Crisis y oportunidad  para el Poder Judicial

Hay que tener en cuenta, que si hay un sitio delicado,  donde manosear desde afuera con mayor y elevado riesgo, es precisamente  el Poder Judicial. Ojalá por tanto, que este asuma su responsabilidad o de la contrario la patria se lo demandara con creces.

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La actual situación que experimenta el Poder Judicial; relacionada de algún modo a la crisis que atraviesa en general la institucionalidad, motiva al desaliento ciudadano, por cuanto se trata de la piedra angular del Estado democrático y social de derecho. La cuestión es que eventos recientes,  dados a conocer a la opinión pública en torno –principalmente- al caso del cemento chino,  han permeado las otrora infranqueables murallas judiciales, causándole un daño irreparable a su imagen. Esto no debe ser soslayado ni tratado a la ligera y solventado además a la brevedad, conforme lo permitan los procedimientos, instrumentos y tiempos disponibles de la justicia misma. Se hace conveniente señalar, al igual  que ocurre con otros aposentos de  esta   deteriorada casona democrática; la necesidad de revitalizar los tejidos de la institucionalidad y liderazgo del Poder Judicial apremia.

Al abrirse un tanto la caja de pandora, de la que emergen el tráfico de influencias y la corrupción también acá,  surgen asimismo las pasiones, el rasgamiento de vestiduras, el circo mediático y  un furibundo ataque, como el de las abejas africanizadas,  cuya colmena deposita sus aguijones en las  redes sociales, presta a reaccionar con y muchas veces sin razón, sobre cualquier movimiento del entorno y este es precisamente un caso.  Hay quienes desean lanzar a la hoguera, no sólo a los responsables  del problema, sino  a  todos los magistrados y magistradas, a los jueces y juezas y ojalá a todos los funcionarios y funcionarias judiciales. Abundan los Torquemada y  por ende quienes favorecen la idea de armar una inmensa fogata con ese propósito, como respuesta a todos los infortunios y calamidades.  Para algunos en realidad,  se ha inaugurado la temporada de  cacería de brujas, factor que en lo sustantivo no contribuye por supuesto en nada, para resolver la situación imperante.

En resumen la situación pareciera ser la de un poder judicial en convulsión, con  pérdida de credibilidad  y sin liderazgo, ante las condiciones de la compleja coyuntura global.  Para colmo de males  y esto no podría ser ignorado,  el tema de las pensiones de lujo se suma a los temas de la agenda nacional, al estar relacionados con el déficit fiscal;  preocupación de naturaleza prioritaria  al país. Con justa razón entonces, las pensiones de los magistrados suma a la desazón, porque el país ha generado un sistema kafkiano de desigualdades, de la que forma parte también este poder de la república.  Algunos además se acogen a la pensión apresuradamente y de acuerdo al parecer ciudadano, lo hacen sin merecimiento alguno y eso también duele. No obstante, pretender reducir el problema del Poder Judicial al tema de las pensiones de lujo, sobre los temas estructurales  del país, es  obtuso.

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En realidad hay mucho en juego y por eso no deja de  generar optimismo el hecho  de que sean los propios funcionarios judiciales y sus organizaciones, quienes hayan levantado la voz en este momento, procurando darle rumbo al instante incierto,  y esperanza a la dignidad la cual yace en el corazón de la mayoría de los servidores públicos.   A ellos corresponde en primer lugar este desafío, a sabiendas de sus propias diferencias y divisiones. Ellos y ellas comprenden, que deben actuar mancomunadamente para salir adelante. Lo contrario es suicido colectivo.  El Poder Judicial se encuentra además en un proceso de revitalización desde hace varios meses y truncarlo sería insensato. Hay que dar el poder a quien pueda conducir y liderar con éxito ese proceso interno hasta llegar al primer buen puerto, de lo que será a la postre larga travesía.

Para asumir el liderazgo en este momento se escuchan algunos nombre  de magistrados. Es el caso de Orlando Aguirre, Fernando Cruz y Luis Guillermo Rivas. Uno de ellos o quizás alguien más podría ser escogido para asumirlo en esta coyuntura de transición tan importante para el Poder Judicial. Esta ha de ser sin embargo una urgente y crucial decisión interna, libre de manoseos ajenos, opinadores y vacas sagradas. El Poder Judicial al igual que otras instituciones, debe de estar en capacidad primaria de generar su propia fuerza transformadora, lejos de los grupos de presión, intereses  y abundantes mezquindades.

Así  las  cosas,  debe tenerse presente que la santa inquisición de la fabricada opinión pública no siempre ha sido buena consejera. Seguir despedazando es una vía liviana, cobarde y fácil en momentos de apremio. “Destruir es obra fácil, construir es obra dura solía decir Don Pepe” durante la conformación de la Segunda República. Debe permitirse por tanto, que prevalezca y prive la sensatez sobre la agitación emocional, posibilitando a los propios funcionarios y funcionarias judiciales,  reconstruir el  tejido de sus anhelos indefectiblemente ligados al interés general.

Finalmente hay que tener en cuenta, que si hay un sitio delicado,  donde manosear desde afuera con mayor y elevado riesgo, es precisamente  el Poder Judicial. Ojalá por tanto, que este asuma su responsabilidad o de la contrario la patria se lo demandara con creces.

 

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