Corte de Brasil recorta sentencia de Lula y abre puerta a detención parcial

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VOA.

El encarcelado expresidente de izquierda de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, podría obtener la libertad parcial dentro de cinco meses tras una decisión judicial del martes que reduce la sentencia en una de sus dos condenas por corrupción.

El popular político comenzó a cumplir una condena de 12 años de prisión hace un año por corrupción y lavado de dinero por aceptar un apartamento de lujo junto a la playa como soborno de una empresa de ingeniería en el escándalo de «Lavajato».

El Tribunal Superior de Justicia, el segundo tribunal más alto del país, redujo la sentencia de Lula a ocho años y 10 meses, argumentando que el tribunal de apelaciones la incrementó excesivamente el año pasado.

Con su tiempo ya cumplido, Lula, quien niega haber cometido algún delito, podría obtener para septiembre el derecho de terminar su período con sus días libres de prisión, aunque aún tendría que pasar las noches en una celda de la cárcel.

Esa liberación parcial dependería de una decisión del tribunal de apelaciones sobre su segunda condena por corrupción y lavado de dinero por recibir sobornos de dos empresas de construcción e ingeniería para financiar mejoras en una casa de campo que él y su familia utilizaban.

Si la corte de apelaciones confirma esa condena y una segunda sentencia de 12 años y 11 meses sin considerar la decisión del martes, Lula, de 73 años, encontraría frustradas sus esperanzas de una liberación parcial.

El primer presidente de la clase trabajadora de Brasil fue acusado en otros seis casos de corrupción.

Lula gobernó Brasil desde 2003 hasta 2010, e introdujo programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de brasileños en un momento en que la economía más grande de América Latina estaba experimentando una expansión impulsada por un auge mundial de los productos básicos.

Dejó el cargo con una popularidad récord, pero su reputación y la de su Partido de los Trabajadores fueron dañadas por los escándalos de corrupción y la destitución de su sucesora elegida, Dilma Rousseff.

El rechazo popular por esos escándalos ayudó a impulsar el apoyo a la campaña electoral del presidente Jair Bolsonaro el año pasado.

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