Crónica desesperada de una patria saqueada por Oscar aguilar Bulgarelli

Editorial Progreso 2020

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Por Manuel Bermúdez. Semanario Universidad.

“Atención compatriotas, nuestra patria peligra. Un grupo de facinerosos, malos hijos de esta tierra, dan la espalda a sus hermanos y alimento a su codicia, para enriquecerse a costa de la democracia, la institucionalidad, la justica y la verdad”; tal podría ser la proclama que enarbolara este nuevo libro que el historiador Óscar Aguilar Bulgarelli. Apasionado y apasionante, el texto recoge y desmenuza una serie de hechos recientes de la política y economía costarricenses y los analiza desde una perspectiva crítica.

El libro desnuda, con nombres y apellidos, a lo largo de sus 420 páginas, un entramado tóxico para la democracia y la institucionalidad del país y favorable para proteger, salvaguardar e incrementar los privilegios y capitales de un grupo de empresarios, quienes, mediante un abigarrado sistema de control político, jurídico y comunicacional, detentan el poder formal y fáctico.

Con estilo directo, sustentado en una documentación profusa, el autor denuncia sin tapujos:

“… el país ha estado en manos de una verdadera gavilla de traidores a la patria que, valiéndose de sus posiciones de privilegio, han creado una sociedad injusta y desigual, mintiendo, al ciudadano, actuando con premeditación, alevosía y ventaja, al manejar el poder político, económico y mediático en favor de sus intereses, y evitando, como es fácil constatarlo en la Historia de Costa Rica, las reformas legales que le pusieran coto a su impunidad y, por el contrario, creando fórmulas institucionales que los protegieran como sucedió con las reformas de 1988.” (p.125).

Evasores y elusores de lujo

La ciudadanía en general comprende la necesidad y justificación de pagar impuestos, pues entiende que es la forma en que el Estado financia sus instituciones, que existen para el servicio público. Pero algunas personas, curiosamente las que más tienen, consideran que de sus grandes fortunas no deben aportar porcentualmente.

El presidente saliente de los Estados Unidos, el empresario Donald Trump, se jactaba de ser un evasor de impuestos y reiteraba su ingenio para no pagar a la sociedad en que amasó su fortuna los tributos que le corresponden. En Costa Rica, según nos muestra este libro, abundan los seguidores de ese pensamiento desfachatado e inmoral.

De acuerdo con el recuento histórico, ni siquiera cuando el país atraviesa sus peores crisis, este grupo ha dejado de utilizar todos sus dispositivos de poder en la comunicación, las organizaciones políticas o el entramado jurídico para salvaguardar sus fraudulentos ejercicios.

Si algo puso en evidencia la denuncia llamada Los papeles de Panamá, es que el fraude fiscal en el mundo opera como una verdadera red de crimen organizado gigantesca.

“…todos los empresarios nacionales citados en más de 75.000 documentos de los Papeles de Panamá buscaban al bufete Mossack y Fonseca (Mossfon), para que les crearan las empresas fantasmas u off shore y escamotear, en el amplio sentido del término, los impuestos que debían pagar al gobierno de Costa Rica. Sin ninguna sensibilidad, ni responsabilidad social y ciudadana (¡qué fe!); estas familias y empresas, han actuado contra todas las normas éticas, hasta las más elementales, que les permitirían estar dentro del grupo de personas honradas, pero han actuado en el sentido contrario.” (p. 180).

Mediante su análisis, Aguilar Bulgarelli desvela el enorme mecanismo de corrupción privada que opera en favor de un grupo de poder económico en Costa Rica incrementando a mansalva sus fortunas amparados en el discurso fundamentalista neoliberal.

Uno de los principales recursos de ese mecanismo es utilizar la información para confundir, distraer o tergiversar la realidad de acuerdo con sus intereses, tema que ya había sido abordado por el autor en su libro anterior Costa Rica: ¿Dictadura mediática o tiranía en democracia?

El silencio cómplice

Llama la atención que mucho de lo que señala el libro es de conocimiento público, lo cual se evidencia en las constantes referencias que hace el autor a publicaciones aparecidas en la prensa. Pero a la función periodística de informar, el autor incorpora el análisis, contexto social y político de los hechos; al pasar de la denuncia al análisis, el lector tiene en perspectiva un proceso por demás pernicioso para la democracia costarricense y que afecta a todos.

Además, intenta ver los hechos en perspectiva, de manera que sobrevivan a la efimeridad a que la condena el vértigo de la desinformación contemporánea.

Más allá de señalar o reiterar hechos aislados, el autor busca llamarnos la atención acerca de un mecanismo de uso y abuso de la institucionalidad del país por parte de un grupo de personas con poder económico, señalados con nombres, apellidos y prosapia, que velan por cuidar sus intereses e incrementar sus fortunas a costa de los bienes, el esfuerzo y los derechos de los demás.

De manera no sutil, pero escamoteada, un grupo de abogados, empresarios, economistas y comunicadores, organizado para delinquir —según el libro— no vacila en continuar protegiendo sus privilegios, aun cuando la patria —golpeada por los desastrosos efectos de la pandemia— se sume en una crisis sin precedente.

Así, este texto nos deja ver con tristeza y preocupación cómo la bestia de la corrupción galopante se lleva entre las patas la institucionalidad democrática, profundiza la desigualdad y acorta el horizonte político costarricense.

Óscar Aguilar no vacila en reiterar la necesidad de alzar la voz y sostener la denuncia para que los graves hechos no sean enterrados convenientemente en el olvido.

“Si algo carcome profundamente la sociedad costarricense es el secretismo, cómplice de hechos aberrantes y vergonzosos que se ocultan a la opinión pública…” (p. 225).

El fundamentalismo neoliberal

Desde le punto de vista ideológico, los neoliberales son fundamentalistas, lo cual les impide ver o considerar otras formas de vivir en el capitalismo, sea continuando su ejercicio empresarial, pero sin menoscabo del tejido social y sin condenar a la mayoría a la precariedad, la explotación o la miseria.

Los teóricos de este sistema de desigualdad alguna vez asemejaron democracia con capitalismo, ahora van más allá y asemejan capitalismo con neoliberalismo. En este juego discursivo ganan adeptos, muchas veces incautos, que se lanzan a defender supuestas libertades comunes, que no son más que privilegios individuales. La pequeña empresa y el ciudadano pagan un impuesto, a veces oneroso, pero los dueños de grandes fortunas no solo se resisten a contribuir con equidad, sino que evaden o eluden incluso lo que les corresponde por ley. Para ello utilizan un entramado de poder a su servicio, según lo evidencia este libro.

Esta obra es principalmente un alegato. Uno de esos incontenibles. No se trata de una versión del autor, sino de un reclamo necesario, impostergable; no una diatriba, sino una denuncia puntual, documentada.

Desde su introducción, el doctor Aguilar Bulgarelli advierte de su condición de historiador y explica la necesidad en la época presente de la función del historiador para contribuir a esclarecer las múltiples variantes de la sociedad en que vivimos:

“…el historiador en nuestro tiempo no puede, y no debe, ser un simple narrador de hechos históricos o cronista desapasionado del desarrollo integral de una sociedad determinada o de la comunidad mundial. La función historiográfica, vista como una importante y noble actividad intelectual y académica, no es que haya perdido trascendencia, es que ya no es suficiente.” (p. 18).

De manera que, a lo largo de este análisis, que muchas veces indigna por la impunidad de esos malos costarricenses a los que apunta, el autor clama por una tolerancia cero a los juegos de abusos, mentiras y saqueo.

“Fundamentalmente, el historiador debe tener muy claro: su misión y responsabilidad profesional no está al servicio de los intereses económicos o políticos del momento, por más atractivos que resulten, hasta intelectualmente, las ofertas que se reciban para realizar “investigaciones históricas” o panegíricos artículos de prensa. Hoy más que nunca, el historiador tiene la grave responsabilidad del juicio crítico, del análisis comparativo, de poner en evidencia las mentalidades que rigen los momentos históricos, y contrastarlos con lo que en forma resumida podríamos llamar, el ser histórico de las nacionalidades, de nuestro patrimonio, los cuales es un deber preservar.” (p. 404).

Se trata pues de una obra patriótica, comprometida, desesperada que apunta su lanza certera contra los molinos de viento.

 

Publicado originalmente en Semanario Universidad


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