¿Cuál es el futuro del PLN? – Parte IV

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Walter Coto Molina

Otras razones que en mi opinión han debilitado al partido son:

Poca política de lo concreto y de propuestas de solución real a los problemas de la gente.

Liberación Nacional dejó de formular proyectos concretos. No ha sabido entender, que los habitantes están cansados de escuchar mensajes de  compromisos con la educación, con la salud, con la infraestructura, con los agricultores, con el ambiente, con las energías limpias, con la seguridad social, mensajes que se repiten constantemente, sin que alcancen la envergadura de proyectos realizables, que puedan ser medidos durante el ejercicio del poder o de la representación política. Ese lenguaje sigue siendo  demasiado general y lo trasmiten todos los partidos.  Por tanto no sirve para singularizarse. La gente lo que quiere son resultados concretos.

Liberación Nacional ha caído excesivamente en la política de lo abstracto. La sociedad más bien desea, que se le diga, cómo y por medio de qué proyectos, se van a resolver los problemas existentes. En qué consiste el proyecto, cuánto cuesta, de dónde vendrá el dinero, en qué plazo se realizará, y como se va a evaluar. Tan simple como eso. Vuelvo a lo mismo.  Asistimos a la sociedad de los hechos, más que del verbo.  Es la sociedad de lo tangible,  de lo medible, la que aprecia la solución de los problemas. El Partido que siga hablando y hablando, predicando y predicando sin capacidad resolutiva y ejecutiva está fuera de época. Esta no es solo la sociedad de las aspiraciones, es sobre todo la sociedad de las realizaciones. No es traduciendo la ideología en palabras que se va a ganar terreno político. Para ser creíble hay que formular y realizar proyectos concretos, tangibles y medibles, que satisfagan el interés nacional y las necesidades de la población.

Me explico;  no es  porque el Partido defina en un Congreso, que asume solemnemente el compromiso de universalizar el régimen de pensiones de vejez, que entonces se puede auto-proclamar  defensor de las pensiones universales. No es así.  Es por medio de los proyectos que “ te conoceré, no a través de tus proclamas”. Dime cuáles son tus proyectos concretos y te diré cuáles son realmente tus compromisos y la sociedad que deseas construir. Un partido, por ejemplo,  que muestre preocupación en sus textos, por la carencia de miles de adultos mayores en el país que no tienen pensión, pero que se haga de la vista gorda, y no le interese formular o apoyar decididamente un proyecto concreto e innovador, que busque  resolver esa problemática, es una organización  que en los hechos carece del compromiso que pregona.

Perdió la capacidad de imaginar y de innovar.

Uno de los hallazgos más determinantes, es que el Partido dejó  de imaginar, y sin ello, no puede haber innovación, ni solución sería a los problemas del presente, ni menos tener visión de futuro. Einstein decía,  que en época de crisis es más importante la imaginación que los conocimientos. Se perdió esa capacidad de soñar. No solo ha faltado estudio, capacitación y formación, sino también imaginación. Un partido que no innova, no se renueva. Cuando hay crisis, hay que apostar a la imaginación para salir de ella. Hay que inventar nuevas rutas para superar los viejos problemas. Hay que apostar a nuevos paradigmas.  Hay que trabajar con el pensamiento lateral. El partido ha estado ayuno de encontrar nuevas fórmulas, para resolver los problemas permanentes que lo están atorando. Más sintomático es, que cuando aparece alguna idea realmente imaginativa,  de algún miembro, o de algún ciudadano, el Partido no la toma en serio, se vuelve indiferente, y no sabe capitalizarla en beneficio de los habitantes. Se acude por ejemplo, al mismo librillo de los paquetes fiscales de cada cuatrienio. Nada creativo.  Los soñadores se atragantaron. Se los comió la coyuntura y los editoriales y páginas primarias de los medios de prensa y de organismos internacionales, que están poniendo la agenda política nacional. Nuestros líderes consumen a diario los hechos noticiosos, y solo atinan a reaccionar sobre ellos.  Los partidos en Costa Rica, incluyendo el PLN,   en los últimos tiempos no han imaginado nada serio de su propia cosecha, que resuelvan los problemas del presente. Algunos dirigentes sueñan con Singapur, con Malasia y con los Nórdicos, pero son incapaces de imaginar y abstraer de la realidad nuestra,  las ideas o propuestas que procuren  solución a los problemas existentes. El Partido debe dejar de pensar en cabeza ajena.  Por ahora está haciendo muy  poco en esa dirección.

Perdió la capacidad de seleccionar su mejor capital humano.

Liberación Nacional está jugando hace rato  con un porcentaje alto de los jugadores de siempre. Basta observar sus dirigencias a nivel nacional y en todos los cantones del país. Hay poca renovación. Por eso satisface ver algunas nuevas caras en la Asamblea Legislativa que pudieran ir  forjando liderazgo. Ojalá que se preparen bien y no se precipiten, porque gobernar es sabiduría y la experiencia es entre otros,  un factor que la forja.

También se percibe que el Partido no atrae talento exterior. Les da miedo y terror a los de adentro, que lleguen nuevos cuadros de afuera. Y si llegan se les estrecha, se estigmatizan,  y se les sospecha. Hay poco trabajo para reincorporar a gente  valiosa que se fue del Partido con razones muchas veces bien fundamentadas.  En muchos casos no son las personas las que se han alejado del partido, sino el partido el que con sus decisiones, se ha alejado del ideario que justificó la presencia en el partido de quienes se han ido.  Si un militante llegó a Liberación Nacional atraído por la lucha por la pureza del sufragio de 1948, y esa persona es víctima de fraude electoral cuando participa,  es muy razonable que no quiera continuar en una organización que lo defraudó, en especial cuando las autoridades superiores no hacen nada para castigar a quienes incurrieron en esos actos. Algunos para defender lo indefendible, dicen que una cosa es el partido,  y otra los dirigentes. Eso no es tan cierto. Un  partido es lo que son esencialmente sus miembros. El partido en abstracto no existe.

El partido se palanganeó y se desequilibró.

Liberación Nacional dejó huella en el pasado, porque sus líderes supieron tomar decisiones  firmes, muchas veces contundentes y arriesgadas, la mayoría acertadas, que marcaron rumbo en la dirección que conceptualizó  el nacimiento de su organización. Don Pepe tuvo la firmeza de construir un acuerdo con Manuel Mora, Rafael Ángel Calderón Guardia, y Monseñor Víctor Manuel Sanabria para mantener garantías sociales, promulgación del Código de Trabajo y seguros sociales. Su acuerdo fue para comprometer políticas públicas en favor de las mayorías, no de las minorías.  Don Pepe y sus acompañantes  además sin mucho titubeo tomaron   decisiones, como la abolición del ejército, la nacionalización de la banca, y la creación de la Segunda República y posteriormente hasta  las relaciones con la Unión Soviética en momentos en que ese acto político era un sacrilegio para muchos. Incluso en los  años ochenta y noventa, algunos dirigentes liberacionistas tomaron decisiones firmes en beneficio de los habitantes. El mismo Oscar Arias y su Cancillería de entonces,  tuvieron la valentía de enfrentar intereses guerreros, para conquistar un acuerdo de paz en Centroamérica. Pero después el Partido se ha palanganeado. Igual pasa con las demás agrupaciones. Se derritió la firmeza para atender los problemas de las mayorías,  que nace de la convicción profunda en lo que se cree.  Nótese que hablo de firmeza en favor de la población, no de  políticas gravosas contra ella. Hay una ambigüedad perniciosa, una tibieza, y un miedo a marcar rumbo, con convencimiento íntimo. De repente por la falta de estudio, y por excesivos cálculos de campanario, el Partido se ha quedado mudo en muchos acontecimientos nacionales sobre  los cuales debe asumir posiciones.  No se trata de decir que se lucha contra la injusticia,  se trata de construir definiciones claras por medio de proyectos concretos,  para que esas frases no sean vacías. El Partido le ha restado  importancia a imaginar en cabeza propia, y en formar carácter y determinación para asumir con voz propia, repito con vos propia, posiciones sólidas frente a los problemas nacionales. A menudo parece una gelatina,  y se escabulle entre propuestas insulsas de otras formaciones. Si Liberación Nacional desea renovarse, debe superar el ambiente político interno de superficialidad.  Liberación Nacional no nació para complacer editoriales de turno, se fundó para construir un país democrático, justo, de oportunidades, de respeto a los derechos humanos,  al  desarrollo sostenible, a una fiscalidad justa para todos.  Liberación no es una fuerza que deba temer, es más bien un partido que debe convencer. No debe ser parte de la política del miedo, sino de la política propositiva.  Hoy el país tiene demasiados problemas cancerosos, que no solo se resuelven con ideas, sino sobre todo con carácter y con firmeza en la toma de decisiones. Simplemente a  modo de ejemplo, el Partido tiene que decidir si le conviene al país seguir con una legalidad político administrativa actual,  que no responde a la nueva realidad, y si más bien debe impulsar y abanderar una nueva organización que sea más simple, democrática y eficiente. Liberación Nacional tiene que fijar una posición de si creando más impuestos, va a ser posible seguir manteniendo 335 instituciones públicas en un país tan pequeño como el nuestro. El Partido va a tener que fijar posiciones acerca de si el Estado va  a poder  seguir manteniendo el caos existente en los diversos regímenes de  empleo público y en los regímenes impositivos y de pensiones.  Liberación Nacional va a tener que decidir si avanza al sistema parlamentario, o si mantiene el presidencialismo, o lo modifica. Va a tener que decidir si se compromete con el proyecto de  canal seco verde, que podría representar un motor económico monumental en el país, o no.  Va a tener que decidir con claridad si se compromete con el salto cualitativo digital que necesita el país, y que mejoraría varios puntos el PIB.

La desigualdad en el país se ha ensanchado, y ese rumbo no responde a  las  razones prístinas del nacimiento del Partido Liberación Nacional. En Liberación Nacional hay muchos empresarios que tienen el ADN de los equilibrios sociales, y que apuestan por ello, pero con la exigencia de que las cosas funcionen. La política inclusiva hay que practicarla también desde adentro. Las autoridades del Partido tienen que atender a todos los grupos liberacionistas.  No es conveniente que se siga reproduciendo el ostracismo político, para quienes en un momento determinado no suscriben una determinada candidatura sea local o nacional. No a las concentraciones de poder que generalmente excluyen. Las autoridades del Partido deben tomar en cuenta a todos los sectores, y a todos los liberacionistas. Tienen que cobijar a todos. Nadie debe ser discriminado porque no forma parte de los acólitos de una determinada nominación para un puesto. Quienes excluyen desde adentro, terminan excluyendo a sectores de costarricenses cuando ejercen el poder.  Los liderazgos de hoy se ganan articulando, cohesionando, sumando, y convenciendo, no excluyendo, ni dividiendo. Renovar no es excluir, es integrar. La fragmentación no es un perjuicio, es un reto. Por supuesto que tampoco cabe alcahuetear a quienes no cumplan las exigencias éticas y políticas del Partido

El partido no está estudiando a fondo el nuevo mercado político electoral del país.

Un liberacionista objetivo tiene que concluir que el Partido se ha achicado porcentualmente. Hoy es  menos de un  23 % del electorado. Ya no es aquel 31 y 33 % y más del pasado, que buscaba 4, 5, 7 y  8 puntos para garantizarse sobrepasar  el 40 % en las elecciones nacionales, la mayoría de veces en un escenario de bipartidismo. Esta nueva realidad demanda que Liberación Nacional debe salir al “mercado electoral” a buscar alianzas y electores que sean cercanos a sus propuestas, y a sus valores generando confianza. Pero para eso tiene que tener propuestas, que en honor a  la verdad pareciera que no las tiene, pues el electorado no las identifica con claridad.

Hoy más que nunca el Partido debe vender en la competencia electoral, confianza, líderes equilibrados, valores, proyectos concretos, nuevas ideas, nuevos líderes, y en especial nuevas actitudes y modos de gestión que, dicho sea de paso, han sido tan criticados en el pasado reciente. El PLN tiene que ponerse a la altura de la era tecnológica. Todo ha cambiado.  Llegar al 40 %  hoy es una tarea ardua.  La pregunta es: ¿tiene actualmente y objetivamente el partido,  todos esos ingredientes para disputar, por ejemplo, los nuevos procesos?  ¿Será capaz el PLN de escoger a candidatos y candidatas, con un líder presidencial, que generen suficiente confianza en todos los ámbitos de su liderazgo político, para consolidar en los hechos, la prédica de la renovación y la reconstrucción de un país que no está bien?  Si no fuera así; ¿cuál sería entonces el plan?

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El nuevo escenario de competencia electoral  implica disputas con otras agrupaciones que trabajan en espacios muy similares, que otrora fueron cómodamente servidos por el PLN. Partidos como el PAC, que en un santiamén ha llegado dos veces seguidas al gobierno. Nuevas fuerzas como Restauración Nacional que ha irrumpido con fuerza en el ejercicio del Poder Legislativo. Partidos que tuvieron fuerza legislativa y que han desaparecido del Congreso, como el Movimiento Libertario. En fin yo no sé, si Liberación Nacional está estudiando realmente los factores de volatilidad electoral nacional,  para determinar que no le afecten. A la distancia no veo que ese ejercicio se esté efectuando.

De todo lo dicho en los acápites anteriores, se desprende  que en ese nuevo mercado electoral que tiene el país,  el Partido para renovarse, es decir reinventarse. En ese contexto debe discutir entre muchas cosas,  nuevas formas de relacionarse con la ciudadanía, debe repensar cómo usar las nuevas tecnologías para hacer más eficiente su trabajo político en el siglo XXI, pues vivimos en una sociedad conectada como nunca, por tanto una sociedad espiada y desde luego controlada. Debe reflexionar también acerca de la manera de elegir a sus candidatos en todos sus niveles, escogiendo a los mejores, con parámetros que de verdad  garanticen calidad en la representación, debe plantear nuevas maneras para fortalecer el debate interno, concebir formas distintas y transparentes para relacionarse con los factores fácticos de poder existentes en la sociedad, cómo financiarse sin comprometer el ideal ecuménico del partido, por ejemplo, definiendo con claridad a quién quiere representar, debe instaurar diferentes formas de gestión de lo público y de lo político, en fin, debe pensar cómo organizar certámenes internos de innovación en el campo político que den frescura permanente a su mensaje, en algún momento indiqué que el Partido podría organizar una vez al año, una especie de TDX de ideas políticas innovadoras.  Debe discutir cómo recuperar la transparencia, la ética y la responsabilidad política, y  el tipo de liderazgo que requiere  Costa Rica, la forma incluso, como se desarrollan las llamadas convenciones internas.  Es necesario que el Partido  derive identidad de dos, tres, o cuatro propuestas transformadoras  de orden estructural que el país está requiriendo. Esos son algunos de los temas críticos de discusión, útiles para   la renovación.

Empero, lo esencial es que la renovación del partido, sea un acto de compromiso personal de cada miembro. Hacer el  trabajo político con nobleza,  responsabilidad, honestidad y firmeza, puede ser sin duda, la contribución más significativa, que cada quien puede dar a ese colectivo político para su renovación.

Se renueva la organización si yo me renuevo. En una época de dificultades, decir las cosas con honestidad, es un acto de renovación.

Si de verdad hay líderes que desean la renovación del Partido, tienen que empezar a crecer por su cuenta. Ese crecimiento es primeramente interno.

Se le percibe sin proyecto político.

El modelo de desarrollo nacional  es otro tema.  En ese campo en el pasado Liberación Nacional hizo grandes aportes,  pero no todo ha sido tan bueno. Muchas decisiones forjadas a partir del modelo que empezó con los programas de ajuste estructural  aún deben corregirse y hasta suprimirse. Un Partido serio examina y evalúa constantemente los modelos, o mejor aún, los crea en cabeza propia, no simplemente los acepta como si estuviesen escritos en piedra.

El PLN tiene un problema muy serio, que tiene que ver con la percepción, que en política como en otras cosas,  es fundamental. Liberación Nacional actualmente es visto por la gente  como un partido sin un proyecto político definido. Nadie lo asocia ya a ninguna idea clave que marque diferencia. Tampoco a ninguna propuesta esencial que lo singularice  hacia el futuro. Su lenguaje y sus compromisos son iguales o próximos a otras fuerzas políticas, y no ha hecho ningún esfuerzo serio por ser percibido de modo distinto en el concierto de la política del presente. Está homogeneizado para bien o para mal, más para mal. Los ciudadanos, especialmente los jóvenes,  solo lo diferencian por el nombre, no por su proyecto político. La historia es  historia.  ¿Cuál es el proyecto político del Partido? ¿Cómo singularizarlo de otras fuerzas políticas? ¿Cuáles son las propuestas fuerza actualmente de Liberación Nacional, así percibidas por la gente?

Yo sinceramente no las veo.  Pareciera que el partido hace tiempos  va en dirección de administrar el país y no de  transformarlo.

El Partido ha disminuido muchas de las capacidades que en el pasado fueron  sus fortalezas. Disminuyó  capacidad de comprender la sociedad de hoy con todos los cambios sociales, económicos, y tecnológicos que son impresionantes. También le ha faltado claridad para leer correctamente el mercado electoral nuevo que presenta el país. Liberación Nacional es  hoy un partido entre muchos otros,  y juega en un terreno que es muy competitivo y con muchas ofertas.  Por otra parte,  no ha hecho un esfuerzo por establecer un método y definir el perfil de su capital humano. Ralentizó  también la capacidad  de legislar y de proponer ideas para las nuevas realidades y necesidades, para garantizar el bien común y se convirtió en caja de resonancia de algunos intereses corporativos. Ha perdido la capacidad de gobernar,  al disminuir el empuje emprendedor y el objetivo de transformar realmente la realidad.

Quizás sea  cierto que hace años que Liberación se quedó administrando, en vez de impulsar una gran tarea de transformación nacional. Pasó de ser el partido transformador,  a ser una agrupación conservadora.

¿Cuál es entonces el futuro del Partido?  Ensayaré algunas repuestas en el último artículo de la semana entrante.

 

Walter Coto Molina es Abogado, catedrático, ha sido Secretario General del PLN así como Diputado y Presidente de la Asamblea Legislativa.

 

 

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