Dalia Marin: El nuevo motor de crecimiento de Alemania orienta

Eastern Germany has suffered from three decades of deindustrialization since the collapse of communism, largely because of poor policy decisions. But by becoming an electric-vehicle powerhouse, the region can help to drive Europe's green transition and secure its own future prosperity.

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by Dalia Marin

MÚNICH – Esta semana, Alemania celebra el 30.º aniversario de su reunificación. Tras años de frustración y tristeza, el largamente deprimido este del país (la ex República Democrática Alemana, RDA) ve renacer las esperanzas, gracias a cuantiosas inversiones en la fabricación de vehículos eléctricos.
Alemania oriental va camino a convertirse en el centro europeo de la futura movilidad eléctrica. Volkswagen ya está produciendo en Zwickau y Dresde su auto eléctrico ID.3; BMW hace lo mismo con el modelo i3 en Leipzig, y le comprará a la empresa china CATL celdas de baterías que esta fabricará cerca de Erfurt en Turingia. Otra empresa china, Farasis Energy, hará celdas de baterías para Mercedes‑Benz en el estado de Sajonia‑Anhalt. Además, el año pasado Tesla anunció planes de producir autos eléctricos y baterías en una nueva «gigafábrica» en Brandemburgo, cerca de Berlín.
¿Por qué todas estas empresas se mudan a Alemania oriental, y por qué ahora? El costo salarial en la región es alto (sobre todo en comparación con Europa del Este) y eso siempre le restó atractivo como destino de inversiones. Pero hace poco, dos anuncios oficiales cambiaron esta dinámica.
En primer lugar, en febrero de 2019, el ministro de economía alemán Peter Altmaier reveló la «Estrategia Industrial Nacional 2030», que entre otras cosas, promueve la fabricación de baterías en Alemania y otras partes de Europa. Su anuncio se suma a la medida tomada en 2017 por la Comisión Europea de formar la Alianza Europea para las Baterías, con el objetivo de crear un sector productor competitivo en Europa. Luego, en 2019, la Comisión introdujo Battery 2030+, una iniciativa a largo plazo que reúne a instituciones científicas, industriales y de financiación pública.
Estos compromisos de la Unión Europea y del gobierno alemán iniciaron un proceso de conglomeración en el que las políticas públicas alientan a los fabricantes de vehículos eléctricos a radicarse en Alemania y en otros países europeos, con lo que podrán estar cerca de otros fabricantes y de los centros de producción de insumos esenciales para baterías.
Luego está el Pacto Verde Europeo, presentado por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que busca ayudar a las regiones a abandonar el carbón; esto incluye la provisión de subsidios para mitigar el impacto económico. Alemania tiene algunos de los mayores yacimientos de carbón del mundo, dos tercios de los cuales se hallan en los estados orientales de Sajonia y Brandemburgo. Los fondos de la UE provistos conforme al Pacto Verde permiten a los estados alemanes orientales ofrecer grandes subsidios para atraer a fabricantes de vehículos eléctricos a la región.
El compromiso del gobierno alemán con el auto eléctrico, sumado a las transferencias financieras de la UE, ha dado a Alemania oriental una nueva oportunidad de reindustrializarse y generar prosperidad y orgullo. Y conforme las automotrices relocalicen sus cadenas de suministro, más empresas se mudarán a Alemania oriental. Los vehículos eléctricos de producción nacional se abaratarán por el aumento de competencia entre fabricantes y el hecho de que ya no será necesario importar baterías de Asia. Finalmente, el aumento de la demanda local de mano de obra elevará el nivel de ingresos.
Lo ocurrido es importante. Tras la caída del comunismo, Alemania oriental padeció tres décadas de desindustrialización, en gran medida como resultado de errores políticos. Antes de la reunificación en octubre de 1990, el gobierno de Alemania occidental decidió liberar el comercio con la RDA de un día para el otro, y estableció la convertibilidad entre el marco oriental y el occidental a razón de uno a uno. Esa reforma monetaria aumentó los salarios en el este hasta un 70% del nivel occidental, mientras que la productividad relativa de Alemania del Este era sólo el 30%. Esto provocó la ruina inmediata del sector industrial oriental.
El gobierno de la RDA creó una agencia llamada Treuhandanstalt, que se encargó de privatizar y vender empresas y activos orientales a firmas occidentales; muchas veces se fijó un precio simbólico de un marco a cambio de garantías de empleo. Este enorme subsidio incentivó a las empresas occidentales a radicarse en el este aunque la región hubiera perdido la ventaja comparativa de los bajos salarios. La tensa atmósfera política de esos días está muy bien representada en la excelente serie de Netflix Un crimen perfecto, que narra el asesinato en 1991 de Detlev Rohwedder, primer presidente de la Treuhandanstalt.
Cuando la Treuhandanstalt terminó de vender casi todas las empresas orientales a inversores occidentales, el gobierno alemán cometió el error de disolverla. Sin los subsidios de la agencia, el flujo de inversiones a Alemania oriental se cortó, y con él la convergencia de la región hacia los niveles de ingreso per cápita de Alemania occidental.
Dos narrativas falsas enmarcaron el tumultuoso proceso de reunificación. La primera decía que con la transferencia de activos valiosos a empresas occidentales, la Treuhandanstalt estaba vendiendo Alemania oriental. Pero esas transferencias eran un subsidio necesario para alentar a las empresas a radicarse en una región que había perdido competitividad por la reforma monetaria.
La segunda narrativa nociva fue que Alemania oriental no tenía nada que venderle al mundo, y que su sector fabril era de poco valor. Pero la incapacidad exportadora de la región se debía a que la reforma monetaria la había dejado sin el diferencial de costos ventajoso que suelen tener países en un nivel de desarrollo similar. Esta narrativa tuvo un efecto psicológico dañino sobre los alemanes del este, que de pronto se sintieron desprovistos de valor en una economía de mercado. Es probable que no tuvieran este problema de autoestima bajo el comunismo, ya que a Alemania del Este se la consideraba un pionero industrial del bloque soviético, fuente de exportaciones a otros países de Europa del Este.
En 1990, el entonces canciller alemán Helmut Kohl predijo que el este de Alemania se llenaría de «paisajes florecientes», una visión que en opinión de muchos fue demasiado optimista y que todavía no se materializó. Pero con su transformación en un centro de producción de vehículos eléctricos, Alemania oriental puede colaborar en la transición a una economía verde y terminar dándole la razón a Kohl.
Traducción: Esteban Flamini

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 

 


Dalia Marin

Dalia Marin is Professor of International Economics at the Technical University of Munich’s School of Management and a research fellow at the Centre for Economic Policy Research.

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 

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