Donald Trump tiene muchos frentes judiciales abiertos: además del veredicto de culpabilidad por comprar el silencio de una actriz porno, se enfrenta a otras tres acusaciones penales que probablemente no irán a juicio antes de las elecciones de noviembre. Y en 2023 fue declarado responsable de abusos sexuales en una demanda civil relacionada con la escritora E. Jean Carroll.

A pesar de estos problemas legales, muchos republicanos siguen apoyándole y votarían por él como presidente. De hecho, el 56 % de los votantes de ese partido asegura que la mala conducta sexual de Trump no debería descalificarlo para presentarse a la presidencia.

Disociación moral

Los republicanos suelen ofrecer varias razones para apoyar a Trump, aun reconociendo su acoso sexual a las mujeres. Por ejemplo, algunos sugieren que es víctima de una caza de brujas política, mientras que otros afirman que los actuales juicios y acusaciones son una forma de interferencia electoral.

¿Por qué muchos estadounidenses siguen apoyándole? ¿Existen razones psicológicas que expliquen por qué la gente sigue respaldando a los políticos a pesar de sus fallos?

La disociación moral es un proceso cognitivo que puede explicar por qué algunas personas continúan apoyando a líderes de la política, los medios de comunicación y el deporte incluso cuando saben que tienen importantes carencias morales.

Se trata, en otras palabras, de la capacidad de separar los juicios sobre el carácter moral de una persona de sus juicios sobre la actuación o las competencias de esa persona en un cargo público. En términos más sencillos, es el proceso mental de decir: “No estoy de acuerdo con sus acciones, pero sigo pensando que es eficaz en su trabajo”.

El caso de Woody Allen

La disociación moral puede explicar por qué, por ejemplo, Woody Allen sigue teniendo una base de fans entregada y recibe apoyo dentro de la industria cinematográfica a pesar de enfrentarse a acusaciones de conducta sexual inapropiada. Muchos fans y profesionales separan su aprecio por las películas de Allen, como Annie Hall o Manhattan, de sus controversias personales, lo que les permite seguir apoyando y valorando su trabajo mientras hacen caso omiso de las acusaciones contra él.

Hay razones para creer que los conservadores son más proclives a la disociación moral. Las personas que se identifican como conservadoras tienden a pensar en términos más restringidos. Es decir, los conservadores tienden a centrarse en cuestiones concretas, viéndolas separadas unas de otras, no representativas de “quién” es la persona. Dividir así asuntos diferentes satisface una necesidad psicológica de ver el mundo de forma más clara y ordenada.

Mientras tanto, los progresistas tienden a ver “el conjunto”. Esto explica por qué, por ejemplo, los conservadores apoyan a políticos como Ron DeSantis, que se centra en políticas específicas como la educación y el manejo de la covid-19, mientras que las personas más progresistas apoyan a políticos como Bernie Sanders, que luchan por un cambio sistemático.

Implicaciones para el futuro de la política democrática

La disociación moral plantea retos para el futuro de la política democrática. A medida que los votantes separen cada vez más sus juicios sobre la moralidad personal de la eficacia de los líderes políticos en el cargo, esta tendencia podría normalizar la mala conducta de los representantes públicos.

Los electores podrían justificar con mayor frecuencia comportamientos erróneos de los cargos electos, y los partidarios se centrarían en la postura del candidato sobre un tema concreto en lugar de en sus valores éticos o su idoneidad para el cargo. También reduce la necesidad de que los empleados públicos rindan cuentas no sólo ante su cargo, sino ante el público al que sirven. De hecho, los líderes políticos eficaces son líderes éticos.

Para hacer frente a estos retos, es crucial que los miembros de todas las sociedades fomenten una cultura política que valore tanto la eficacia como la conducta ética. Alentar la transparencia, la responsabilidad y que exista un diálogo sobre las implicaciones morales de las acciones políticas puede ayudar a mitigar los efectos negativos de la disociación moral.

Dadas las bases cognitivas de la disociación moral, una forma de hacerlo es promover un enfoque más holístico para evaluar a los líderes políticos, de modo que los votantes puedan garantizar que las consideraciones éticas sigan siendo parte integrante del proceso democrático.

Aunque esto ayuda a explicar por qué los votantes siguen apoyando a los líderes a pesar de sus fallos morales, también pone de relieve la necesidad de un enfoque equilibrado del juicio político. A medida que evolucionan las democracias, es esencial reconocer las complejidades de la disociación moral y trabajar por un entorno político en el que tanto la integridad ética como el liderazgo eficaz se valoren por igual.

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Publicado originalmente en The Conversation

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