Clinton Cruickshank: La fiebre del oro azul

Finalmente, advierto que no será posible construir lo que vengo llamando: Una Costa Rica que funcione para todos, si a sus grandes mayorías se les despoja de uno de los recursos imprescindibles para vivir, y que, por cierto, tanto abunda en nuestro país: el Oro Azul, el agua

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Clinton Cruickshank Smith, Ingeniero, M.B.A.

La fiebre empezó hace años, pero cada día toma más fuerza la batalla que desembocará en una guerra por el Oro Azul, o sea, por el agua; porque no son pocos los que se empeñan en establecer una relación directa entre el agua y las financias cuyo objetivo es la privatización del preciado líquido con el propósito de someterlo a las reglas del mercado; y, consecuentemente, que este sea una mercancía, pero, no cualquier mercancía, sino, una muy especial por ser un elemento de consumo indispensable, porque sin él, ningún ser humano puede vivir.

Dicho sea de paso, si el mundo insiste en dar esa desafortunada involución o regresión, sería la primera vez que un recurso público que es indispensable para la vida, como son, asimismo, el aire y la luz del Sol, es convertido en una mercancía y tratado como un producto del mercado de oferta y demanda.

ALGUNAS JUSTIFICACIONES ESPÚRIAS

Muchos de los que tratan de justificar la conveniencia de someter el agua a los dictados del mercado, señalan que el crecimiento de la población mundial implicará un creciente consumo de agua, y que la única manera de garantizar su cuido, preservación y suministro es convirtiéndolo en una mercancía.

Sin embargo, lo que estas personas saben, pero tratan de ignorar, es que una vez que el Oro Azul deja de ser un recurso público al cual todos tenemos derecho, para convertirse en una mercancía; las grandes mayorías pobres, débiles y vulnerables no tendrán acceso a él, dado el valor creciente e inalcanzable que para ellas lo someterá el mercado, por medio de las bolsas de valores en las cuales este será transado. Y entonces, dichas mayorías perecerán por la falta de uno de los recursos indispensables para vida humana, el agua.

No en vano, el agua ha sido definido, calificado y tratado, como un bien público; porque este es la quintaesencia del bien común; porque como bien público, debe mantenerse al alcance de todos, sin distingo de ninguna naturaleza.

Por eso, para proteger el agua y mantenerlo al alcance de todos; es preciso que diseñemos e implementemos políticas y procedimientos rigurosos para resguardarlo, garantizar su potabilidad, y para estimular y promover el desarrollo de tecnologías aptas y especializadas para buscarlo y preservarlo.

Convertir el agua en una mercancía más, es la aurora de un agua menos disponible, más escaso y más caro al cual no tendrían acceso las grandes mayorías.

EL CASO DE AUSTRALIA

Australia es el continente más caliente y seco del planeta y consecuentemente se está quedando literalmente sin agua. Esto precipitó la privatización de dicho recurso; y la conversión del mismo en una mercancía sujeta a la oferta y demanda en varias zonas de ese vasto continente-país. Tanto así que los granjeros australianos suelen gastar millones de dólares en agua para mantener su actividad ganadera. Es posible que el caso australiano en que existe una escasez estructural de agua, el incentivo para que el sector privado invierta en la búsqueda del preciado líquido que es sumamente escaso, tenga sentido; especialmente para enfrentar las necesidades industriales y agropecuarias. Sin embargo, esas condiciones están muy lejos de ser las de muchos de nuestros países tropicales en que existe agua a raudales, por lo que no se necesita de grandes inversiones para obtenerlo. O sea, no se puede ni se debe tomar un ejemplo que representa la excepción, para convertirlo en la mismísima regla.

EL CASO DE COSTA RICA

Una de las fortalezas que tenemos y no lo hemos aprovechado en la promoción de nuestro país es que, formamos parte del club muy exclusivo de países cuya agua se puede tomar directamente del grifo sin problema alguno. Esto es importante porque existen muchos países en el mundo en donde no es potable, y, por lo tanto, no se puede tomar el agua que sale directamente del grifo. A muchos les sorprenderá saber que uno de esos países es ni más ni menos que los Estados Unidos de América, en donde existen algunas ciudades y estados en los que el agua del grifo no es potable, por lo que, sus ciudadanos tienen que comprar agua para el consumo humano en depósitos o supermercados. Sí, me refiero a los Estados Unidos.

Otras de las soberbias ventajas de nuestro país, es que tiene suficiente agua para garantizar su soberanía acuática por siempre. Lo único que es imprescindible es que lo cuidemos, celoso y responsablemente. Sin embargo, pareciera que no lo valoramos lo suficiente; quizás por disponer de esa facilidad de acceso ubicua o irrestricto al agua. Urge un cambio de actitud de todos nosotros con respecto a nuestro Oro Azul.

EL ABOLICIÓN DEL EJÉRCITO Y EL MANTENER EL AGUA COMO BIEN PÚBLICO

Me imagino que la mayoría de ustedes estarán pensando: ¿y qué tiene que ver la abolición del ejército con mantener el agua como un bien público? Pues mucho, porque ambos en su momento histórico, comparten la necesidad de una decisión patriótica y contrapuesta a la tendencia mundial.

Durante los años inmediatos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en que, traumatizados por la guerra, la mayoría de los países comenzaron a armarse hasta los dientes ante la posibilidad de otra guerra; Costa Rica tomó la sabia decisión contraria y se desarmó unilateralmente al abolir el ejército como institución permanente en el país.

El paralelismo viene al caso porque hoy, en que muchos países están presionados por el capitalismo salvaje; por lo que están considerando la decisión de transformar su Oro Azul, el agua en una mercancía, y, someterlo a las condiciones o dictados del mercado, o sea, de las bolsas de valores; una vez más, nuestro país tiene la gran oportunidad de nadar en contra de esa gran corriente y mantener el agua como un recurso público al alcance de todos los costarricenses sin distingo alguno. Lo anterior, porque el agua es parte del pequeño grupo de recursos indispensables, sin el cual, es imposible la vida humana; y de esta manera, al igual que con el ejército, le habremos dado una gran lección moral al mundo, reafirmando nuestra condición de país grande y excepcional; no por el tamaño de nuestro territorio ni de nuestra población; sino, por nuestra estatura ética y moral en defensa de nuestros ciudadanos.

Concluyo, señalando que también se oyen cantos de sirena en Costa Rica en favor de la privatización del agua para convertirlo en un bien transable en el mercado; mercado al cual sólo suelen tener acceso una pequeña élite. Sin embargo, yo apuesto a la justicia, a la solidaridad, y, a la sabiduría histórica de nuestra nación; y, por lo tanto, tengo la firme convicción de que no permitiremos que se consuma lo que sería el acto criminal más grande de nuestra historia en contra del pueblo costarricense; especialmente, en contra de las grandes mayorías desposeídas, vulnerables, y débiles de nuestro país: despojarlos de lo que siempre les ha pertenecido: el agua.

Finalmente, advierto que no será posible construir lo que vengo llamando: Una Costa Rica que funcione para todos, si a sus grandes mayorías se les despoja de uno de los recursos imprescindibles para vivir, y que, por cierto, tanto abunda en nuestro país: el Oro Azul, el agua. De todas maneras, tenemos que mantenernos alertas porque, parafraseando al gran poeta, escritor, ensayista, diplomático mexicano y Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, permítame señalar lo siguiente: si bien es cierto que el capitalismo es el sistema más eficiente para crear riqueza; no olvidemos que el mismo no tiene ni consciencia ni misericordia.

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