¿Cuál es el futuro del PLN? – Parte III

Este artículo forma parte de un documento que contempla cinco partes, cuya temática general es analizar el futuro del Partido LiberaciónNacional (PLN) a la luz de la trayectoria política de la organización en el contexto del país. Por su relevancia, actualidad y conocimiento del autor, LaRevista considera importante para el lector recibir este tipo de información.Para los efectos, estaremos publicando todos los días martes un capítulo del trabajo de Walter Coto Molina, ex Secretario general de ese partido y ExPresidente de la Asamblea Legislativa. La Revista

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Walter Coto Molina. 

El Partido dejó de “leer la calle”.

Señalo a continuación otras causas, que tienen al Partido muy debilitado.

Liberación Nacional ha estado teniendo un desencuentro con la sociedad, y no ha estado resolviendo desde sus gobiernos  los problemas más apremiantes del país. Por ejemplo, la creciente desigualdad, ni su estandarte, la lucha contra la pobreza.  La causa de ello, es que  el partido  dejó de “leer la calle “, y se desprendió de una clase media que le impregnó consistencia, coherencia, acción y hasta capacidad política. Cuando digo  que dejó de leer la calle, debe entenderse, que se refiere tanto de la ciudad, como del campo.  Se desconectó de los movimientos sociales. Se desequilibró internamente cuando empezó a separarse de la organización comunal, de trabajadores, de cooperativistas, de los educadores,  del sector público, de la cultura, de los deportes, de los sectores empresariales medios, de nuestros agricultores, en fin de colectivos que debatían y enriquecían las deliberaciones internas del Partido.  La razón de esa desatención deriva de un marcado sesgo oportunista, y de la ascensión del tecnicismo egocentrista, y de los grupos de interés y de presión que poco a poco fueron coaptando por medio de distintas herramientas, una de ellas, la financiera, las posiciones y determinaciones de política gubernamental. Liberación Nacional se entregó a factores fácticos de poder económico, que no fueron los que definieron su identidad al nacer como partido. El lobby financiero se ha tragado al partido desde hace rato.

Se aisló en la meritocracia, que no siempre es signo de capacidad política, y que al contrario,  muchas veces es símbolo de prepotencia.  No es necesariamente políticamente conveniente,  que alguien por ser gerente de un Banco termine siendo Ministro de Finanzas, sin estar cultivado en el ideario del partido, cuando lo tiene, como tampoco que alguien por ser peón de una campaña, acceda a puestos de altísima responsabilidad, sin la preparación cognitiva adecuada. Al amparo del mero tecnicismo, reflejo de intereses minoritarios muy puntuales, ciertos grupos de presión fácticos ocultos pero efectivos, se han ido apropiando del Partido.  Como consecuencia de ello, Liberación Nacional se concentró más en las necesidades e intereses de esos grupos, sustituyó su capacidad de leer la calle, por una lectura parcializada de esos intereses, y dejó desaliñada su vocación de ser una agrupación política nacida para velar y propiciar el bienestar para todos los costarricenses.   El partido empezó a ofrecer trato privilegiado a ciertos sectores, especialmente vinculados a la gran economía,  en demérito de los equilibrios que deben resguardarse para todos, en una sociedad de bienestar y democrática, y con ello, sin darse mucha cuenta, comenzó a profundizar el ensanchamiento de las desigualdades, que son más agobiantes y peligrosas que la misma pobreza.

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Resulta entonces fundamental que el Partido re-defina su relación con los grupos de poder y de presión. Ese es un tema  central y  absolutamente  prioritario. ¿De qué  vale al Partido escribir de nuevo buenas intenciones programáticas e inspiradores propósitos ideológicos, si cuando llega al Poder, su trabajo está en función esencialmente de los grupos de interés que lo coaptaron desde la campaña?   Que se entienda lo que quiero decir. El partido debe reivindicar su compromiso de ser un instrumento para trabajar, para todos los costarricenses de todos los sectores y con todos ellos. Restablecer ese compromiso y esa conciencia de equilibrio es fundamental a la hora de reconstruir el Partido. Repensar y renovar la manera de relacionarse con los grupos de presión es no solo una necesidad axiológica, sino de sobrevivencia política. A  esta reflexión en lo personal le doy la máxima importancia. El partido tiene que auto-pensarse para dejar de ser carcelero de  poderes y grupos ocultos que lo secuestran desde la campaña, para que les sirva a ellos posteriormente desde el gobierno. Me refiero a grupos de todo tipo.  Hay que reivindicar la naturaleza de servicio íntegro e integral del Partido Liberación Nacional para todos los costarricenses. Ese es el gran desafío. Los líderes liberacionistas tienen que tener ese compromiso bien interiorizado. No se vale ser candidato del Partido Liberación Nacional para ser rehén de  grupos poderosos de presión, sean quienes sean, y luego llegar al Gobierno para ser embajador de  intereses particularizados, a menudo distanciados del bienestar nacional. Tampoco debe ser rehén de organizaciones sociales ni sindicales de ningún tipo.  El Partido debe relacionarse con todos, debe volver a visitar las grandes barriadas del país, debe encontrar en todos los sectores su vocación de socios en la construcción del país, entender mediante el diálogo productivo y responsable sus demandas y necesidades, compartir con ellos las ideas y proyectos, ir a sus asientos y a sus hogares, y debe tener relaciones inteligentes y provechosas con todos los sectores productivos. Por no saber leer la calle, quizás  el Partido parece más insensible e indiferente a las necesidades de la gente,  e incapaz de recoger las demandas ciudadanas y transformarlas en propuestas políticas viables y concretas. Negar la posibilidad de dialogar con los sectores sociales y de trabajadores, para solo articular propuestas con los sectores más aventajados del país, es una pésima estrategia y una traición a la vocación de equilibrio social que profesó el partido como proyecto político nacional.

El Partido ha tomado decisiones por acción o por omisión equivocadas.

Se dirá que Liberación Nacional ha acertado en muchas de las decisiones tomadas en el pasado. Eso es cierto, y no vamos a inventariarlas porque están registradas en la historia. Ha hecho grandes aportes.  Ellas han sido también claves, en los éxitos electorales que Liberación Nacional ha tenido a lo largo de su vigencia política.  Pero cuando un  Partido tiene problemas, hay que revisar qué se ha hecho mal. Hay que ser valientes, críticos constructivos y objetivos para reconocer los errores. Si un Gobierno  sale mal percibido, justa o injustamente, hay que evaluarlo y si es necesario aceptarlo con valentía. Lo digo, no por molestar a nadie, sino  porque no es bueno para los procesos de rectificación ser complacientes para auto-engañarse. En mi opinión,  se han cometido errores graves que la población reciente. Se han inaugurado obras  que ni se han construido, se han dilapidado fondos públicos por corrupción, o por desidia, que ha ensombrecido la eficiencia que la gente espera de sus gobiernos. Se han postergado reformas estructurales que el país requiere por complacer a  sectores influyentes o sociales. Se han efectuado y permitido negociaciones de privilegios y prebendas realmente injustificables en el sector público, que enfadan con razón a quienes pagan sus impuestos y los servicios públicos.  Se han generado abusos en la gestión administrativa del Estado,  faltando a la transparencia.  Se ha desestimado el compromiso del Partido desde el Gobierno con el agro, territorio donde se encuentra aún la mayor reserva moral del país. Se ha privilegiado desde el Gobierno algunos sectores, y ha habido complacencia con fuerzas empresariales,  que no contribuyen como deberían con la fiscalidad del país.   También hubo equivocaciones en el cierre del ferrocarril, por más que se esgriman argumentos para justificar esa decisión. Se ha evitado y hasta abortado  el aprovechamiento de  recursos naturales estratégicos que Costa Rica tiene, por falta de información y  explicaciones convincentes a la población. Se ha incrementado el gasto más de lo debido. Muchos de los errores derivan de la pérdida de la autocrítica interna. Los miembros que son críticos porque quieren que se mejore el Partido, son tildados de  “malos “liberacionistas”. Hay gente entonces que se ha acostumbrado a no andar recta, sino a caminar agachada por el oportunismo.  Mantenerse vertical,  e íntegro, sin prepotencias y sin egos, fiel a su conciencia y a las ideas políticas es una experiencia tremenda, que debe impregnar a toda la organización que desea renovarse.

 

El Partido se mostró prepotente,  y algunos dirigentes lograron separarlo de los sectores sociales.

Una equivocación del Partido, estriba en haberse sentido políticamente auto-suficiente y hasta prepotente, en el contexto de una realidad política que no ha sabido comprender, dominada por las disfuncionalidades y la emergencia de nuevos actores.  Los líderes del Partido no han sabido construir una estrategia de compartir el poder sobre la base de una propuesta,  como lo señalé en varias publicaciones, cuando años atrás indicaba, que la atomización político-electoral del país, no debía verse como una calamidad, sino como una oportunidad. El nuevo escenario es para construir con humildad e inteligencia estratégica programas conjuntos con otras fuerzas,  para llegar a los gobiernos a resolver los graves problemas, pero sin quedar escurridos.  Así se hace, por ejemplo en Europa. El Partido no ha sabido tomar decisiones a priori cuando va  a elecciones nacionales, y se sigue escuchando en los pasillos del Balcón Verde las voces de aquellos que creen en ganar solos, que solo el PLN sabe gobernar, y peor aún gobernar en solitario.  Esa prepotencia electoral y política le ha pasado también factura al Partido. El Partido parece no entender que ahora no se trata de conquistar el poder, sino de orientar desde el poder, que la gente no quiere ser solo gobernada, sino gobernante, ni simplemente representada, sino participante. Se ha olvidado que la exclusión y el matonismo en la actividad política,  más temprano que tarde se paga también políticamente.  Adicionalmente Liberación Nacional fue separado por algunos dirigentes de su cordón umbilical, es decir, de los sectores sociales que lo mantuvieron erguido por largos años. Me refiero a los cooperativistas, a las organizaciones comunales, a los educadores, a los obreros, a los profesionales, a los campesinos,  entre muchos otros.  Ahora más bien hay representantes del Partido que mantienen un lenguaje hostil para los trabajadores, y  hasta despectivo,  los ven como meros gastos, como pura materia prima, como desechos, no guardando el mismo trato por ejemplo para las grandes empresas y personajes poderosos que ni siquiera pagan sus impuestos al fisco, a pesar  que visiblemente se les ve la opulencia y la prosperidad por todos lados. Conste que lo que me parece injustificable es que el viraje del Partido haya sido tan desproporcionado. A menudo las posiciones y decisiones de ciertos dirigentes dejan la impresión, que solo miran para un lado, haciendo que el partido de los equilibrios se convirtiera en la agrupación de los desequilibrios. Esa postura del Partido no es obra de su militancia. Es más bien el rumbo que le imprimieron ciertos dirigentes nacionales, que  vomitaron los más nobles principios y valores que justificaron la creación del exitoso proyecto político liberacionista.

El PLN perdió capacidad de estudiar a fondo los problemas nacionales.

En la década de los noventa cuando estuve activo en política partidaria, y ejercí el cargo de Secretario General, con gran entusiasmo inauguré el Instituto de Formación Política Rodrigo Facio, porque siempre creí en la enorme importancia de la formación política, que dicho sea de paso, conviene para todos los partidos. Sin formación política, lo que hay son ocurrencias.  Posteriormente creamos el Instituto de Investigaciones Políticas José Figueres Ferrer, y  el Fideicomiso Francisco J. Orlich.  Siendo Secretario General del Partido visualizaba la necesidad de contar con tres columnas esenciales para el porvenir de la Organización. Esas columnas eran la Formación Política, la Investigación, y el Financiamiento auto-sostenible. El Instituto de Investigaciones y el Fideicomiso desaparecieron y el de Formación Política no sé cómo estará.  La falta de estudio y de formación política ha pasado factura.  Ha convertido al PLN en un partido   mediocre, y  los partidos mediocres producen gobiernos mediocres. Así han sido nuestros últimos gobiernos.  Sin estudio y sin formación, Liberación  Nacional dejó de mirar las estrellas, y  se casó con las sombras y no con el sol, se quedó en los deseos, y perdió los propósitos país. Se volvió prepotente y se creyó imbatible, hasta que el electorado lo tumbó desde la primera ronda. Los que reprochan el abandono del candidato en la segunda ronda en el 2014, no se dieron cuenta que el muerto ya estaba bien muerto desde la primera ronda. Sabiendo esa realidad,  nunca entendieron la necesidad de usar la segunda ronda para buscar una salida inteligente y decorosa.

El partido ha confundido lo principal con lo esencial. Cierto que es una actividad  principal, la lucha electoral, pero nunca puede ser ella su actividad esencial. Lo esencial es prepararse para  gobernar con excelencia, y servir eficientemente y con honestidad  al pueblo.

No tiene sentido ganar elecciones, para perder el partido, si luego hay que perder las elecciones, para recuperar el partido. La nueva política exige más que nunca, idoneidad, competencia, honestidad y vocación de servicio,  para todos quienes deseen ser funcionarios del Partido y de Gobiernos.

El partido no puede responder al presente con dirigentes que hayan perdido autoridad moral para conducir el país, y que hayan abandonado la capacidad de estudio. Hay dirigentes del Partido que los he oído decir,  que ya no son capaces,  ni de leer diez páginas de un documento, porque es mucho.  Al no haber debate, al castrarse  la deliberación y la confrontación inteligente en su interior, como un ejercicio permanente, se quemó la leña y el fuego se apagó. Cuando se apaga el fuego, sobreviene la oscuridad. Al no haber luz, no hay camino, no hay sueños, y desaparece el motor de la historia, constituido por aquel deseo profundo de construir el partido y el país que la población desea.

El PLN le dijo adiós a la conciencia del voluntariado y a  la sana confrontación.

La pérdida del voluntariado, es uno de sus efectos. Mucha militancia perdió el enamoramiento. Ahora todo se paga y todos quieren paga, y en esa circunstancia no hay presupuesto que alcance. La burocracia partidaria se instaló a granel cómodamente. El ideario noble y comprometido se disipó en favor de quienes solo aspiran a enriquecerse,  usando el partido en los procesos electorales y en  sus gobiernos. Igual que en otras tiendas. El partido positivamente revolucionario se convirtió en dócil. Hubo dirigentes que se empeñaron en que  nadie pensara, y que solo obedecieran.  La tolerancia en el verbo,  se convirtió en  intolerancia en los hechos. Quien discrepara no era el hermano reflexivo, sino el enemigo a eliminar. Es fundamental volver a la formación y capacitación política de los miembros del Partido para fortalecer también un nuevo voluntariado.  Es imposible pensar en serio en la renovación, si no hay investigación, debate, análisis, y  confrontación franca, directa y sana de las ideas. Hace falta el libre pensamiento en el Partido.

Pero no se trata solamente de trasmitir conocimientos, sino de trasmitir valores, y lo más importante de interiorizarlos. El Partido tiene que volver a pensar también con el corazón. Me gustó el aporte de un grupo de jóvenes a la Teletón. Debe crear nuevos usos para combatir los abusos. El Instituto de Formación Política Rodrigo Facio podría ser el corazón del nuevo Liberación Nacional. En él tiene que fraguarse los líderes de una nueva generación, que entiendan que vivimos en una sociedad fragmentada, donde se requiere capacidad de articulación, de integración y de orientación.  Donde se sustituya el fanatismo por el patriotismo.

En la siguiente entrega aludiré a otras razones que han debilitado al Partido Liberación Nacional.

 

Walter Coto Molina es Abogado, catedrático, ha sido Secretario General del PLN así como Diputado y Presidente de la Asamblea Legislativa.

 

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