Clinton Cruickshank: Costa Rica, la educación y la evaluación del desempeño

En medio de todo este proceso transformador, será indispensable, mantener y estimular algunos valores humanos sin los cuales, todo lo anterior prácticamente pierde sentido; y, por lo tanto, el educador deberá ser como un escultor que toma en sus manos a los pequeñitos para esculpir en su alma y transformarlos en potenciales hombres y mujeres con la sensibilidad necesaria para comprometerlos con la solidaridad, la justicia y el bien común.

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Clinton Cruickshank Smith, Ingeniero, M.B.A.

Uno de los flagelos o daños más grandes que puede auto infringirse una nación se da al dejar de medir y evaluar su desempeño en las distintas actividades que promueve o realiza; especialmente si estas son estratégicas para su bienestar. Lo anterior, por cuanto la ausencia de evaluación suele resultar en lo que señala la muy conocida máxima o sentencia: lo que no se mide, no se hace. De ahí que, la inversión de todo tipo de recursos, casi siempre termina en desempeños muy pobres, y consecuentemente, en desperdicios.

Por lo antes dicho, lo cual pareciera obvio, es inexplicable que nuestro país no tenga claros índices de medición y de evaluación de desempeño para todos sus órganos estatales, para el monitoreo periódico de su labor. O sea, es inconcebible que cada ente público esté prácticamente a la libre, sin responder eficientemente a su misión ni a su verdadera razón de ser.

Las consecuencias de la ausencia de evaluación de resultados

Aparte del pobre desempeño que suele acompañar a la ausencia de evaluación, es sumamente relevante el enorme desperdicio de recursos asociada a ella. Lo que explica sin lugar a dudas, la enorme crisis que enfrenta el Estado Costarricenses y casi todas sus instituciones.

La gran paradoja es que, por la falta de una cultura de evaluación de desempeño, nuestro país, con una economía débil, con un déficit fiscal crónico, y una deuda insostenible; se da el lujo de desperdiciar los escasos recursos disponibles.

El caso de la educación costarricense

Permítanme enfocarme un poco en la educación, por ser esta, el nervio vital del desarrollo de todo país. Asimismo, señalo y subrayo su carácter esencial con la siguiente declaración: dime el estado de la educación de una nación y te diré cuan desarrollado es.

Hoy existe mucha confusión con respecto a la educación, incluso, muchos creen que esta es asunto estrictamente de los educadores; y, por lo tanto, su visión y todo lo que la atañe, debe estar únicamente en manos de los educadores. Eso suena muy bonito y hasta pareciera tener cierta lógica. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad que dicha concepción.

Resulta que la educación tiene que ver con absolutamente todo, con todas las actividades de una nación y con todos sus sectores. O sea, tiene un efecto que es transversal sobre toda sociedad y su quehacer: con su performance (con el perdón de don Christian q.d.D.g. por el anglicismo), con su desarrollo; en fin, vuelvo a subrayar: con todo.

De tal manera que, si lo anterior es correcto, entonces permítanme sintetizar su extraordinaria relevancia con la siguiente frase: la educación es demasiado importante como para dejarla exclusivamente en manos de los educadores.

Lo anterior convierte a la educación en lo más importante de cualquier sociedad, y, consecuentemente, debería ser uno de los aspectos estratégicos más celosamente custodiados y cuidados por la sociedad.

La evaluación de desempeño en la educación

Para empezar, nuestro sistema de educación comete la grave omisión de no evaluar con ningún rigor a sus educadores; consecuentemente, casi no existe una distinción real, entre los excelentes, buenos, regulares y malos educadores. Lo anterior es sumamente grave porque no existe ningún acicate para que los excelentes sigan cultivándose para mantener su excelencia, ni ninguna amonestación para que los malos o regulares se superen.

Por eso, uno de los grandes retos de nuestro sistema educativo es diseñar y crear de una herramienta eficaz e imparcial para evaluar la labor de los educadores costarricenses. Se podría buscar apoyo y asesoría en algunos países conocidos por la excelencia de su sistema educativo.

Porque no hay duda de que es en el interés de todos: estudiantes, educadores, directores, padres de familia, del Ministerio de Educación (MEP), y del país en general, que nuestro sistema educativo cuente con los mejores educadores posible.

La eliminación del bachillerato

Hace algunos años, en nuestro país se inició una gran discusión sobre si era o no conveniente eliminar las pruebas de bachillerato. Algunos decían que esas pruebas eran un desperdicio, una pérdida de tiempo. O sea, en vez de proponer su mejora, señalaban que había que eliminar lo que constituía la única evaluación niveladora nacional que existía al final del ciclo lectivo de la secundaria.

Aquello me entristeció mucho porque sabía que la ya maltrecha educación nacional, solo iba a deteriorarse aún más.

Más tarde se sustituyeron las pruebas de bachillerato por las muy polémicas pruebas Faro; y hoy, existe una gran polémica alrededor de ellas. La verdad, es que no conviene a ningún sistema educativo estar sometido a tanta polémica y polarización. La educación debe ser una actividad alrededor de la cual se debe construir ciertos acuerdos, debe fluir de manera natural, sin sobresaltos, y, sobre todo, debe crear esperanza.

La verdad es que en general, nuestro sistema educativo quedó anclado en el Siglo XX. Por lo tanto, necesita de una profunda transformación que lo adecúe a las nuevas coordenadas y necesidades del Siglo XXI, en que son cruciales el nivel de dominio del conocimiento y el pensamiento crítico. Para eso vamos a necesitar del concurso de expertos en disciplinas múltiples, no sólo en educación; lo anterior a fin de construir una visión educativa clara que permita a Costa Rica navegar en las aguas turbulentas de este siglo tan dinámico cuya principal característica son los de cambios acelerados y explosivos.

En medio de todo este proceso transformador, será indispensable, mantener y estimular algunos valores humanos sin los cuales, todo lo anterior prácticamente pierde sentido; y, por lo tanto, el educador deberá ser como un escultor que toma en sus manos a los pequeñitos para esculpir en su alma y transformarlos en potenciales hombres y mujeres con la sensibilidad necesaria para comprometerlos con la solidaridad, la justicia y el bien común.

Concluyo, subrayando que es imprescindible que en Costa Rica desarrollemos e incorporemos la cultura de la evaluación de desempeño en nuestro tejido social y psique colectiva; porque dicha meta es indispensable para que seamos más responsables, más eficientes y hasta más productivos; tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Asimismo, es vital entender el papel esencial que juega la educación para el alcance de dicha meta, por ser esta el motor en derredor del cual gravita el bienestar de toda nación.

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