Cristhofer Infante: Criticidad y liderazgo, un pendiente que comienza a pasar factura

Este tipo de debate posibilita el tratar prácticamente cualquier tema no desde el ojo necesariamente experto sino desde el ojo, indispensablemente, curioso. Premiando las posturas multi y transdisciplinarias.

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Cristhofer Infante Méndez.

“Me encanta la discusión. Me encanta el debate. No espero de nadie que simplemente se siente ahí y esté de acuerdo conmigo; ese no es su trabajo.”
Margaret Hilda Thatcher

Al recordar esta frase de la dama de hierro surgen algunas preguntas, ¿qué pasaría si nuestros estudiantes pudieran sentarse frente a ella?, ¿qué le rebatirían?, ¿cómo argumentarían?, ¿tendremos como hijos del sistema educativo con mayor inversión pública y una de las mayores ofertas privadas en la región la destreza necesaria para plantear una discusión seria ante algún dirigente político, social o económico de peso?

Es posible, especular que la mayoría de los jóvenes graduados de nuestras aulas colegiales o universitarias no podrían hacer frente a esta situación, no por falta de talento o potencial, sino por falta de experiencia, agudeza teórica y pericia en el área de la comunicación.

Tenemos aulas llenas de talento, pero regidas en muchos casos por planes de estudio académico que aun cuando suelen ser amplios en su contenido, son rígidos y poco prospectivos debido a su enfoque mayormente de educación bancaria. Lo cual no permite el desarrollo de habilidades paralelas que complementen con creatividad, proactividad y entusiasmo los aspectos curriculares. Esto no es una especulación, lo deja claro el Estado de la Educación realizado por el proyecto Estado de la Nación desde su edición en 2017, donde remarcan que los mismos estudiantes y empleadores “señalan debilidades en cuanto a las destrezas que requiere el mundo laboral, como innovación, habilidades de comunicación, liderazgo e inteligencia emocional”.

Todo esto es evidentemente arrastrado cuando en el informe de 2019 señalan lo problemático de la estructura administrativa poco flexible, aportando poco a la innovación desde las aulas. Lo cual aplica a las experiencias en todos los niveles educativos del país.

Una realidad que nos pasa factura como sociedad al ver el marcado desinterés social en profundizar respecto al acontecer nacional e internacional, en cuestionar las corrientes políticas e ideológicas por las que somos bombardeados día a día, la incapacidad de tomar acción más allá de la crítica en redes y las manifestaciones que como herramienta social pierde cada día legitimidad.

La cuestión entonces es, ¿qué plantear como solución?, ¿dónde buscar un segundo motor que acompañe y de dinamismos a los estandartes de nuestra sociedad, educación y democracia?. Para muchos, en los que me incluyo, la respuesta a estas preguntas y punta de lanza para combatir la desidia política, académica y social que vivimos hoy puede estar en la frase de la dama de hierro, que sintetizada en pocas palabras podríamos llamar “el arte de debatir”.

El debate tiene muchas formas, y a no ser por raras excepciones ninguna de ellas ha sido retratadas en el país con la seriedad y pomposidad que merece. Si hablamos de su vertiente política, se explota únicamente en tiempos electorales o de crisis con un público que lo único que desea es ver algo de circo, en su vertiente social parece haber sido confundida con el ir y venir de comentarios trillados dichos por personalidades caudillistas; nos queda por tanto y como esperanza final el debate académico.

El debate académico podemos entenderlo a su vez en dos vertientes, la establecida desde expertos en temas particulares, usualmente versados y de carácter expositivo; donde más que un debate real se da una exposición de ideas o datos. Método que ciertamente enriquece al cuerpo estudiantil y social en general pero carece, usualmente, del elemento que buscamos para motivar un cambio social y académico, el poder apasionar a los espectadores y oradores. Y es justo en ese aspecto que reluce la segunda vertiente, el debate competitivo estudiantil.

Este tipo de debate posibilita el tratar prácticamente cualquier tema no desde el ojo necesariamente experto sino desde el ojo, indispensablemente, curioso. Premiando las posturas multi y transdisciplinarias. Facilita el desarrollo de habilidades para el trabajo en grupo bajo presión, estimula a que sus participantes maximicen sus posibilidades de comunicación desde lo verbal y lo no verbal para impactar de forma más eficaz en el debate. Y quizás lo más importante, orilla al estudiante a proponer argumentos con la solidez necesaria para ser útiles más allá del discurso, en la acción.

Por ello es importante, impulsar lo que podemos llamar como ecosistema de debate nacional, aún reducido, pero sin duda en constante evolución. Actualmente se compone por grupos estudiantiles universitarios que solemos nadar prácticamente en solitario, con excepción de las tres ediciones (2017, 2018, 2019) del Debate Interuniversitario Alberto Cañas Escalante, co – organizado por el Departamento de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa y los grupos universitarios; donde nos hemos podido encontrar hasta ocho equipos de debate para competir.

Sin embargo, para potenciar una herramienta como el debate al nivel necesario para convertirla en generadora de líderes sociales, jóvenes, proactivos, disruptivos y capaces no solo de apasionar a la masa, sino de nutrirla con ideas constructivas, falta aún mucho camino. Es aquí donde resulta necesario el surgimiento de iniciativas privadas que busquen dar aún más impulso a esta idea. Iniciativas dentro de las que podemos contar a la Asociación Nacional de Debate y Liderazgo, aun en proceso de formalización pero que desde ya comienza a generar propuestas que pronto compartiremos.

Hoy podemos decir que hemos tenido representación esporádica en alguna de las decenas de competiciones internacionales que existen, sin embargo mañana podríamos acoger a decenas de grupo estudiantiles cargados de experiencias e ideas que vengan a enriquecernos competitiva y académicamente. Hoy podemos decir que hemos comenzado a desarrollar un ecosistema, pero para los que con emoción y razón vemos en el debate un espacio perfecto para potenciar líderes, el sueño es que mañana hallamos puesto nuestro granito de arena, siendo el semillero de los líderes que dieron forma al bicentenario que se asoma.

Soy Cristhofer Infante, internacionalista, profesor universitario, pero ante todo un debatiente más que busca compartir y desarrollar espacios para discutir y transformar realidades.

 

Bibliografía:

  • Estado de la Nación, 2019. Estado de la Educación Costarricense. Disponible en: https://www.uned.ac.cr/viplan/images/cppi/documentos/ESTADO-EDUCACION-2019-WEB.pdf
  • Estado de la nación, 2017. Estado de la Educación Costarricense. Disponible en: https://www.estadonacion.or.cr/educacion2017/assets/ee6-informe-completo.pdf

Cristhofer Infante Méndez.
Docente universitario.
Asesor en Comunicación Política, pasante en la Asamblea Legislativa.

 

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