Damaris Fernández: Poemas

0

Damaris Fernández Pinto

Poeta en Monteverde

El polvoriento camino nos había serpenteado montaña arriba y montaña abajo hasta llegarnos a Monteverde centro, donde nos esperaba la hermosa “gringa” quien dos años antes nos  había cautivado con su rubio bebé en brazos y aquella franca sonrisa  cuáquera la cual no se desprendía de sus labios como la más común de la expresiones. Tras un cálido abrazo de bienvenida nos condujo al albergue asignado para los artistas: una casona ubicada en plena reserva forestal, rodeada de senderos y colocada estratégicamente frente a tres hileras de montañas que desenlazaban su horizonte en el Golfo de Nicoya. Los festivales de arte organizados por esta comunidad atraían artistas nacionales y cantidad de turistas, convirtiéndolos de pronto en eventos importantes y de gran atractivo para el creciente desarrollo de la zona. Llegaba  ahora nuestro turno.

Extasiados frente al paisaje nos tomamos de la mano y nos supimos dichosos: eran las recompensas cuando se ama y se lucha con pasión por lo que se vive, en este caso, nuestro mundo flamenco.

Sí,  cada día más, el pan nuestro. El compañero de sinsabores, nuestra segunda   piel, nuestro segundo oído. ¡Cuántas noches lloramos el amor perdido en su regazo! Pero una Soleá, a veces el hondo eco del Taranto, nos recordaba que la vida no era elección y se muere cuando misteriosamente se corta el hilo del cual pendemos. Sí, era un hilo la vida, delicadamente tramado y tejido para cada uno de nosotros, sin saber cómo ni por que habría de durar un día o sesenta años.

La primera noche del espectáculo la ya familiar sala del auditorio estaba totalmente llena. Los asistentes guardaron silencio absoluto ante la sorpresa de las bailaoras vestidas con alegres trajes y mantones. Las palmas cortaron el denso silencio y las guitarras rompieron a llorar. El taconeo no tardó  en astillar las maderas del tablao y los brazos al  aire y en alto mutilaron los suspiros. Cante, guitarra , giro de volantes, caderas a compás, torbellino de ayeos y explosión de la mirada: habíase instalado el duende para iniciar su ritual.

Durante tres noches nació el dolor y murió el amor. Durante tres noches un grupo de flamencos repasó sin titubear el mágico ritual de sus creencias. Cada uno evocó su corazón y con todos cantó la voz del poeta. Durante tres noches en Monteverde alguien se preguntó por el amado, por la razón del sol y las mariposas; durante tres noches alguien se maravilló del amor “sucedido a veces”, de los granos de arena, del indescifrable misterio de la existencia y de las estrellas que cobijan a los gitanos. Durante tres noches la voz de un errabundo retumbó por aquellas verdiazules montañas que reposan hacia el golfo.

Se escuchó la voz del poeta, perenne, rotunda y frágil, única e irrepetible. Sí, una vez más  su mensaje ahondaba el surco que ya, desde siempre, había venido abriendo en nuestros corazones.

 

 

AUSENCIA

 

Y volverás a ser ausenciadejándome rendida

sin hombro de consuelo

ni mano que me alcance

 

Pasión que irá muriendo

hasta romperme por dentro

esperando tu regreso

como se espera la tarde

 

Porque quisiera decirte

que todo lo perdí

cuando encontré tus ojos

 

Que mi aire para siempre

reposa en tu morada

como ave sin vuelo

en un solar amargo

 

Y quiero que tú sepas

que no eres ayer,

temprano ni mañana

tu hora solo habita

en mi memoria triste

 

Y de tu pan conservo el trigo

el vuelo de aquel tiempo

que deparó la vida

para pensar tu rostro

 

 

FLAMENCO

 

Ruge el compás

arrebato de conteos marcando la melodía

la bailaora desata una fiebre incontenida

de cadenas de bronce

 

Un encaje se dibuja con aliento inaudito

un vaho profundo emana de sus plantas

y el golpe seco quiebra la monotonía

 

Desde el fondo de la tierra emana

el perfume del duende

y los latidos todos  vibran

junto a las palmas

 

El corazón es eje de vida

presencia constante sobre

las sombras del mundo

 

Golpe de tambores

golpe de pasiones

golpe de sonidos

hinchados de sangre

 

Los gritos de sus silencios

no fueron nunca escuchados

ya se había quebrado el alba

cuando nació el flamenco

 

 

POR TARANTOS

 

 

Taranto es tu costado

de cenizas calcinadas

mi cuerpo es cementerio

crujiendo por tus entrañas

 

Aquí tú, aquí yo

voz de una misma pena

tú primero y yo después

aquí reunidos los dos.

 

 

HERIDA

 

 

Besé tu herida y

ungí de soledades

aquel fugaz encuentro

 

 

NOSTALGIA

 

 

Sueño o realidad

¿acaso fuimos los dos?

eterno el amor cuando

en abrazo se funde

yunque perpetuo que

fragua el cristal

 

CÁNTARO

 

Dulces naranjales son

los cántaros de tus venas

sabor a miel y a vinagre

a tibieza mañanera

 

Sentir el paladar

deshacerse entre tu espuma

un limonar de azahares

perfumando la garganta

 

Es tener la boca llena

de lirios y de agapantos

es trascender el alba

la luz que en ella comienza

 

Es olvidar querellas

de las noches desoladas

es perdonar ahora

tañendo un laúd de gloria

 

Dulces naranjales son

los cántaros de tus venas

néctares, dulces néctares

que de tu pecho derramas

 

 

 

De Damaris Fernández Pinto también le podría interesar:

 

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...