Carolina Gölcher Umaña: Hay hombres

Las identificaciones desprovistas de género, podrían representar una oportunidad para que las personas incorporen maneras más saludables de responder a la pregunta ¿Quién soy?,  contribuyendo a renunciar a certezas delirantes tales como ¡Todos los hombres son iguales! porque hay hombres que intentan no perderse.  Hay hombres que se procuran el reencuentro. Hay hombres.

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Carolina Gölcher Umaña, Psicóloga y Psicoanalista.

La innegable situación de opresión y violencia en la que se encuentra la mujer, ha hecho que la situación del hombre aparezca como mucho menos problemática, cuando no se expone esta, como invariablemente privilegiada.

El hombre aparece como dominador, con una sola cara, sin quiebres ni fisuras. La biología se manifiesta como destino, los argumentos de tipo genético les arrinconan como los decididamente hostiles y es que, cuando una mujer muestra un notable monto de agresividad, mayor al registrado estadísticamente, estas perspectivas reduccionistas concluyen que es un comportamiento influenciado por una biología ladeada hacia lo masculino.

En el día a día, al igual que las mujeres se sienten amenazadas por su condición de mujeres, muchos hombres se sienten interpelados por el hecho de ser hombres.  A falta de mayores reflexiones, algunos discursos pretenden (y en algunos espacios lo consiguen) demonizar la masculinidad, voltear el mundo al revés y abordar lo femenino soslayando lo masculino, sin abrir los ojos a que son dos polaridades que se dan sentido mutuamente.

La respuesta a la pregunta ¿Quién soy siendo varón? perdió las coordenadas que, desde la Revolución Industrial mantuvo a flote la virilidad. Dejaron de ser los proveedores económicos, esto como consecuencia de los avances en la lucha por los derechos de las mujeres, lo que contribuyó a una crisis identificatoria y a dificultades en el reconocimiento de sí mismos como sujetos, convirtiendo la condición masculina en problemática.

Una de las consecuencias de esta crisis, ha sido la sobre implicación en el ámbito laboral, como parte de los ideales sociales e individuales que la posmodernidad invoca para los varones, y que deja a los hombres en situaciones de desamparo afectivo, restándolos de la lógica de los afectos, es decir la de los vínculos amorosos y desterrándolos hacia la lógica de los objetos, regida por el dinero y la producción de bienes objetivos.

De la misma manera, el discurso sexista tan difundido, que reza que, todos-los-hombres se vinculan en franca opresión hacia las mujeres, violenta y fragiliza la constitución de la subjetividad masculina, haciendo a un lado las múltiples modalidades personales de sentirse hombre, que sí se construyen de un modo positivo, tales como el conjunto de solidaridades y lealtades propias de los varones y valores y rasgos como la humildad y el interés por el bienestar de otros.

Para muchos niños, adolescentes y hombres adultos, sobrevivir al feminismo se ha constituido una tarea vital.  Son quebrantados a través de discursos de género culpabilizantes, que les provocan sentimientos de humillación y angustia que les resultan muy arduos de afrontar y que deja al descubierto la gran deuda que la sociedad también tiene hacia los varones, faltante que los ha precipitado, históricamente, hacia modos de vida auto calmantes que fallan en resolver las problemáticas masculinas y que estos, al no hallar sostén afectivo, encuentran salida en las prácticas de la violencia.

Las identificaciones desprovistas de género, podrían representar una oportunidad para que las personas incorporen maneras más saludables de responder a la pregunta ¿Quién soy?,  contribuyendo a renunciar a certezas delirantes tales como ¡Todos los hombres son iguales! porque hay hombres que intentan no perderse.  Hay hombres que se procuran el reencuentro. Hay hombres.


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