Cecilia Cortés: Democracia en llamas por la guerra de troles y desinformación

Es hora de pensar en programas educativos para desarrollar en la población habilidades de pensamiento crítico y mejorar la cultura política que permitan detectar falsedades y realizar un consumo crítico de la información, de lo contrario la verdad seguirá difundiéndose a paso de tortuga mientras que las falsedades continuarán esparciéndose con la velocidad de una liebre.

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Cecilia Cortés Quirós, Politóloga y Magister Scientiae en Relaciones Internacionales y Diplomacia

La desinformación se refiere a un acto para difundir deliberadamente información falsa, manipulada o sesgada con propósitos hostiles, es decir, tiene una “intencionalidad hostil” que mayormente es de naturaleza política. Además, de acuerdo con Badillo, encierra una falsedad que lleva al destinatario a una situación de vulnerabilidad y tiene una presentación formal con apariencia de verdad. La desinformación alimenta la polarización de la sociedad porque lleva a la gente a posicionarse en términos binarios a favor o en contra de un asunto. De esta forma, la desinformación se ha convertido en una grave amenaza para la estabilidad de los sistemas democráticos ya que socava las bases que los sustentan.

Efectivamente, de acuerdo con el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Edison Lanza, la desinformación y la propaganda afectan intensamente a la democracia, erosionan la credibilidad de los medios de comunicación tradicionales, interfieren con el derecho de las personas de buscar y recibir información de todo tipo, y pueden aumentar la hostilidad y el odio en contra de ciertos grupos vulnerables de la sociedad. Lanza también enfatizó la relevancia de tomar iniciativas desde la sociedad civil y los mismos medios de comunicación para identificar noticias deliberadamente falsas, desinformación y propaganda, y generar conciencia sobre estas cuestiones.

Una buena noticia es que la gravedad de los efectos de la desinformación contra la democracia está impulsando investigaciones académicas y programas de formación de especialistas en universidades y centros de pensamiento de muchos países que deseo destacar en este artículo. Uno de ellos, Alberto González Pascual, español Doctor cum laude en Ciencias de la Información y Pensamiento Crítico, graduado también en psicología del liderazgo y liderazgo adaptativo en Harvard y Cornell llama a la desinformación como ciencia de la violencia. Para él, los creadores de bulos y noticias falsas buscan producir ciudadanos irracionales unidos por el desprecio del entendimiento y la glorificación de una violencia legítima para apaciguar lo que les disgusta de la realidad, la digitalización y las redes sociales no han hecho nada más que popularizar esta tendencia que, en Costa Rica la vimos muy marcada en las últimas tres campañas electorales.

González Pascual se pregunta: ¿por qué hay tantos millones de personas dispuestas a escuchar, ver o leer lo que no es ni está? ¿Por qué hay un grado tan elevado entre las masas cuando son impactadas por las promesas de mentirosos reconocidos o fuentes sin credibilidad? Además de documentar y desacreditar la desinformación ¿qué más se puede hacer?  De alguna manera, el ataque irracional de la posverdad, desde mi punto de vista coincidiendo con González, está llevando a la sociedad por un rumbo inseguro lejos de la lógica porque el sujeto irracional víctima de las redes de noticias falsas y delirantes está contribuyendo a la construcción de una cierta demencia colectiva fuera de la realidad basada en la mentira y la desnaturalización de la realidad política, por ejemplo, como en el caso acontecido estos días con la ministra de salud, la diputada Cisneros, etc.

Las masas cuando se autoengañan a sí mismas están expresando que no quieren saber nada de la realidad fáctica, según González. Sin duda, las colectividades y los grupos políticos que abrazan los relatos falsos se autoprotegen de la misma forma que cuando somos niños, de este modo, deciden creer en la falsedad y la mentira. Luego viene el tema de refutar las noticias falsas que no es sencillo ni suficiente. González recurre a la conocida Ley de Brandolini o principio de la asimetría de la tontería que enfatiza lo difícil que es tratar de desmontar una creencia falsa o información de dudosa calidad: la cantidad de energía necesaria para refutar una noticia falsa es siempre de un orden de magnitud mayor que lo que ha costado producirla. Este principio está directamente relacionado con lo que plantea el sociólogo francés Gérard Bronner en su libro La democracia de los crédulos que para desmentir una falsedad es necesario presentar argumentos muy sólidos, mientras que las tonterías a menudo se valen de los prejuicios cognitivos, haciendo que parezcan más plausibles que las explicaciones científicas que suelen ser mucho más complicadas de comprender por el común de la gente.

El Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, lanzó el 11 de enero el informe del tercer Índice de Riesgo Político de América Latina 2023. El séptimo riesgo de los 10 que incluye este año dicho Índice es el de Polarización y noticias falsas que se refiere a la hiperpolarización tóxica por propagación de noticias falsas y campañas de contaminación informativa como herramienta política. El informe reconoce cómo internet y las redes sociales han transformado profundamente la forma de hacer política y la manera de actuar entre políticos y ciudadanía. A su vez indica que la presencia de la política en las redes sociales está teniendo consecuencias perniciosas para la democracia. A la crisis de liderazgo de la élite y de representatividad de los partidos se une ahora la acción de las redes sociales convertidas en un vehículo para difundir desinformación y mensajes de odio, fomentando la polarización. Dice el informe que la indignación con la política y con las élites son las causas estructurales que generan ese terreno fértil para la contaminación informativa y son el caldo de cultivo donde las fake news se vuelven un negocio y en donde crecen los candidatos antisistema.

La democracia misma está en peligro, las redes sociales se han convertido en un espacio de impunidad como bien señala el especialista español Francisco Galo Molina, en un vertedero de barbaridades que rozan la apología del odio. Es hora de pensar en programas educativos para desarrollar en la población habilidades de pensamiento crítico y mejorar la cultura política que permitan detectar falsedades y realizar un consumo crítico de la información, de lo contrario la verdad seguirá difundiéndose a paso de tortuga mientras que las falsedades continuarán esparciéndose con la velocidad de una liebre.

La Junta de Andalucía propone una seria de principios en la lucha democrática contra la desinformación: el antídoto de la transparencia; intercambio de información y buenas prácticas contra la desinformación; apoyarse en la creatividad y compromiso de la sociedad civil; promover métodos para medir el impacto de la desinformación; ejercer la disuasión frente al agresor; fortalecer el ecosistema de medios de comunicación y apoyarse en la tecnología ahí donde puede ser eficaz.

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