Clinton Cruickshank Smith, Ingeniero, M.B.A.

Permítanme aprovechar este 74° aniversario del día de la Abolición del Ejército para vincularlo con la distinción que nuestro país hizo a uno de los hombres más determinantes de la historia de nuestro país.

Hoy vengo a rendir homenaje al primer y único héroe de la paz del mundo; me refiero ni más ni menos que a don José María Hipólito Figueres Ferrer, nuestro querido Don Pepe.

El 14 de setiembre del año 2.020, publiqué un artículo denominado: Costa Rica: de Héroes de Guerra a Héroes de Paz en el que, entre otros aspectos puntualizaba los siguientes:

Históricamente, nuestro concepto de heroísmo ha sido asociado casi exclusivamente a los héroes de guerra o a los de las fábulas o historietas de personajes como Superman, Batman y Robin, la Mujer Maravilla y a otras figuras mitológicas similares. Pocas veces solemos reconocer heroísmo en hazañas o proezas que no involucre acciones o conquistas asociadas a alguna gesta o acción bélica o militar.

Lo anterior explica en mucho el ¿por qué?, en nuestro país tenemos relativamente pocos héroes, y los que tenemos, son fruto de valiosas hazañas realizadas en épocas remotas, o sea, unas durante el período de la conquista, y otras casi desde el principio mismo de la fundación de la República. Asimismo, se explica que no tengamos ningún héroe reconocido como tal por proezas realizadas en los últimos 160 años.

Nuestros héroes pre-republicanos fueron reyes indígenas valientes e indómitos como: Garabito y Pablo Presbere. Y nuestros Héroes Republicanos son:

  1. Juan Rafael Mora Porras (Don Juanito Mora),
  2. Juan Santamaría (El Erizo),
  3. Francisca Carrasco (Pancha Carrasco) Y
  4. Nicolás Aguilar Murillo; y, por Cierto, todos son Héroes de La Guerra de 1856.

Por todo lo anterior, y de acuerdo al paradigma de aceptación universal en que los héroes son el fruto de grandes gestas bélicas; los costarricenses no tendríamos ninguna posibilidad de volver a tener héroes; dado que, en primer lugar, no tenemos ejército para pelear guerras de las cuales eventualmente podrían salir nuevos paladines, y porque, aunque hemos producido unas cuantas figuras heroicas durante el pasado Siglo XX, de acuerdo con los criterios convencionales, su heroísmo no es tipificado como tal, porque no calzan con ese arquetipo.

Hacia una nueva generación de héroes nacionales

Por todo lo anterior, es preciso que, en el caso particular de Costa Rica (un país sin ejército), hagamos un cambio de paradigma con respecto al significado de heroísmo para los costarricenses. Porque a través del tiempo hemos producido algunas figuras, no muchas, por cierto, cuyas gestas y contribución al país, sin duda, han sido heroicas. O sea, los costarricenses tenemos que asimilar el hecho de que nuestros héroes o heroínas nunca volverán a ser “Héroes de Guerra” a lo Garabito, Juan Santamaría o a lo Pancha Carrasco; serán “Héroes de la Paz”, a lo José Figueres Ferrer quien es y ha sido nuestro más connotado “Héroe de la Paz” al haber eliminado para siempre el ejército que es el principal instrumento que promueve la guerra.

Para poner esa gran proeza en su verdadera dimensión, basta recordar que la misma se dio poco después de concluida la Segunda Guerra Mundial en que el mundo estaba aún sufriendo el trauma de la guerra, y en que la mayoría de los países estaban armándose hasta los dientes para defenderse ante la posibilidad de otro conflicto similar.

Ese es el contexto que le da el carácter de gran hazaña a la decisión visionaria y heroica que tomamos los costarricenses de abolir nuestro ejército

Otro aspecto inédito de la gesta de Don Pepe es que la misma lo convirtió en el único general victorioso de la historia de la humanidad que tuvo la visión, la nobleza y el desprendimiento de deshacerse del mismísimo instrumento que le posibilitó su llegada al poder: el ejército.

La norma era y sigue siendo, mantener y fortificar el ejército como medio que garantice la permanencia en el poder. Don Pepe hizo justamente lo contrario. Y eso es heroísmo puro llevado a un grado sublime. Sin embargo, paradójicamente, no lo hemos reconocido como tal, porque seguimos con el vetusto paradigma de los “Héroes de Guerra”, producto de sus valerosas batallas; aunque el término “Héroes de Guerra” ya no constituye una nomenclatura propia del pueblo costarricense.

Otro de nuestro “Héroe de la Paz” es, sin duda alguna, el Dr. Oscar Arias Sánchez quien, interpretando fielmente la gran vocación pacifista de nuestro pueblo y la conveniencia nacional de que se erradiquen todos los conflictos bélicos de la región centroamericana; con gran valentía y determinación, se enfrentó a los líderes de las grandes potencias mundiales que estaban expresa y abiertamente en contra de la pacificación de la región. Y con una extraordinaria capacidad negociadora, forjó la paz en Centroamérica. Su profunda convicción, liderazgo y heroísmo fueron de tal magnitud, que le fueron reconocidos por la comunidad internacional que por medio del Comité Noruego del Nobel le otorgó el Premio Nobel de la Paz en 1987. Un gran orgullo para el pueblo costarricense y para todos los pueblos de buena voluntad del mundo.

Lo interesante es que fue prácticamente a partir de allí que, el mundo se enteró de la existencia de una pequeña nación, la excepcional Costa Rica que, ya, desde hacía casi 40 años atrás, de manera unilateral e incondicional, había decidido abolir su ejército. Por eso, es impresionante constatar el hilo conductor entre las hazañas o proezas de los dos grandes costarricenses que considero nuestros héroes de la era moderna: Don Pepe Figueres y Don Oscar Arias.

¿Cuál es la importancia de los héroes o heroínas?

Los héroes y heroínas son figuras excepcionales que han protagonizado epopeyas o gestas históricas e inéditas de gran valor en favor de la patria e incluso, de la humanidad. Acciones extraordinarias que producen una marca endeble en la historia de una nación y del mundo; hazañas que sirven de inspiración, modelo y referencia permanente para la sociedad, especialmente para las nuevas generaciones. Esa es sin duda alguna la trascendental importancia de nuestros héroes y heroínas.

Finalmente, quiero llamar la atención sobre una de las prácticas que urge desarraigar de nuestro patrón de comportamiento como costarricenses, o sea, de nuestra “psique colectiva nacional”. Se trata de la terrible costumbre de ver y concentrarnos solamente en los defectos de los demás para “bajarnos el piso” entre nosotros. En otras palabras, la costumbre de no dar crédito a los demás en nada ni por nada. Doña Perla, mi madre nos decía siempre que no olvidemos que cada vez que apuntamos el dedo índice acusador hacia otros, nuestro dedo pulgar que es el primer dedo y el más robusto de todos, siempre apunta hacia nosotros. Moraleja, no hay ninguno libre de pecado, ni uno solo, todos cometemos errores, sin excepción alguna.

Concluyo, subrayando para enfatizar una vez más, la necesidad de que tomemos buena nota del cambio que deberá darse en nuestro país para determinar los nuevos parámetros que nos conviene adoptar a fin de apreciar y calificar los actos heroicos de nuestros héroes nacionales. Porque nuestros criterios tienen que ser totalmente distintos a los que gravitan en derredor de las acciones bélicas, y, más bien, fundamentarse en gestas de extraordinario y excepcional valor cívico que potencien el bien común entre los costarricense y entre la raza humana. Por eso, y dichosamente a nosotros como costarricenses nos corresponde mirar hacia el futuro hacia los “Héroe de la Paz” y nunca más, hacia los “Héroes de Guerra”.

Bien, después de leer este artículo, el gran periodista y amigo José Manuel Peña Namoyure me sugirió que aprovechara que el Dip. Eduardo Cruickshank presidía la Asamblea Legislativa para que pasara la ley declarando a Don Pepe HÉROE DE LA PAZ. Consejo que no cayó en el vacío. Y fue así como mediante la Ley No. 9.939, nuestro congreso nombró a José Ma. Hipólito Figueres Ferrer, como nuestro primer y único Héroe de la Paz del Mundo.

Dicha ley que consiste en un artículo único dice lo siguiente:

“Se declara Héroe de la Paz a José María Hipólito Figueres Ferrer, conocido como José Figueres Ferrer, por su gesta heroica de abolir el ejército como institución permanente en Costa Rica.

Rige a partir de su publicación. Dado en la Presidencia de la República, San José, a los nueve días del mes de abril del año 2.021.

Por eso, hoy vengo a celebrar este extraordinario acontecimiento con ustedes y a decirles que tenemos la siguiente importante tarea pendiente: construir un gran monumento a nuestro héroe de la paz, don Pepe para que sea un lugar de visita obligada de todos los costarricenses y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que visitan nuestro país. Un monumento que, por medio de la egregia figura de don pepe, represente ante el mundo, la vocación histórica de paz del pueblo costarricense. Manos a la obra.