Daniel Gros: Los límites del Acuerdo Integral de Inversión entre la UE y China

The new EU-China Comprehensive Agreement on Investment will eventually be judged by its implementation and the concrete steps China takes to fulfill its promises. If European firms do not perceive any improvement, and China makes no progress on labor standards, the pact might come to represent an empty gesture.

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Daniel Gros

BRUSELAS – En las postrimerías del año 2020, la Unión Europea y China celebraron un Acuerdo Integral de Inversión (CAI, por sus siglas en inglés), mismo que ya venían negociando durante siete años. En las semanas transcurridas tras su firma, el CAI fue sujeto de muchos comentarios provenientes del Occidente, gran parte de los mismos condenatorios. Sin embargo, ahora que el texto completo del Acuerdo está disponible, parece que los críticos pueden estar exagerando su importancia.
Para empezar, algunos críticos sostienen que la UE depende demasiado del mercado chino para mantener su economía en crecimiento. Sin embargo, los datos sobre comercio e inversión no confirman dicha aseveración. En el año 2019, China fue sólo el tercer mercado más grande para las exportaciones de bienes de la UE. Estados Unidos sigue siendo el socio comercial más importante de la UE-27, el segundo es el Reino Unido.
Las exportaciones de la UE a China son, en los hechos, algo más bajas de lo que cabría esperar, en vista de que el PIB de China (incluso a tipos de cambio de mercado) se sitúa hoy en día cerca del 80 por ciento del de Estados Unidos, mientras que las exportaciones de la UE a China sólo representan alrededor del 50% de aquellas cuyo destino es Estados Unidos. Además, la importancia relativa de Estados Unidos y China como mercados de exportación para la UE no ha cambiado mucho a lo largo de la última década. Esto significa que las exportaciones transatlánticas de la UE han aumentado casi tan rápido como su comercio con China, a pesar de que la tasa de crecimiento del PIB de China es mucho más alta.
Lo mismo es válido para el comercio de la UE con los vecinos democráticos de China. Entre los años 2009 y 2019, por ejemplo, las exportaciones de la UE a Corea del Sur aumentaron casi al mismo ritmo que las exportaciones enviadas a China. Y, la intensidad del comercio entre la UE y Corea del Sur es el doble de lo que cabría esperar, ya que el tamaño de la economía de la UE-27 es unas diez veces más grande en comparación con el tamaño de la economía de Corea del Sur.
Desde una perspectiva comercial, por lo tanto, Europa no está “apostando a China”. Por el contrario, las relaciones económicas bilaterales están algo más débiles de lo que implicaría el tamaño de la economía china.
Esto es aún más evidente cuando se trata de la inversión directa bilateral UE-China. La inversión directa de la UE en Estados Unidos es casi 15 veces mayor que su inversión en China, mientras que la inversión china en la UE llega a aproximadamente una vigésima parte de la inversión estadounidense en este bloque. Y, los flujos de inversión bilaterales entre China y la UE recientemente se han estancado en niveles bajos, incluso durante el último año ninguna empresa estatal china ha realizado inversiones sustanciales en Europa.
El nuevo mecanismo de selección de inversiones extranjeras de la UE, que de hecho está principalmente dirigido a China, también debe ser considerado dentro del contexto de estas cifras. Los actuales flujos de inversión china dirigidos hacia la UE ascienden a alrededor de 11,7 mil millones de euros (14 mil millones de dólares) por año, lo que no implica ninguna amenaza para una economía de 15 millones de millones de euros. Y, las filiales de empresas chinas emplean en la UE a menos de 300.000 trabajadores, una fracción minúscula de la fuerza laboral total del bloque que es de unos 220 millones.
Además, una mirada a los detalles del CAI revela que, desmintiendo lo pregonado por su nombre, el Acuerdo está lejos de ser integral. El principal beneficio concreto para las empresas europeas es la apertura parcial de los sectores automotriz y financiero de China. Sin embargo, las principales disposiciones del Acuerdo reiteran las promesas de “mejores esfuerzos” y los compromisos preexistentes, como por ejemplo aquellos en los ámbitos de la transparencia regulatoria y los estándares sociales (incluida la promesa de China de seguir trabajando con dirección a su ratificación del Convenio sobre el Trabajo Forzoso). El mecanismo de resolución de conflictos también sigue siendo vago, y principalmente obliga a ambas partes a realizar consultas y llegar a un acuerdo.
Los críticos del CAI olvidan mencionar que la UE tenía poca capacidad de apalancamiento en la negociación del Acuerdo debido a que la inversión en Europa ya está liberalizada en su gran mayoría. Por lo tanto, la UE no pudo ofrecer mejoras significativas a los inversores chinos. Y, si una parte tiene poco que ofrecer en una negociación, no puede esperar mucho de la otra parte. Bajo estas circunstancias, no deberíamos haber esperado un acuerdo que aborde todos los problemas sociales o de derechos humanos que los europeos ven en China.
Por último, muchos han criticado la firma del CAI por parte de la UE, esgrimiendo motivos geopolíticos, ya que en su opinión este Acuerdo estaría concediendo a China una victoria diplomática justo en el momento en el que una nueva administración estadounidense con una perspectiva transatlántica más positiva se preparaba para asumir el cargo. Sin embargo, en última instancia, es la sustancia de un acuerdo internacional lo que determina su impacto geopolítico.
Aprendimos lo antedicho en marzo del año 2019, cuando, con bombos y platillos, Italia firmó la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China (BRI), un mecanismo de inversión en infraestructura transnacional cuyo objetivo oficial es reforzar las relaciones económicas entre Asia y Europa. En aquel momento, muchos críticos cuestionaron la sabiduría geopolítica respecto a que si era o no conveniente que Italia se convirtiera en el primer país del G7 en adherirse a esta iniciativa liderada por China.
Pero la realidad se impuso con bastante rapidez. Todo lo que Italia había hecho era firmar un memorando de entendimiento que no tuvo ninguna repercusión en el comercio o la inversión, como era de esperar que ocurra con una vaga declaración de intenciones para fortalecer los lazos económicos. La decepción por la falta de beneficios tangibles convirtió una victoria geopolítica de China en una derrota, y el mismo ministro italiano que anteriormente defendía la BRI, ahora adopta una posición mucho más crítica con respecto a China.
Del mismo modo, el CAI será juzgado dentro de unos años tomando en cuenta cómo se lo implemente ahora y cuáles sean los pasos concretos que China tome para cumplir sus promesas. Si las empresas europeas no perciben ninguna mejora y China no avanza en materia de estándares laborales, el CAI podría llegar a ser visto como un acto vano más, entre muchos otros similares.
Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

 


Daniel Gros

Daniel Gros is Director of the Centre for European Policy Studies.

 

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 

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