Cecilia Cortés Quirós, Politóloga y Magister Scientiae en Relaciones Internacionales y Diplomacia

En su libro El Príncipe Nicolás de Maquiavelo que es considerado el padre de la teoría política moderna dice que “el juicio primero que se forma de un soberano y de su entendimiento se apoya en el examen de los hombres que le rodean”. Otros filósofos como Cicerón, Platón y Aristóteles también se ocuparon de tratar las condiciones y características que debían reunir los gobernantes lo que denota el interés de conocer si los políticos están preparados para gobernar.

Hoy, sin embargo, debido a los enfoques para democratizar el Estado y posiblemente como efecto de los principios que inspiraron la Revolución Francesa, cobró vigencia la idea de que cualquiera, sin requisitos especiales más allá de la elección popular o la cercanía al presidente de turno son requisitos suficientes para gobernar al Estado. Para el especialista español Alberto Gil Ibañez, por su parte, a todo eso se une actualmente un enfoque relativista, algo radical a su juicio, basado en el “todo se vale” o “todo vale lo mismo” que estaría extendiendo su influencia a sectores cada vez más amplios de la sociedad.

En todo caso, históricamente en otros autores como Rousseau y Montesquieu prevaleció la creencia de que una auténtica democracia debería servir también para seleccionar a los mejores, a los más virtuosos y sabios para velar por los intereses colectivos. Autores más contemporáneos como Sartori consideraron que los partidos políticos deberían tener entre sus funciones elegir a los más aptos para presentarlos como candidatos en las elecciones y de resultar electos para dirigir el gobierno y sus instituciones. Esta función se ha desnaturalizado pues los partidos están más enfocados en la gestión de las maquinarias electorales para alcanzar el poder sacrificando el objetivo de prepararse para el ejercicio de ese poder con rigor, eficacia y transparencia como principio esencial para resguardar la integridad de la democracia en favor del bien común.

Esas circunstancias, posiblemente tengan que ver con que el electorado o la ley electoral lo permiten, en vista de que en las campañas los electores están más interesados en que el candidato sea simpático o en el slogan más creativo y tienen poco o ningún interés en considerar criterios de eficacia, integridad, experiencia, habilidades gerenciales, don de gentes y cosas por el estilo, de manera que se menosprecia que el buen gobierno requiere de gobernantes competentes e íntegros y que es un derecho de los ciudadanos, opina Gil Ibañez, contar con los mejores dirigentes posibles y un deber de los partidos políticos proporcionárselos.

Esta cuestión es un aspecto trascendental cuando se trata de gobernar o gestionar en tiempos de extrema complejidad tanto interna e internacional como en el presente con realidades y entornos crecientemente desafiantes y llenos de incertidumbre que tornan indispensable que los gobiernos se integren con personas que cuenten con sólida formación académica técnica y gerencial y con la experiencia suficiente para un desempeño a la altura de las circunstancias y suficiente -hoy por hoy- no son cinco años o hasta 10, es decir, a mayor complejidad de la realidad para gobernar mayores deberían ser las calificaciones de los ocupantes de los cargos.

Un aspecto adicional relacionado con esta temática es la legitimidad de los nombramientos y su relación con la toma de decisiones, en el sentido de que una persona legitimada en las urnas o por un nombramiento legal no está exenta por falta de competencia de tomar malas decisiones para la sociedad como se ha visto a lo largo de los meses con la administración Chaves. Todas las semanas hemos sido testigos de ocurrencias e improvisaciones desde el presidente de la república hasta de otros altos funcionarios como los ministros que, como los llama Gil más bien parecen misterios por la opacidad con que gestionan sus responsabilidades en tiempos en que la transparencia y la rendición de cuentas hacia el pueblo soberano son las normas más preciadas de la democracia.

Da la impresión de que el procedimiento seguido por el ejecutivo para el nombramiento de los cargos fue deficiente y no se siguieron estándares, parámetros ni pautas técnicas para la selección del talento humano basadas en criterios de excelencia, probidad y competencia. Como dice Javier Gomá la política es el arte de ejemplificar, por lo tanto, la responsabilidad del que elige es doble. El problema de elegir malos gobernantes no es solo que se pierda así una oportunidad para dirigir y gestionar mejor la cosa pública según Gil, sino que, dado que un dirigente político funciona inevitablemente como imagen y referencia a imitar por el resto, extiende por toda la sociedad de forma mimética el contra-modelo que representa (el de oportunista, indolente, imprevisor, etc.). Es patética, por ejemplo, la actitud del ministro de transportes Luis Amador que se ha convertido en una copia de mal gusto del estilo del presidente Chaves.

Conviene empezar a preguntarnos entonces cómo se elige a nuestros gobernantes porque las últimas administraciones están dejando mucho que desear, hemos visto a gobernantes que se han rodeado hasta de aduladores, falsos, incapaces y corruptos.

El país no puede continuar por esa senda, se pierden muchos recursos y se dejan de hacer las acciones de política pública indispensables para el progreso del país y el bienestar de la población, el caso reciente de la exministra de salud -también la de educación y el de seguridad- deja muchas lecciones de lo que no se debe hacer en la designación de un alto cargo para el que no fue la persona idónea en comparación con médicos eminentes con los que cuenta el país, lo que puso en evidencia la curva de aprendizaje del presidente Chaves que, claramente todavía no sabe quién es quién en Costa Rica. Al respecto, al iniciarse los gobiernos los equipos deberían pasar por procesos de capacitación muy ejecutivos para alinear los enfoques de trabajo así como las perspectivas como lo hacen países como Brasil con la Escuela de Gobernantes de Sao Paulo o el Reino Unido con su National School of Government.

Sepa el presidente Chaves que en Costa Rica habemos personas con decenas de años de experiencia y recorrido internacional que siempre estuvimos aquí pagando nuestros impuestos y la seguridad social, que no nos vamos a dejar impresionar con sus ventas de humo y sus desplantes de sabelotodo, así como con su estilo desenfadado; que le estamos poniendo nota y que pronto como ciudadanos de una república le estaremos pidiendo cuentas tanto a él como a su rimbombante séquito de aduladores.