Costa Rica: el irrespeto a la investidura

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Sánchez BPolitóloga,(MSc.)

Costa Rica se ha caracterizado, a lo largo de su historia, por respetar a sus gobernantes, a muchos admirarlos con otros disentir, pero siempre guardando cada quien su lugar.

Sin embargo en el transcurso de los años y dentro de la perspectiva del “igualitico”, hemos ido perdiendo el respeto y consideración hacia nuestros gobernantes. Claro está que más de uno se la ha ganado y otros han hecho lo posible por hacerse parecer a cualquier cosa, menos a un gobernante democráticamente electo por la mayoría, devaluando su cargo y fomentando un populismo muy mal entendido.

Casi que como regla universal se acepta que los cargos, electivos o no, creados por la Constitución y las leyes, confieren a quienes los detentan, una dignidad que surge de la responsabilidad que les da la República. La investidura exige respeto, no solamente a las personas que las poseen, sino a los cargos que ocupan, porque tales cargos son un mandato emanado de la voluntad popular (45 última hora).

Nos hemos caracterizado por ser un país de respeto, en el que los gobernantes podían andar libremente por cualquier parte sin temor a ser agredidos, sin guardaespaldas ni comitivas.

Ni durante la crisis de finales de los  años 70 y principios de los 80, durante la Administración de Rodrigo Carazo, cuando se vivieron momentos difíciles en el país, se le había faltado el respeto a un Presidente de la República como hace pocas semanas, a faltado a Carlos Alvarado, nuestro Presidente de la República, quien fue abucheado y obligado a recurrir al resguardo policial para proteger su integridad física.  Así tampoco durante largos años no se le ha faltado el respeto a un Presidente del Poder Judicial, como últimamente lo hemos visto no solo por parte de los ciudadanos, sino de algunos medios de comunicación colectiva que se supone coadyuvan la educación de todos los habitantes del país.

Debemos de replantearnos como país, desde el nivel político más alto, haciéndose respetar a sí mismo y dándose el lugar que corresponde y no sembrando populismo innecesario con nuestras tradiciones y cultura pues eso tarde o temprano cobra efectos indeseados.

Una cosa es el respeto y otra la convivencia. Nos hemos olvidado que las cosas se arreglan hablando, dialogando, negociando, pero también hemos rebajado los niveles de respeto de los miembros de los Supremos Poderes actuando y adquiriendo conductas de cara a las encuestas y la popularidad.

Lo preocupante es que ahora muchas veces vemos la intolerancia reflejada no solo en las redes sociales sino en las conversaciones de trabajo y a nivel familiar, puesto que todos somos parte de un país que a pesar de sus problemas sociales y económicos sigue en paz y libertad.

El hecho de que el propio mandatario falte el respeto a su investidura, no justifica que los demás, y mucho menos miembros de otro poder del Estado, contribuyan al desprestigio que, más que a la persona, afecta a la institución que representa (45 última hora).

Don Alberto Cañas, escritor, diputado y ministro una vez escandalizó al plenario legislativo con una de sus tantas frases al decir que la “gradería de sol” se había metido a la Asamblea. Se le acusó de sectario clasista, retrógrado y todos los epítetos existentes, sin embargo el tiempo le dio la razón y ubicó en el preciso significado que don Beto pensó y que tal vez hasta se quedó corto.

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