Carolina Gölcher Umaña, Psicóloga y Psicoanalista.

La escritura es espejo, es potencia, es alegría e infinito. Es una intensa voluntad de querer ser, soñar y concretar. Para escribir hay que dejar entrar lo inesperado, la visita, la noticia, hay que ser partera a la espera del nacimiento de una idea.
La escritura transforma las palabras en nuestra piel y nuestra sangre para llegar a ser los que somos. Por eso hay que llamar a las cosas por su nombre. Si no se hace eso, no se escribe. La escritura tiene algo de salvaje.

Cuando hablamos contamos una historia. Y escribir es pasar del dicho (la palabra) al hecho (la escritura) pero siempre hay un resto indecible, y eso que queda sin decir, deja una marca. Escribir es una decisión. Y trae pérdidas: entregarse a la fragilidad de una letra que se esfuma, de un texto que se obtura, de una idea que no nace. ¿Dónde queda lo no escrito?

Al hablar de la letra, no solo el lenguaje aparece implicado, también el deseo. Literatura, deseo y lenguaje se sitúan ahí donde se articula el sujeto. La literatura no puede ser entendida como un conjunto de historias ficticias, porque no está hecha para ser entendida, sino, leída. No es una cifra a descifrar. Es una apuesta por la vida, en las historias que contamos, en la memoria que nos nombra, en el conocimiento que se comparte.

La Inteligencia Artificial no produce subjetividades y son las subjetividades las que cuentan historias. El inconsciente es la materia viva de nuestras palabras. Para escribir hay que ser libre.

Las letras libres no necesitan constituirse como imperio, les basta con ejercer desde la Libertad.
Escribir es un deseo, una curiosidad, una generosidad, una valentía, una preservación, la separación entre la vida y la muerte. ¡Qué frágil me he sentido con mi puñadito de convicciones y dudas y con mis letras libres! Porque he escrito para denunciar, para volver a amar, para imaginar algo diferente, para saber hacer algo con la impotencia, para arrojarme al río de agua helada, para divertirme, escribo porque tengo un cuerpo; es decir, escribo para estar un poco más viva, es un acto gozoso, escribir es mi fiesta privada.