Damaris Fernández: La poesía de Néstor Mourelo Aguilar – apuntes para una temática del flamenco costarricense

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Damaris Fernández Pinto.

“Están más hechas de gritos que
de palabras”.
Manuel Machado

El nacimiento del flamenco en Costa Rica tiene nombres y apellidos. También una historia que no pertenece solamente a nuestra asociación. Cada grupo ha aportado esfuerzo, conocimiento, y valga decir, la valentía de realizarlo. Son más de treinta años en que de una forma u otra se ha venido conociendo sobre el tema.

A partir de 1992, año en que Jorge Luis Pérez Mederos, refugiado cubano diera su primer concierto para el Teatro Nacional, su entonces directora doña Graciela Moreno decidió apoyar con ahínco el naciente interés por agrupar una compañía o grupo de baile flamenco.

Hacer flamenco en un ambiente sin referencias y con escasísimo material a mano fue milagroso. No habiendo cantaor, pero sí tres hermosas guitarras en las manos de Roberto Víquez, Luis Fernando Aguilar y Manuel Alejandro Montero, la dramaturga María Bonilla y la suscrita tomamos la decisión de agregar poesía en sustitución a las letras de cante. Surgió en nuestro caso, lo que se ha venido llamando flamenco-teatro.

¿Sobre cuáles textos basar este estilo?
Reunir una poesía costarricense que suene a flamenco, que sea flamenca, ha tomado tiempo de soledades. Soledad para crecer en esa búsqueda y soledad para seleccionarla.

En su juego con el verbo, el poeta encontrado es andariego, vagabundo, incansable peregrino, trashumante, y, ante todo, resueltamente comprometido con un panteísmo honesto y sincero que universaliza su mensaje. Dentro de su fragua, anárquica y vibrante, reina el amor, tal vez el más íntimo de sus sentimientos. Amor a su tierra, a su infancia, a su caverna, a sus guaridas, a sus mujeres. La naturalidad de su lenguaje , ese ir al grano directamente, es una de las causas más directas de un andalucismo que se le percibe desde el primer instante. Sus poemas están más hechos de clamores y manifiestos, de fundaciones, de afirmaciones, de decires, de gerundios, y es aquí donde se reúne y contiene el alma flamenca identificándose con él. Sabemos de sobra que el idioma del flamenco es directo, preciso como el grito de un niño. Le sobra todo adorno, toda flor.

En su designio infinito el poeta se reconcilia con la naturaleza y el mundo, mediante el canto a la mujer y en ella reúne todos los alimentos terrestres de su panteísmo: “ y tú con tanta selva en tu cintura”; “yo, un antiguo capitán de vino”; “potranca indócil y arisca”; “ mi pequeñita venada””. Pocos poetas costarricenses han considerado tan enfáticamente la figura femenina como un hilo continuo en su quehacer literario. Mourelo cita su primer amor, aquella a quien diera jugosa manzana en su primera infancia, recorre con ternura la figura de la madre y desemboca finalmente en el amor adulto hacia su eterna búsqueda:

“A Julieta : – Ya desde entonces/ de niño presentía/ tu llegada, tu dulzura/ miel burú en mis/ labios asentada.”.
Su temática política y universalizante nos llega a raudales en su magna obra “Es la hora omnipotente del encuentro”, poema épico y político digno de una obra por martinetes para percusión y orquesta.

El mundo filosófico del poeta nos enfrenta a una muerte sin tiempo : “ lo demás, es cuestión que no manejo”. Un dejarse llevar por las alas del destino , no precisamente al garete sino: “ de azafrán quiero mi último caballo”, y con las dagas de la lucha perenne de su espíritu apasionado.

Todas sus proclamas, sus decires bien podrían obedecer al canto de la vieja Andalucía cuya memoria de repente quedara fija en el poema que a continuación reproducimos por considerarlo altamente representativo del desfile del pueblo andaluz ante la desgarradora historia de su miseria, de su seguir viviendo, de su ser sombra y sin embargo continuar la larga cadena de vida que representa la humanidad entera. La memoria de Mourelo es vasta, es una larga memoria flamenca que nos permite recrearla en danza, en declamación y por qué no, en cante.

A continuación exponemos algunos fragmentos de sus poemas que bien podrían dar lugar al desarrollo del flamenco-teatro.

-Soy el visitante de esta única tierra,
el náufrago que una vez salpicó la playa
con la mirada ausente de rocas.-

-Soy un mendigo maldito por las calles cautivas,
la mirada doliente en los establos sin ruido.
Soy un eco apagado, una aldea arruinada,
un inmenso viandante que no se cansa nunca.-

-no me importa el testigo,
la cámara asesina, ni
el grito desgarrado en la
noche indiferente.-

-voy hasta tu vientre
de salitre, hasta tu
aliento de hierbabuena,
hasta tus párpados dormidos.-

-Si tú no estás,
¿qué cosa es pan,
montaña y mariposa?-

-si tú no estás,
me pierdo entre las sombras,
vacilante de recuerdos
que hieren como rocas.-

-déjame hablarte de
las tempestades, que tengo
hastío, fiebre y la angustia
en la memoria más
antigua de todas las memorias.-

-que mi oración es una hoja, y mi credo una
canción sin amos, ni templos ni santos.-

-amor es azogue, cal y canto, llaves
peregrinas en las cerraduras del alma.-

-tú te fuiste y yo ni sombra soy, ni
sombra existo.-

-¡ qué rubor hay en tus palomas tibias
como de acecho profundo,
como de madera perfumada!
Si yo pudiera escalarte,
hacer de ti mis limones,
beber de tu lengua el martirio
de tu misterio, mi vino.-

-amándote en este universo,
el único de aves migratorias,
mujer de sándalo y celajes.-

-dicen que amo como si fuera trigo, como
si fuera aroma, como si fuera
guerra, como si fuera grito.-

-que venga como viniere,
yo sin miedo esperando.-

-De azafrán quiero mi último caballo.
Quiero un limón en cada mano,
una lanza en cada uña.

Incienso de todos los aromas,
contra todos los ciclones, quiero.-

-sucede a veces que a golpes de la
vida hasta un grano de arena me hace milagro.-

-ser estancia de hierbas y de cenízaro en el hilo
del postrero aliento.-

-ser de la tierra jardinero de jacintos,
hortelano de soles, pastor de lloviznas y
centellas.-

-aunque no haya sombra, aunque no haya rayo,
aunque no haya luna, ni exista el asombro.-

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