Cómo trazar una salida equitativa de la pandemia

Con motivo de la celebración del Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace un llamamiento para aumentar la inversión y la cooperación de los gobiernos para hacer frente a las desigualdades sanitarias mundiales. Las políticas y las prácticas de los gobiernos determinan principalmente la equidad o desigualdad de los resultados sanitarios, tanto dentro de los países como entre ellos. Pero las acciones de las empresas farmacéuticas también tienen una enorme repercusión en el acceso de las personas a una atención sanitaria asequible y vital.

Las deficiencias estructurales de las redes de seguridad social y sanitaria de los países contribuyen a las enormes disparidades en el acceso a esta asistencia vital.

Para trazar una salida equitativa de la pandemia de Covid-19, los gobiernos deben garantizar el acceso universal y asequible a las vacunas o se arriesgan a afianzar aún más la desigualdad y erosión de los derechos humanos. Hasta ahora, la distribución de las vacunas ha reflejado en gran medida las desigualdades que han marcado el resto de la pandemia: los gobiernos ricos hicieron tratos opacos y reservaron de antemano la gran mayoría de los escasos suministros de vacunas, al tiempo que se opusieron a los esfuerzos para renunciar temporalmente a las complejas normas comerciales mundiales que podrían darnos la mejor oportunidad de un acceso universal y asequible a las vacunas para todos. Esto ha aumentado el riesgo de que la pandemia –así como la desigualdad y los abusos de derechos que ha provocado— se perpetúe en muchos países durante años.

La respuesta a la pandemia –mediante el distanciamiento social, las cuarentenas y el cierre de empresas— ha tenido un enorme impacto en la economía. Los trabajadores de bajos ingresos, que a menudo no pueden trabajar a distancia, se vieron afectados de forma desproporcionada. Las ayudas económicas durante la pandemia han sido útiles, pero muchas personas necesitadas no las recibieron. Y la dependencia del gobierno de una infraestructura tecnológica mal diseñada u obsoleta para distribuir las prestaciones ha retrasado y negado el acceso a las ayudas, al mismo tiempo que ha causado problemas de privacidad.

Los trabajadores sanitarios se enfrentaron a graves riesgos de salud y seguridad. Las personas mayores, las personas con discapacidad y las mujeres soportaron cargas extraordinarias debido a decisiones políticas negligentes y discriminatorias. Las escuelas de todo el mundo cerraron, alienando a unos 1.400 millones de estudiantes, que pueden quedar rezagados y muchos de los cuales tal vez nunca puedan volver a estudiar.

La salud como derecho humano –consagrado en la Carta de la OMS— significa que las vacunas contra el Covid-19 deberían estar disponibles para todos. Significa agua y saneamiento para todos, protección social para todos y atención sanitaria para todos.

El desarrollo de la vacuna contra el Covid-19 ha demostrado que la ciencia puede crear tecnologías para salvar vidas a un ritmo milagroso. Ahora es el momento de garantizar que todo el mundo se beneficie, para acabar con esta pandemia y proteger el derecho a la salud de una manera más amplia.

La equidad no es un milagro, pero es fundamental para proteger los derechos.

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