Costa Rica: inmigración extranjera durante el Siglo XIX (Parte II)

Hablar de inmigrantes es hablar de personas. Seres humanos que son desplazados de su país de origen y buscan, en otras tierras, encontrar un ambiente propicio que les permita aplicar sus conocimientos y consolidar la estabilidad personal o familiar.

0

Emilio Gerardo Obando Cairol, Genealogista.

El presente ensayo se ha dividido en tres partes, para facilitar su lectura. La Parte I ya fue publicada y esta disponible para su consulta, en esta segunda parte trataré:

  • 2.5-Migración Italiana
  • 2.6-Migración española
  • 2.7-Migración francesa 

2.5-Migración Italiana

En el período 1821-1886 emigraron a Costa Rica unos 100 italianos. En Italia, en 1860, los obreros eran retribuidos con miserables salarios, de manera que no podían tener condiciones económicas apropiadas, ni menos tener una alimentación sana y suficiente. Al año siguiente, Italia fue reunificada y Costa Rica inició relaciones diplomáticas, facilitando así la inmigración de ciudadanos de ese país.

Entre quienes vinieron a nuestro país en ese período se hallan: Constantino Albertazzi, maestro cantero y albañil; Antonio Bertozzi, carpintero y contratista, Lorenzo Canessa, comerciante; Gaetano De Benedictis, hotelero y ganadero; Giovanni Dodero, caficultor; Pietro Gagini, empresario y contratista; Domenico Mattey, minero y empresario; Raffaele Montanaro, hotelero y agricultor; Ettore Polini, comerciante y agricultor; Angelo, Quinto y Marcelino Vaglio, contratistas y comerciantes; Francesco Vanolli, albañil. (8)

En Italia, entre 1887 y 1888, se produjo una crisis agraria, debido a la caída de los precios del trigo. De ahí la migración colectiva de personas originarias del norte, especialmente de Mantua.

La primera oleada migratoria salió de Italia en noviembre de 1887 y llegó a nuestro país en el vapor Australia el 12 de diciembre de ese año, con 762 italianos. La segunda emigración ocurrió el 23 de marzo de 1888, llegando a Costa Rica el 10 de mayo de ese año en el vapor Elissa Anna con 671 italianos.

Todos ellos habían sido contratados para trabajar en la construcción del ferrocarril al Atlántico, en la rama que iba de Cartago a La Junta, siguiendo el valle del Reventazón.

El 20 de octubre de 1888 estalló lo que se ha denominado la huelga de los “tútiles”, debido a las condiciones severas de la zona en que trabajaban, lo que causaba mucha enfermedad entre los trabajadores. Los italianos abandonaron los campamentos ubicados en el Reventazón y huyeron hacia Cartago. El 20 de noviembre de ese mismo año, el Gobierno de Costa Rica dispuso intervenir y efectuar la traída de los italianos a San José. El 16 de marzo de 1889 decidieron regresar a Italia un total de 848 trabajadores, permaneciendo en nuestro país 521 italianos.

Debe haber sido angustiante la situación de los italianos, quienes no conocían nuestro idioma, estaban alejados de su patria por miles de millas, con un océano que impedía el regreso, si no se disponía de recursos económicos para pagar un viaje de retorno.

Cabe mencionar a algunos de los trabajadores que se asentaron en Costa Rica: Antonio Baroni; Ruggero Bernini, Gaetano Bianchini, Ariodante Boschini, Antonio Carboni, Filippo Cavallini, Pedro Colombari, Giullio Corvetti, Tullio Delvo, Teodoro Dondi, Tomaso Malavasi, Giovanni Sbravatti, Secondo Zonta.

Para finales del siglo XIX, Italia vivía crisis económicas, causadas por la naciente industrialización. Costa Rica, por su parte, seguía con las puertas abiertas al inmigrante europeo, posición abanderada por la ideología liberal existente desde 1870.

La presencia en Costa Rica de italianos que optaron por asentarse aquí luego de la huelga de octubre de 1888, muchos de los cuales eran parientes o amigos, condujo a que nuevos inmigrantes iniciaran su venida a Costa Rica en 1890 desde el norte de Italia.

En esta última inmigración esporádica hacia finales del siglo XIX, ingresaron a Costa Rica, entre otros: Antonio Canessa, comerciante, Primo Goldoni, comerciante; Luigi Poltronieri, albañil y minero; Eduardo Protti, panadero; Andrea Rossi, comerciante; Vittorio Tellini, empleado de comercio; Antonio Zanetti, tenedor de libros; Alvise Castegnaro, profesor de música; Ernesto Bellini, comerciante; Alberto Fait, ingeniero y empresario; Alfredo Andreoli, contratista;  Giuseppe Baldi, agricultor; Giovanni Ferraro, maestro de obras y contratista; Giovanni Nigro, empresario de zapatería; Dominico Riggioni, herrero; Nazzareno Rossi, agricultor Mario Scaglietti, sastre; Vittorio Gei, comerciante, Nicoli Iannarella (Yannarella), empresario de zapatería; Ugo Pulis (Pauly), hotelero y maestro cervecero.

Como se observa, en 1888 la inmigración italiana fue cuantitativa. Tenía como único objetivo la construcción del ferrocarril al Atlántico. Sin embargo, los italianos que abandonaron sus trabajos y se afincaron en Costa Rica, fueron gradualmente insertándose en la sociedad costarricense y brindaron un aporte valioso al desarrollo económico y social del país, transformándose así su presencia en una inmigración cualitativa, debido a los conocimientos aportados, principalmente, en el sector industrial, comercial y de servicios del país. Casados, muchos de ellos, con mujeres costarricenses, sus familias continúan en la actualidad participando activamente en los distintos sectores económicos.

2.6-Migración española

Decíamos antes que, durante el período colonial, España, como es razonable, propició mayormente la llegada de españoles a sus colonias. Al suceder la independencia, ciudadanos de ese país siguieron migrando a Costa Rica. Sin embargo, “hay una ausencia de datos fiables sobre los flujos migratorios (hasta 1882 no se inicia en España la recopilación de datos) y, en segundo lugar, en el pasado reciente, por la fácil y rápida integración de los españoles en la sociedad costarricense que les acoge, lo que ha motivado en numerosas ocasiones su falta de inscripción en los registros consulares.” (9)

En 1856 es fundada la Sociedad Española de Beneficencia, que procura ayudar a los españoles que llegaban a probar fortuna al país y que, una vez instalados, se convirtieron en focos de nuevas llegadas.

A finales del siglo XIX, llegaron a nuestro país algunos profesores españoles que contribuyeron al desarrollo de la educación privada y que tuvieron una gran influencia en su sistema educativo, inmigración a la que me referiré más adelante. En esa misma época, y en los primeros años del siglo XX, la emigración española estuvo condicionada, en cierta medida, por la necesidad de mano de obra de la multinacional americana “United Fruit Company” que para sus plantaciones de café y banano utilizó como mano de obra a cientos de trabajadores, entre los que se encontraban algunos españoles.

La migración española después de la época colonial, es una veta poco explorada en el campo de las migraciones. Resalta, sin embargo, la documentación de las inmigraciones catalana y canaria durante el siglo XIX, a las que me refiero a continuación.

En ambos casos, eran migrantes que tenían la misma religión que el costarricense, sus costumbres eran similares y hablaban el mismo idioma. Recuérdese que el catalán aunque tiene un idioma propio, generalmente también conoce y habla el español.

La inmigración catalana fue individual, pero su inclusión en la sociedad costarricense se produjo sin problema alguno debido a las características apuntadas. Cataluña es una comunidad autónoma española situada al nordeste de la Península Ibérica. Está integrada por cuatro provincias: Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona.

Entre los catalanes que arribaron a nuestro país en ese período, se halla Buenaventura Espinach, quién llegó en 1824, acompañado de Francisco Giralt. Su hermano José Ventura se estableció en San José en 1859; en 1861, llega a Costa Rica Gaspar Ortuño, quién participa en 1877 en la fundación del Banco de la Unión, luego Banco de Costa Rica; José Quirse (modificado a Quirce) Filguera, arquitecto, ya estaba en Costa Rica en 1865; fue el fundador de la masonería en Guatemala; dirigió la refracción de la Catedral de San José desde julio de 1871 hasta octubre de 1872. Murió en Puntarenas en julio de 1873. (10) Un nieto de don José, el Dr. José Manuel Quirce Morales fue Ministro de Salud e impulsor de la creación del Servicio nacional de Acueductos y Alcantarillado. José Campabadal arriba a Costa Rica en 1876. Organista y compositor contribuyó al desenvolvimiento musical del país; Tomás Soley Estrada y su esposa Magdalena Güell ingresaron a nuestro país en 1880.Su hijo Tomás tuvo un destacado papel como Ministro de Hacienda en los gobiernos de don Cleto González y de don Ricardo Jiménez. En 1924 fue el gestor de la creación del Instituto Nacional de Seguros; César Nieto llegó a nuestro país en 1878. Periodista  y diplomático, pasó a ser un empresario de éxito; Vicente Lines y su esposa María Canalías arribaron en 1883. Fundaron la Librería Española que se convirtió en la imprenta más importante del país.

Otros inmigrantes catalanes fueron, Antonio Escarré, quien llegó al país en 1898, se dedicó al comercio y estableció La Magnolia, almacén de víveres y abarrotes; Pablo Torrens llegó en 1899 e instaló una pastelería y fábrica de dulces. Su hija Teresa se casó con Luis Olllé, dueño de un importante negocio de materiales eléctricos y otros, ubicado diagonal a la Iglesia El Carmen en San José; Ginés Pujol arribó en 1899; posteriormente llegaron sus hermanos José y Ramón; Antonio y Marcelino Rosich ingresaron a Costa Rica en 1897. Al año siguiente abrieron Almacenes El Globo, en la rama de textiles, productos de cuero, licorería y café; Jerónimo Pagés llegó antes de 1895. Para 1903 funda el Almacén Ambos Mundos. Su hija se casó con Enrique Uribe, surgiendo así el Almacén Uribe y Pagés en 1919; antecesor de los supermercados Más X Menos; Avelino Alsina llegó en 1897 y fundó en 1903 la imprenta que llevó su nombre, una de los establecimientos tipográficos más importantes en Costa Rica en esa época; en el campo de la arquitectura destacó Gerardo Rovira, quién vino a Costa Rica en1884. Construyó el templo de la Música, situado en el Parque Morazán.(11)

Debo agregar en esta inmigración a mi abuela Mercedes Cairol Prat, catalana, nacida en Esparraguera, Cataluña el 15 de febrero de 1870, que arribó a Puerto Limón el 9 de julio de 1899 en el vapor inglés Alenr, procedente de San Juan del Norte. Distinta a las migraciones usuales que se originan mayormente en situaciones políticas, económicas o desastres naturales, Mercedes emigró a Costa Rica por amor, en busca de mi abuelo materno Prudencio Odio Giró, cubano que había llegado a nuestro país el 2 de marzo de 1883 y gracias a ello nacieron sus descendientes. Era, sin duda, una mujer de armas tomar, industriosa y de carácter, pues ella solita creó a sus tres hijas, Elena, María Luisa y Hortensia en una tierra extraña. De las dos últimas descienden los Cairol en Costa Rica.

En cuanto a la inmigración canaria, debe primero indicarse que las Islas Canarias están ubicadas al frente de la costa occidental africana. Siete son las islas mayores, constituidas en dos provincias, una con la isla principal Tenerife y la otra integrada por seis islas, a saber: Gran Canaria, Lanzarote, Fuenteventura, La Palma, Gomera y Hierro.

En el período analizado, sobresale la llegada al país de los hermanos, Valeriano, Víctor, Juan y Juana. El primero fue contratado en 1869 por el gobierno de don Jesús Jiménez para dirigir el Colegio San Luis Gonzaga. Casó don Lucía Ortiz. En 1923 fue declarado Benemérito de la Patria. Víctor se integró al Colegio San Luis Gonzaga en 1871 y permaneció en Costa Rica hasta 1876. Casó con la dama costarricense María Muñoz. Por su parte, Juan llegó a Costa Rica en 1872 y se dedicó a la enseñanza en el colegio ya citado. Contribuyó significativamente a la cultura costarricense y ocupó diversos cargos públicos, como Director de la Imprenta Nacional y del Museo Nacional. Escribió en 1890 la primera letra que tuvo nuestro Himno Nacional y destacó en el periodismo. Contrajo nupcias con Elvira María Ortiz; Juana llegó a Costa Rica en 1872. Fue mujer de gran vocación literaria En 1912 publicó la novela “El espíritu del río”. Su hija Caridad casó con Juan Robles Guzmán, comerciante y agricultor cartaginés, engendrando una numerosa familia. Su herencia literaria es extensa. Destacan novelas como “Un Robinson tico”, “El legado” y “Flor de café”.

Otros inmigrantes canarios fueron Víctor Manuel Cabrera, quién llegó a Costa Rica en la década de los ochenta del siglo XIX. Casó con Amelia Navarro Jiménez. Su libro “Guanacaste”, publicado en 1924, conserva validez aún en el presente siglo, ya que contiene datos muy completos sobre esa región; Eloy González Frías llegó por ahí de 1870. Alternó la agricultura con el comercio. Contrajo matrimonio con María Luisa Feo. Su hijo Mario destacó como escritor. Abelardo Borges llegó en 1891, contratado por Juan Fernández Ferraz. Fue un ilustre pedagogo. Casó con su coterránea Elvira Pérez González. Don Antonio Figueroa llegó a Costa Rica a principios del siglo XIX. Había casado con Ramona Oreamuno, costarricense. De esta unión nació Eusebio Figueroa, figura eminente de la política y cultura costarricense.  En 1863 casó con Cristina Espinach Bonilla. Fue presidente y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, ministro de Estado, diputado constituyente, primer presidente del Colegio de Abogados. En 1869 suscribió un contrato con Eduardo Reilly y otros para la construcción de un ferrocarril interoceánico, empresa que no fructificó. Destituyó a los generales Lorenzo Salazar y Máximo Blanco en ese mismo año, acabando con la gran influencia de esos militares en el nombramiento de mandatarios costarricenses como José María Montealegre y Jesús Jiménez. Don Eusebio murió en un famoso duelo que tuvo con León Fernández en agosto de 1883. Pocos años después, un hijo de don Eusebio mató al señor Fernández. (12)

2.7-Migración francesa

 Similarmente a la migración española, la migración francesa a nuestro país está poco documentada. Gabriel-Pierre Lafond, marino y armador francés, visitó Costa Rica en 1849 y poco después fue designado Secretario de la Legación costarricense en Francia, y casi enseguida Cónsul General honorario de Costa Rica en París, cargo que ejerció hasta 1857. Fue el primer agente consular que nombró Costa Rica.

En ese mismo año, suscribió con el Gobierno de Costa Rica un contrato por el cual se le otorgaba una concesión de tierras en la costa del Pacífico y, en marzo de 1850, Lafond firmó con el Ministro Plenipotenciario de Costa Rica en Europa, Felipe Francisco Molina y Bedoya, otro contrato, con la venida de 1.000 colonos, para efectuar la apertura de un canal interoceánico entre el Caribe y el Pacífico, de Bocas del Toro al Golfo Dulce. Con este propósito trató de formar en París y en Londres una compañía canalera sobre la base de un capital de medio millón de libras esterlinas, pero no tuvo éxito. (13)

A pesar de que el censo de 1864 señalaba la presencia de 65 franceses en nuestro país (14), únicamente se conoce un estudio genealógico que identifica miembros o familias de inmigrantes franceses durante el siglo XIX. (15)

Dicho estudio, elaborado por el genealogista Mauricio Meléndez, trata sobre la familia Carit Eva, descendientes de Alfonso Carit, natural de Francia y cuyo miembro más prominente fue el Dr. Adolfo Carit Eva, quien nació en Costa Rica el 16 de noviembre de 1834.

Indica ese estudio que otros franceses de gran presencia en la vida agrícola y comercial de Costa Rica fueron Santiago Millet, quien casó en 1827 con Magdalena Porras o Castillo, Leoncio de Vars Dumartray, quién originó, con su primera esposa Rita del Castillo, a partir de 1838, la familia De Vars Castillo; y Félix Baudrit, quien casó en Barva, Heredia con Josefa Ramona Murillo Polanco. En la época actual, tanto la familia Millet como la familia Baudrit son ampliamente reconocidas en nuestro país, al participar sus miembros en distintas facetas de la vida económica nacional.

Se agrega a esos inmigrantes el nombre de Edouard Paul Charpentier, vicecónsul de Francia en Costa Rica, quien ejerció de 1868 a 1883. El exmiembro de Asogehi, señor Vinicio Hidalgo Rojas, es chozno del señor Charpentier, pues su bisabuela materna Emilia Murillo (legitimada luego como Charpentier) fue nieta del señor Charpentier, quien fundó la familia de ese apellido (también escrito como Charpantier) en Costa Rica (16), del cual descienden, entre otros, Mario Charpentier Gamboa, diplomático y exministro de seguridad pública, Silvia Charpentier Brenes, exdiputada, Carlos Castro Charpentier, exministro de salud y Jorge Charpentier García, poeta y premio Magón 1997.

Notas:

  • (8) La información en este aparte fue obtenida de Bariati, Rita. La inmigración italiana en Costa Rica. Revista Acta Académica. Varios números, de 1997 a 2004, en http://www.uaca.ac.cr/acta
  •  (9) Gobierno de España. Ministerio de Trabajo e Inmigración. Costa Rica. En http://www.mtas.es/es/mundo/consejerias/costarica/emigracion/datosSocio.htm#costarica
  • (10) Datos facilitados por Ana Isabel Herrera Sotillo, de su libro inédito «Descubriendo la Catedral de San José».
  • (11) La inmigración catalana es relatada en Serrano Jarne, María Rosa, Catalanes en Costa Rica. Aportación política, social y económica, 1906-1994. Romargraf, S. A, Barcelona, s/f.
  • (12) Los datos sobre la inmigración canaria fueron tomados de Molina Siverio, Julio. Españoles canarios en Costa Rica.  Cartago, 2000.
  • (13) Gabriel Pierre Lafond. En http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel-Pierre_Lafond
  • (14) Centro Centroamericano de Población. Censo de población de Costa Rica 1864. En http://ccp.ucr.ac.cr/bvp/censos/1864/1864c06-cr.pdf
  • (15) Franceses en Costa Rica. La familia Carit Eva. Meléndez Obando, Mauricio. La Nación Digital., Columna Raíces, Edición 24. En http://www.nacion.com/ln_ee/ESPECIALES/raices/raices24.html
  • (16) Palmer, Paula. Wa’apin man. La historia de la costa talamanqueña de Costa Rica, según sus protagonistas, Págs. 36 y 45. Instituto del Libro, san José, 1986.

 

Del mismo autor le podría interesar:

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...