internacional hay consenso sobre este compromiso de las universidades para sostener procesos sustantivos que hagan frente a los problemas de pobreza, violencia, analfabetismo y deterioro ambiental que viven nuestros pueblos. En ese sentido, en el Artículo 6 de la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI, realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 1998), se solicita a las universidades la articulación de acciones inter y transdiciplinarias al servicio de las sociedades.

En esa misma línea, la declaración de Naciones Unidas: Transformando nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible propone acuerdos prioritarios para el desarrollo, que den respuestas a los desafíos más apremiantes en el mundo.  El eje central de la agenda gira en torno a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas para el 2030. Algunos de esos objetivos ponen atención en áreas vitales para las sociedades, en las que amerita más dinamismo y contribución por parte de las universidades, como son terminar con la pobreza, enfrentar el cambio climático y contribuir a la inclusión social, la sostenibilidad ambiental, la paz, la seguridad y la buena gobernanza para todos los pueblos. Ante este acuerdo, nuevamente las universidades públicas desempeñan un papel transcendental, por medio de integración de las tres funciones académicas sustantivas: docencia, investigación y extensión.

Considerando lo anterior, resulta decisivo que la UNA mantenga y fortalezca su orientación hacia las transformaciones que nos permitan sostener una agenda de investigación y procesos de extensión cercanos a los sectores y a las personas más necesitadas. Para su desarrollo disponemos de las contribuciones de las pedagogías transformadoras de Paulo Freire, la educación popular, el pensamiento crítico, las metodologías participativas, el enfoque territorial, la perspectiva regional y los cambios institucionales, entre otros.

Esta ruta nos muestra una hoja de ruta esperanzadora, que apunta hacia la universidad a la que aspiramos y, sobre todo, a la calidad de la educación superior que merece el estudiantado, nuestro país, la región Latinoamericana y la humanidad en su conjunto. Por ello, el propósito es asegurarnos de una gestión académica que permita potenciar la generación de respuestas integrales sostenibles, amparados en la libertad, la justicia social, la equidad y la paz.En este camino, si bien resulta estratégica la integración de procesos y funciones académicas, de las distintas disciplinas de la universidad y la sociedad, se requiere la necesaria integración a nivel intra e inter-universitario. Por tanto, estamos siendo llamados a construir, juntos, acciones que materialicen mejoras sustantivas para la extensión universitaria.

 

Carmen Monge Hernández.
Docente-Asesora de Proyectos de Extensión
Vicerrectoría de Extensión
Doctoranda en Desarrollo Local y Cooperación
Universitat Politècnica de València, UPV, España

 

 

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