¿Cuál es el futuro del Partido Liberación Nacional? – Parte I

Este artículo forma parte de un documento que contempla cinco partes, cuya temática general es analizar el futuro del Partido LiberaciónNacional (PLN) a la luz de la trayectoria política de la organización en el contexto del país. Por su relevancia, actualidad y conocimiento del autor, LaRevista considera importante para el lector recibir este tipo de información.Para los efectos, estaremos publicando todos los días martes un capítulo del trabajo de Walter Coto Molina, ex Secretario general de ese partido y ExPresidente de la Asamblea Legislativa. La Revista

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Walter Coto Molina

PRESENTACIÓN:

Producto,  entre otros acontecimientos,  de las dos derrotas consecutivas del Partido Liberación Nacional, de la pérdida sostenida de adherentes y militantes que sufre, y del rol que desempeña su actual fracción parlamentaria, muchos liberacionistas se encuentran en un estado de reflexión y de emociones encontradas respecto del futuro de esa organización política.

Dentro de ese contexto, genero estas reflexiones, sabiendo de antemano, que lo que yo diga,  no tendrá mayor importancia para muchos dirigentes, y que puedo verme sometido a las expresiones intolerantes de algunos, que no tienen la humildad para asimilar puntos de vista diferentes.  Escribo estas líneas sobre el PLN, porque sin duda alguna reconozco,  que ha sido una organización que ha aportado realizaciones muy valiosas al país,  y que  lamentablemente hoy se encuentra en un período difícil,  a partir del cual,  o se recupera,  o se muere. De todos modos, por voluntad propia, no formo parte de ninguna estructura partidaria desde hace muchos años, aunque sí, he procurado contribuir con algunas ideas y propuestas programáticas tanto a  Liberación Nacional, como a otras organizaciones partidarias, cuando me lo han solicitado. De esa manera hago mi aporte como simple ciudadano.

PLN: El Contexto.

En mi opinión,  el  problema de Liberación Nacional no es que tenga problemas. Todo partido los tiene. El problema está  más bien,  en las raíces de los problemas que tiene.

El Partido no escapa a la problemática que enfrentan los partidos políticos en el mundo. Todos sabemos que existe una brecha entre los ciudadanos y los partidos, un desencuentro real, en unos más, en otros menos, pero es un fenómeno común. Hay un descrédito y protesta contra la política tradicional, y los partidos que la representan,  reforzada por los medios de comunicación. En Costa Rica los estudios de opinión muestran que  la sociedad se ha alejado cada vez más de los partidos, por la incongruencia  de estos, en la representación de los intereses sociales integrales cuando ejercen el poder, también por su asociación con la corrupción, que tanto irrita a la ciudadanía, y hasta  por la prepotencia, y el alejamiento que exhiben los dirigentes políticos y la  burocracia partidista  de los miembros del partido,  y de la sociedad en la época de la desacralización del poder. Hay un vacío en la actuación de los partidos, que induce a que los ciudadanos busquen otras formas alternativas de participación política, más directas, a menudo con movimientos, candidatos  y organizaciones independientes.  La función de intermediación de los partidos,  entre la sociedad civil y el gobierno, se ha desestructurado. Nuevos movimientos sociales,  grupos de interés y de presión, y poderes fácticos,  han suplantado en gran parte esa función.  Hay un distanciamiento de la ciudadanía frente a los partidos políticos derivado de desencantos ideológicos y éticos, de la apropiación de poderes fácticos ocultos en la funcionalidad y desempeño de ellos, y de la separación que hay entre las promesas y las acciones de los gobiernos. A menudo, la sociedad política decide una cosa, y la sociedad civil organizada decide otra, sin que a veces, alguna de las dos, tenga la fuerza suficiente para imponerse. Por eso hay sociedades de empate como la nuestra.    Asistimos a una época donde la sociedad política institucionalizada dice tener la legalidad, mientras que la sociedad civil parece tener la legitimidad. En este contexto, es usual el surgimiento de altos niveles de volatilidad electoral, congruentes con el cambio permanente que experimenta la realidad. La lealtad partidaria se ha fracturado.

De este modo, todos aquellos liberacionistas, que suspiran por volver a tener el partido de antes, aquel glorioso y vigoroso Liberación Nacional, con un norte claro, con una militancia voluntariosa y entregada, llena de espíritu combativo, con asambleas de debates serios, con discrepancias entre sus líderes, pero unidos por una propuesta país, deben tener claro, que volver a ese partido de antes, no es tan fácil, y a la larga imposible. Esa época lamentablemente ya pasó, y es mejor que sean prácticos. Liberación Nacional ya no será como antes, y  solo será, lo que sus dirigentes y militantes  quieran que sea para el futuro, dentro de un paradigma de sociedad  muy diferente de cuando el Partido fue estampando sus huellas.

Yo sé que hay personas que hacen esfuerzos de buena fe,  para recuperar a Liberación Nacional.  También es probable que haya otros que usan la recuperación como un medio,  para seguir haciendo más de lo mismo y mantener su vigencia emocional.   Conozco foros  por WhatsApp,  de dirigentes y personajes liberacionistas que procuran la recuperación del partido, pero cuyo mecanismo es inocuo,  porque no pasan de brindar saludos de cumpleaños, o de frases lindas al oído para quienes están y entran al chat del grupo, brindándose elogios recíprocos y repartiendo medallas del pasado.  Las discusiones de fondo son muy escasas.  Esos esfuerzos son muy poco productivos, y esencialmente sirven para mantener la amistad de cofradía y el enamoramiento recíproco.

A mi modo de ver,  Liberación Nacional está en fase crítica,  porque aunque tiene problemas  que no son solamente patrimonio de él, si tiene gangrenas internas que dificultan cada vez más su viabilidad, como una gran fuerza política hacia el futuro.

Evidentemente sus padecimientos tienen también origen externo. Está en crisis no solo Liberación nacional, sino el sistema de partidos, y con ello, todos los partidos políticos, que pareciera no responde a las exigencias de la sociedad de nuestro siglo. En consecuencia, no es posible pensar en renovar Liberación Nacional, si no se entiende la nueva realidad de sociedades altamente abiertas, multisectoriales y pluri-demandantes, y menos, si se pretende cimentar la nueva organización sobre el viejo orden de partidos, y el atrofiado sistema normativo de organizaciones políticas que ya no son aptas para la nueva realidad costarricense.

Tampoco es serio pensar que se pueda edificar nada nuevo, sobre un código electoral hecho para que los partidos no funcionen a la altura de nuestro tiempo, para que no sean productivos, para entorpecer su trabajo por pérdida de autonomía, un código   lleno de remiendos parciales sujeto a reformas jurídicas del Tribunal Supremo de Elecciones, y a iniciativas de los mismos partidos políticos, destinados a engrosar parches a un Código Electoral que data de 1946 con remiendos de camino.

No existe en Costa Rica una ley de fuerzas  políticas moderna,  que incluya entre otras cosas, nuevas formas de financiamiento y de organización, ni que abra el sistema a movimientos que no quieran organizarse como partidos. El tema de los Partidos se ha tratado en Costa Rica, como un asunto jurídico, y ese acercamiento es absolutamente insuficiente. Tampoco se puede construir de nuevo un Partido sobre la mera institucionalidad, porque las causas de los problemas que se padecen, no derivan exclusivamente de ella. Hay muchas formas y poderes fácticos que determinan la política nacional, la vida de los partidos políticos y los movimientos sociales y económicos.

¿Qué significa renovar el partido? Y la raíz de los problemas.

Tratar de renovar un partido como Liberación Nacional a partir del marco institucional, sin tomar en cuenta esos otros factores mencionados, es ir al fracaso. Los poderes fácticos son hoy más determinantes que la institucionalidad. Se debe considerar además, que la sociedad política empieza a cuestionar y quebrar el monopolio de los partidos políticos para llegar al poder, que la ciudadanía quiere tener otras opciones para materializar el derecho humano de todo ciudadano de elegir y ser electo, incluso sin pertenecer a ninguna agrupación política. Liberación Nacional tiene que entender  que la intermediación monopólica de los partidos tiene competencia  también  fáctica como nunca antes, y que las intermediaciones en el mundo, incluyendo en la política van en franco declive. Los dirigentes que no entiendan esta realidad, no pueden construir nada que valga la pena en el tema de las organizaciones partidarias. La política colaborativa se asienta como una necesidad, igual que la economía colaborativa. Claro que para colaborar con calidad, hay que ser competitivo en lo que se hace. Si Liberación Nacional quiere seguir en política tiene que volver a ser un partido de calidad, y para ello tiene que cumplir con satisfacer un listado de compromisos riguroso.

Oigo a dirigentes  hablar de renovar a Liberación Nacional. No critico en modo alguno sus buenas intenciones. Pero, se  habrán preguntado realmente, ¿Qué significa renovar un partido?  Si el mensaje que se quiere dar, es el de la renovación, la primera discusión que se debería hacer al interior,  es responder a la pregunta, ¿qué es realmente renovar el partido, ¿qué significa eso, y cuáles son sus contenidos?  En mi entender, esa interrogante no se ha planteado con profundidad. ¿Qué es renovar el partido?   ¿Renovar será simplemente decir,  que se está renovando?  ¿Será revisar tan solo,  los ejes temáticos de siempre, relacionados con la visión de la realidad nacional? ¿Será abrir más oportunidades para los jóvenes, y potenciar espacios para aquellos que quieren ser líderes? ¿Será presentar nuevas caras, que no hayan tenido cuestionamientos éticos? ¿Será presentarle al país nuevos dirigentes nacionales con nuevas ideas  y proyectos? ¿Será gestionar el Partido de modo diferente, sin exclusiones de ningún tipo para los que piensen diferente, o para quienes no se afilien  con candidaturas locales o nacionales? Será, renovar el partido, ¿quedarse en los enunciados de políticas, sin ofrecer el aterrizaje de propuestas concretas? ¿Será acaso desechar a los líderes de experiencia  del Partido? ¿Será simplemente hacer reformas estatutarias?  Y si el partido se va a renovar, ¿cuáles son las áreas en las que se va a producir la renovación, y en qué consiste la misma? ¿Qué es realmente lo que se va a renovar?  ¿Será renovar el Partido desechar las dobles y triples agendas que restan credibilidad a los procesos y a las decisiones? Además, ¿cuál es la estrategia  para la renovación? ¿Hay una hoja de ruta para ese propósito? ¿Qué atención merece el tema de la percepción? En fin, renovar el Partido exige un análisis muy serio, que no se ha hecho internamente. Intentar renovar  Liberación Nacional exige dejar las superficialidades y enfrentar preguntas esenciales y directas.  Por ejemplo; ¿si los partidos políticos como los conocemos, incluyendo Liberación nacional,   son absolutamente necesarios para intermediar y ejercer el poder? Y si se concluye que siguen siendo necesarios, entonces analizar cómo deben ser, para cumplir eficientemente su rol?  ¿Cómo debe ser el partido Liberación Nacional de nuestro tiempo, qué características debería tener?  Es decir, repensar el Partido del Siglo XXI.   ¿Podrá operar la democracia con otras formas organizativas que detenten el poder, que no sean los partidos políticos?  ¿Puede realmente Liberación Nacional renovarse a partir del  marco jurídico existente en el país, que es  paquidérmico, asfixiante, y contrario a la velocidad en la toma de decisiones que se requiere hoy? Y si no, ¿qué hay que hacer? ¿Qué otros factores singulares de la nueva sociedad deben tomarse en cuenta para pensar en una organización partidaria renovada? ¿Cuáles nuevas formas de organizar el Partido pueden explorarse, por ejemplo, usando tecnología de avanzada, de modo que Liberación Nacional funcione de manera más ágil, legítima  y eficaz? ¿Cómo lograr una mejor integración de los órganos del Partido, de modo que haya más consistencia y calidad en ellos, preservando y profundizando la democracia interna? ¿Qué características debe tener el capital humano que dirige el partido en sus diversos niveles, de modo que haya orientación, conducción, competencia y valores éticos, que sirvan para gestionar con excelencia el interés común?

 ¿Van a seguir el partido y sus líderes, promoviendo miembros, a menudo, faltos de competencia y de atributos éticos, para posiciones de representación popular y de poder, tan solo porque les dan su adhesión en los procesos electorales?  

En el fondo renovar el partido implica un compromiso con la creación de una nueva membresía, de un nuevo ideario,  de un  nuevo dirigente, y de una nueva forma de gestionar el Partido. ¿Tiene el Partido realmente los mecanismos para consolidar una propuesta,  escoger  los mejores y  reconstituir una membresía con altos estándares de compromiso ético-político? Si no los tiene entonces; ¿Cómo hacerlo? Y cuál es el mensaje y los compromisos políticos liberacionistas para la Costa Rica del siglo XXI?

Es muy superficial intentar reconstruir al Partido Liberación Nacional, haciendo solamente un mero cambio de normas estatutarias por aquí y por allá, o fabricando otro congreso con declaraciones de propósitos ideológicos, que, dicho sea de paso, no se respetan luego en los Gobiernos Liberacionistas o en su rol de oposición,  donde por un lado andan sus fracciones, y por otro, sus compromisos de campaña y sus propuestas, y sus órganos de dirección.   Ese ejercicio se ha hecho en el pasado. No hay que engañarse, mejorar a Liberación Nacional es muchísimo más que reformas estatutarias y que congresos ideológicos, que quedan en el papel.  Es eso, pero es muchísimo más. Renovar cualquier partido, en especial el PLN,  es mucho más profundo. Los males de Liberación Nacional no se curan solamente con congresos o con reformas estatutarias. El tema es más hondo, tiene que ver con el análisis,  de  si  Liberación Nacional, pueden ser una organización apropiada para la realidad vertiginosa, la de poderes fácticos ocultos y eficaces,  globalizada,   y  altamente tecnológica, en la cual se desenvuelve el partido. Tiene que ver también con la capacidad autocrítica objetiva que se tenga, sin complacencias interesadas de ningún tipo. Hemos tenido, por ejemplo,  como señalan encuestas  recientes, gobiernos que han sido  bien percibidos por la población, y otros que han quedado realmente en deuda. Es inconveniente el fanatismo de algunos, que ven gobiernos nuestros que no han dado la talla, con un orgullo patológico, que impide corregir lo que no se ha hecho bien. Hay sectores en el Partido, que no aceptan que ha habido gobiernos liberacionistas realmente deficientes y corruptos.  La crítica interna tiene que ser dura y franca. Si hay dirigentes inmaduros que no la soportan, la renovación es imposible. Si no hay humildad para asimilar el ácido de cuestionar decisiones y acciones que han sido gravosas para el país y para el partido, no hay forma de recuperarse. Digámoslo sin eufemismos.   El partido  en los últimos tiempos, no ha estado dando la talla, es decir a la altura de satisfacer las demandas de la ciudadanía. Por eso es que se quiere renovar y mejorar. En la última Administración, para citar solo una, la mayoría de  los electores quedaron claramente desencantados. Fue la decepción de ellos, la que posibilitó, entre otros factores, el ascenso del Gobierno de Luis Guillermo y del PAC.  La gente votó esencialmente contra el PLN. Quería un cambio.  El electorado buscó la sustitución del PLN porque no lo estaba haciendo bien. Lastimosamente el sustituto fue peor.

Se debe entender además,  que algo nuevo está por aparecer, que quizás sustituya el sistema de partidos. Si todavía hay pensadores en Liberación Nacional, ellos deben poner atención al alumbramiento, que en el ámbito  político se pueda producir en el futuro. Ninguna forma organizativa es eterna.  Las sociedades cambian y con ellas sus organizaciones. En nuestro país, cambió, por ejemplo, la economía. Los sectores y las actividades se diversificaron. Eso fue un gran avance. Pero la representatividad de muchos de los sectores nuevos,  posibilitó la fragmentación del modelo de hegemonía bipartidista. Liberación Nacional pareciera que no ha sabido ni cobijar la representación de toda esa nueva gama de sectores, ni tampoco ha sabido articular la convivencia democrática productiva, con los nuevos factores de poder representativo. Se ha quedado mudo frente al multipartidismo. Se lo comió la nueva realidad política. Eso exige que en la renovación se defina, cuáles son las características que debería asumir el Partido en esta nueva época. Es decir; ¿cómo debe estructurarse, cuál debe ser la nueva forma, como debe ser su función de representación, cómo debe integrarse, como debe organizarse, cómo debe funcionar, cómo deberían ser sus líderes, cómo debe expresarse, de modo que realmente represente a la sociedad política adecuadamente. Todas esas preguntas deben  responderse mediante un ejercicio auténtico,  libre, sin ataduras y sin pensar, lo digo con todo respeto,   quién debe ser el candidato presidencial para las elecciones del 2022.   Con el picadillo de intereses que se ven a la distancia, y la falta de ejes políticos claros,  que unan a sus militantes y simpatizantes,  pareciera que será muy difícil.

Continúa…

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