Daniel Baldizón-Chaverri: Reflexiones sobre los Derechos Humanos en tiempos del Covid 19

Mientras esperamos la llegada de la vacuna que, esperemos está en puertas, no queda más que vivir en ésta orwelena, “nueva realidad”

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Daniel Baldizón-Chaverri, Periodista.

«Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada»
Martin Niemöller, Pastor Luterano.

Nadie en Costa Rica, desde la revolución del 48, ha vivido, al menos  -masivamente-  tiempos más difíciles que los actuales, cierto es, que otras pandemias azotaron al planeta, la peste española hace ya algunos años, o más recientemente el sars, pero, ambos flagelos, apenas rozaron nuestro país.

Marzo de este año 2020, ha sido marcado para siempre en la historia de todos nosotros, como el momento en que, a cal y canto, se empezó a cerrar Costa Rica y con ello, nuestras vidas, costumbres, rutinas de trabajo y hasta lo más intimo de nuestras relaciones familiares.

Aseguran los “entendidos” que el covid, nació en China, en un pueblo enorme e industrializado llamado Wuhan y que saltó de los animales a los humanos, aquí nacen todo tipo de teorías conspirativas según el gusto y sazón ideológico del lector, -“que lo creó Estados Unidos para afectar China“, que se “escapó” accidentalmente de un laboratorio en esa ciudad…!  Que un científico se lo “robó” y lo vendió….!  Lo cierto es que, se expandió como una lluvia de estrellas y contagió todo el planeta en muy pocos días, llevado de las alas de las comunicaciones aéreas…!

Y -el covid- llegó para quedarse, Angela Merkel, Canciller de Alemania, anunció que el 70% de los alemanes se contagiaran en algún momento, Estados Unidos al día de redactar este artículo, promedió 100 mil muertes, Italia, España, Francia, suman otros cientos de miles de fallecidos así como el sur de América y por supuesto Costa Rica, sufren de esa pandemia que al día de hoy, ha causado mas daño, que no más muertes, que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, llevadas por las alas de “Enola Gay”  en aquellos vuelos del Boeing B-29, piloteado por Paul Tibbets el 6 de agosto de 1945, produciendo, con ese ataque, la rendición del Imperio del Sol Naciente.

El covid, en apariencia, tiene predilección por personas de la tercera edad y aquí, reflotan nuevamente, las tesis conspirativas. Sin embargo, queremos reflexionar, mas bien, alrededor de las limitaciones a las libertades individuales y colectivas que, a nombre del Covid, sufrimos con resignación, los costarricenses y por supuesto toda nuestra región y planeta en más o menos intensidad.

Nuestro país, para poder limitar los derechos individuales y colectivos, debe, dictar un estado de emergencia, por ello, emitió el decreto No.42227-MP-S, detallando los alcances del mismo y usando como eje principal la Constitución Política en sus artículos 21 y 50, además de otras leyes conexas,  huelga indicar que dicho decreto tiene correspondencia inmediata, a partir de su publicación en el diario oficial.

Vale mencionar, una discusión bizantina, que hablaba de que se iba a decretar un “estado de excepción” instrumento legal, mas bien propio de países con Fuerzas Armadas, figura que en nuestro país, solo puede decretar el Congreso a solicitud del Ejecutivo, recordemos que en el orden del día de la Asamblea Legislativa, el primer punto de la agenda “siempre” es el  referido justamente a la suspensión de esos derechos, ergo, el poder ejecutivo, per sé, no puede arrogarse la autoridad de emitir un decreto suspendiendo esas garantías del ciudadano, sin que, como hemos dicho, no medie el Congreso.

El Pacto de San José, o la Convención Interamericana de Derechos Humanos, tutela en su artículo 27, los pasos para que un estado miembro, pueda decretar la suspensión de garantías, citamos a continuación la primera parte de dicho artículo:

Artículo 27. Suspensión de garantías
1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o seguridad del Estado Parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que tales disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen discriminación
alguna fundada en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.

A tres meses, de “sufrir” las paulatinas medidas que el estado ha venido dictando, debemos reconocer que ya estamos un poco hartos, cansados y en casos, desesperados, por el encierro, todos hemos sido “afectados” por la potestad de imperio que el estado, ha impuesto a través de los diferentes instrumentos jurídicos, que sin duda, conculcan derechos individuales y colectivos, y que, sabemos y entendemos son necesarios, para detener la propagación del Covid-19.

La mayoría del colectivo social, han acatado,  hacer la fila en el super o en las farmacias, pedir comida a la casa, lavarse reiteradamente las manos, usar guantes y mascarillas, entendemos con ello, que estamos cumpliéndole así al colectivo social, aceptamos -con paciencia franciscana- el bombardeo mediático de a hoy, miles de horas monotemáticas, de ídolos de papel, que han nacido al calor del covid y entendemos que debemos -muy a pesar de nuestros derechos humanos- seguir guardados en nuestras casas.

Y no nos quejemos! Muy cerca de nuestro país, Presidentes electos en democracia, han tomado la ley en sus manos y no han dudado en condenar a sus conciudadanos a una clara muerte por falta de políticas públicas claras en materia de contención como es el caso de Nicaragua y Brasil, prueba fehaciente de que la estupidez NO tiene ideología, o el absurdo del Presidente de México, que hecha mano de una estampa de la Virgen para indicar que tiene escudos divinos contra el Covid-19.

Otros países, como la China comunista y en menor intensidad, Japón, para mencionar unos pocos, han creado y los ciudadanos apoyan, mecanismos digitales de control de la población, aplicaciones en sus computadores  portátiles y en teléfonos inteligentes que “acusan” a sus dueños de salir si están confinados o informan a las autoridades si el “dueño” está fuera de casa en momentos de prohibición de circulación así como se han instaurado tomadores de temperatura masivos que, caso de estar con fiebre alta, -sin importar la razón-  produce una reacción  automática de “apestado social” ,todas esas medidas, atentan contra los derechos humanos y “raramente”, en su mayoría de casos, la población aplaude esa violación a sus derechos humanos, todo a nombre del control de la peste, medidas todas que sin duda, en un contexto diferente, llamarían a la condena pública.

Ya para terminar, debemos afirmar más allá de cualquier duda que en efecto, todas las medidas que conculcan derechos individuales o colectivos de las personas, son atentatorios a los principios consagrados en la Convención Americana de Derechos Humanos,  que los decretos emitidos al calor de la pandemia, deben tener una fecha cierta, y final de su vigencia y que los estados, ante diversos abusos que podrían ocurrir por parte de los operadores del sistema de seguridad o defensa, deben tener procesos expeditos para que a través del debido proceso, se haga justicia, pronta y cumplida para con los ciudadanos.

Mientras esperamos la llegada de la vacuna que, esperemos está en puertas, no queda más que vivir en ésta orwelena, “nueva realidad”

 


Daniel Baldizón-Chaverri.
Periodista y escritor, especializado en comunicación política, productor audiovisual y Asesor Interamericano en educación y derechos humanos.

 

 

 

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