Daniel Gros: La peligrosa fascinación con una banca central verde

Europe's central bankers have been insulated from political influence to pursue the very narrow mandate of price stability. Greening monetary policy might look attractive at first glance, but it represents a departure that is incompatible with their independence.

0

Daniel Gros

BRUSELAS – Los banqueros centrales y los supervisores financieros de todo el mundo se centran cada vez más en un problema que normalmente está fuera de sus competencias: el cambio climático. Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco de Pagos Internacionales (el banco central para los bancos centrales) han publicado recientemente informes sobre el riesgo climático. Y, aparentemente, el Banco Central Europeo se está preparando para apuntar con dirección al llamado diferencial verde, o, en otras palabras, la diferencia en las condiciones de financiación que se ofrecen a las actividades bajas y a las actividades altas en emisiones de carbono.
Esencialmente, se brindan dos razones como justificativo para movilizar a los banqueros centrales para que ellos se centren en el cambio climático: los riesgos para la estabilidad financiera y las fallas de mercado. Pero la lógica económica y política detrás de dichas razones es débil, especialmente en Europa.
Aunque el cambio climático presenta un gran riesgo para todos, se desarrolla lentamente en el transcurso de décadas a medida que los gases de efecto invernadero (GEI) se acumulan en la atmósfera. También es probable que las medidas gubernamentales de mitigación hagan que muchos modelos de negocio “marrones” con altas emisiones de carbono sean antieconómicos a largo plazo.
Además, todos los participantes en el mercado, incluidos entre ellos los banqueros que otorgan créditos a las empresas cuyas operaciones se basan en combustibles fósiles, y los inversores que compran los bonos emitidos por dichas empresas, conocen estos riesgos. Los banqueros centrales y los supervisores no deben preocuparse por el riesgo crediticio de ninguna corporación o sector individual, sino más bien por las amenazas a la estabilidad del sistema financiero en su conjunto
Los cambios repentinos en la trayectoria temporal de la descarbonización podrían llegar a representar un riesgo sistémico de este tipo. En un influyente informe publicado el año 2016, la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS) sostuvo que un reconocimiento tardío de los costos del calentamiento global podría conducir a la repentina imposición de medidas drásticas de reducción de emisiones, lo que llevaría a la inestabilidad financiera. Pero este riesgo parece actualmente remoto, especialmente en la Unión Europea, donde los gobiernos aprobaron recientemente un objetivo climático aún más ambicioso que implica una reducción de las emisiones netas de GEI de al menos el 55 % hasta el año 2030.
El segundo argumento a favor de “reverdecer” a los bancos centrales es que la política monetaria debe abordar las fallas de mercado, por medio de las cuales alguien que contribuye al cambio climático al emitir GEI no paga por los daños ambientales resultantes. Isabel Schnabel, miembro del Consejo Ejecutivo del BCE, sostuvo que “en presencia de fallas de mercado, la neutralidad del mercado puede no ser el punto de referencia adecuado para un banco central cuando el mercado por sí mismo no está logrando resultados eficientes”.
Pero la noción de que el BCE debería “verdear” su política monetaria es errónea en varios aspectos. Para empezar, la política de la UE de mantener las emisiones de GEI en consonancia con sus objetivos ya ha abordado las fallas de mercado. Por ejemplo, el régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE) de la UE del bloque limita la cantidad total de emisiones en la industria y el sector de la energía a lo largo de una trayectoria temporal coherente con los objetivos de la UE. Y, los Estados miembros han endurecido recientemente los objetivos climáticos generales del bloque.
Los organismos democráticamente elegidos (el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales, a través del Consejo Europeo) han abordado en esa forma las fallas de mercado. Se podría argumentar que los objetivos climáticos de la UE, y el RCDE como instrumento clave para alcanzarlos, son insuficientes. Sin embargo, no es tarea de un banco central gestionar los objetivos e instrumentos climáticos.
Además, es poco probable que la acción del BCE sea eficaz. Una propuesta consiste en que el BCE incluya únicamente los bonos de las “empresas verdes” en su programa de compra de activos. Por lo tanto, esas compras selectivas de bonos equivaldrían a una especie de política monetaria o industrial “verde”.
La evidencia del programa de compra de bonos del BCE sugiere que la compra selectiva de los bonos de las empresas verdes bien podría tener éxito en cuanto a reducir marginalmente el costo de capital de estas empresas, permitiéndoles invertir más. Sin embargo, cualquier reducción de las emisiones se compensaría en otros lugares bajo el tope máximo impuesto por el RCDE. Las menores emisiones alcanzadas por algunas empresas que se benefician de condiciones de financiación más favorables simplemente significarían que otras tendrían que hacer menos. El precio de los certificados de emisión disminuiría hasta el punto en que las emisiones sigan siendo iguales al objetivo del RCDE.
Por último, un BCE verde necesariamente se tornaría en político. Una vez más, hay un argumento superficial a favor de una política monetaria verde: el artículo 127 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea dice que el BCE también debe apoyar las políticas económicas generales de la UE, siempre que ello no ponga en peligro la estabilidad de precios. Los partidarios de un BCE verde sostienen, por tanto, que la institución está obligada a ayudar a la transición verde, que es claramente una política de la UE.
Pero este argumento podría aplicarse a muchas otras áreas de formulación de políticas. La cohesión, por ejemplo, es otro de los objetivos importantes de la UE. Utilizando la lógica verde, se podría decir que el BCE también debería fomentar la cohesión comprando los bonos de los países o regiones más pobres, y posiblemente también sus bonos corporativos.
Además, si el BCE quisiera apoyar las finanzas verdes, tendría que adoptar una postura sobre muchos temas controvertidos, incluyendo sobre la energía nuclear. No debería ser tarea del BCE decidir si los bonos emitidos por una empresa de energía nuclear son verdes.
Se pueden encontrar fallas de mercado en casi todas partes. ¿Por qué debería el BCE abordar algunas y no otras de dichas fallas? Esta es una decisión que solamente los gobiernos elegidos democráticamente deberían tomar. Los banqueros centrales han sido aislados de la influencia política para que vayan tras la consecución del mandato muy estrecho de la estabilidad de precios. Hacer que la política monetaria sea más verde puede parecer atractivo a primera vista, pero representa una desviación incompatible con su independencia.
Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

 


Daniel Gros

Daniel Gros is Director of the Centre for European Policy Studies.

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box