Daniel Gros: El retorno de los banqueros centrales conservadores

The European Central Bank and the US Federal Reserve’s new monetary-policy strategies now look like a case of adapting the general staff manual to fight the last war. The recent sharp increase in inflation on both sides of the Atlantic means that central bankers must again concentrate on their traditional task.

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BRUSELAS – En las últimas décadas, el trabajo de los banqueros centrales se convirtió en una actividad algo aburrida y frustrante. En la década de 1990 se les concedió independencia, porque esa parecía ser la mejor manera de garantizar la estabilidad de precios. La opinión predominante (en aquel entonces) era que dejar a los gobiernos en control de la política monetaria daría lugar a un estímulo económico que, en última instancia, acabaría impulsando una inflación más alta, sin agregar ningún aumento apreciable en la producción o el empleo. La solución fue nombrar tecnócratas prudentes como banqueros centrales, cuya única tarea sería fijar y cumplir un objetivo de inflación.
En cierto sentido, este enfoque tuvo demasiado éxito. La inflación se mantuvo moderada durante 20 años, y especialmente después de la crisis financiera mundial, un episodio que enseñó a los banqueros centrales la importancia vital de la estabilidad financiera. El crecimiento de los precios no se desaceleró mucho, ni siquiera cuando la economía se desplomó en el año 2009 (el llamado “rompecabezas de la deflación desaparecida”), y dicho crecimiento de los precios se mantuvo bajo cuando la recuperación fue ganando fuerza lentamente y llevó al pleno empleo. Durante estas dos décadas, la inflación rondó un estrecho corredor en torno al 2% en Estados Unidos, entre el 1 al 2% en la eurozona y por debajo del 1% en Japón.
Por supuesto, los bancos centrales afirmaron que esta inflación baja y estable era el resultado de su hábil política monetaria, a pesar del impedimento de no poder empujar las tasas de interés muy por debajo de cero. Sin embargo, para una persona que está fuera de ese círculo, sigue siendo desconcertante las razones por las que, por ejemplo, el Banco Central Europeo no pudo alcanzar su meta de inflación anterior de “por debajo, pero cerca, del 2 % a medio plazo”, a pesar de implementar un programa de compra de bonos por un valor de millones de millones de euros.
La propia investigación del BCE pretende mostrar que las compras de activos por parte del banco (la flexibilización cuantitativa) fueron muy efectivas. Pero esto plantea la interrogante sobre si con unos pocos cientos de miles de millones de euros más se habría alcanzado el objetivo de inflación. Además, una revisión crítica de la investigación del banco central sugiere que la flexibilización cuantitativa no fue tan potente en la lucha contra la deflación como algunos, exagerando, pretendían mostrarla.
Por lo tanto, aparentemente la capacidad de la política monetaria para elevar la inflación a exactamente el 2% fue limitada. Para los banqueros centrales, esta situación fue una fuente de frustración. Sin embargo, al público esto no le importó mucho, debido a que la deflación nunca se constituyó en peligro patente para la vida, y los consumidores no sienten realmente la diferencia entre una tasa de inflación de, digamos, 1.2% y 2%. La prolongada ausencia de preocupaciones graves sobre la estabilidad de precios puede haber sido una de las razones por las que los bancos centrales se aventuraron recientemente en otros campos, como por ejemplo a la ecologización de su política monetaria.
Además, debido a que la inflación se situaba ligeramente por debajo de la meta durante muchos años, tanto el BCE como la Reserva Federal de Estados Unidos actualizaron sus estrategias de política monetaria. A principios de este año, el BCE adoptó una nueva meta de inflación simétrica del 2%. Y en 2020, la Fed declaró explícitamente que permitiría una inflación “moderadamente por encima del 2% durante algún tiempo” si se situaba persistentemente por debajo de ese nivel de manera previa. Además, la Fed, cuyo doble mandato incluye promover el máximo empleo, agregó que se propondría limitar los “déficits de empleo”.
Pero la época de baja inflación estable que propició estos cambios ha terminado repentinamente. La inflación está aumentando bruscamente a ambos lados del Atlántico, debido al impacto combinado de un estímulo fiscal masivo, una recuperación de la demanda privada más fuerte de lo esperado, las limitaciones de la oferta derivadas de los cuellos de botella logísticos, y el aumento de los precios de la energía.
En la eurozona, la inflación dio un saltó al 4,1% en octubre, un nivel máximo en varios años, y al 4,9% en noviembre, el nivel más alto desde la introducción del euro. Incluso la inflación subyacente, que excluye los volátiles precios de los alimentos y la energía, ahora se sitúa en el 2,6% y está aumentando. La inflación de Estados Unidos es aún mayor, con un aumento anual de los precios al consumidor del 6,2% en el mes de octubre.
Las nuevas estrategias del BCE y la Fed hoy en día se asemejan a una situación en la que se debe adaptar el manual del Estado Mayor para ir a luchar en la última guerra. Afortunadamente, hay algunos indicios sobre que los responsables de la formulación de políticas estarían ignorando dichos abordajes, y que los instintos conservadores estuvieran regresando.
En Estados Unidos, esto ya se puso claramente en evidencia. Sólo unos días después de que el presidente Joe Biden volviera a nombrar a Jerome Powell como presidente de la Fed para que sirva durante un segundo mandato de cuatro años, Powell indicó que la inflación se estaba convirtiendo en un peligro real, por lo que era necesario finalizar el programa de compra de bonos de la Fed de manera más rápida. Los formuladores de políticas ya no mencionan la limitación de los “déficits de empleo”, porque aspirar a lograr altos niveles de empleo tiene poco sentido cuando millones de personas han abandonado voluntariamente el mercado laboral.
Por lo tanto, la Fed parece haber regresado al modo tradicional de lucha contra la inflación en el espacio de unas pocas semanas. En la eurozona, el cambio llega más lentamente, en parte porque el proceso de toma de decisiones del BCE involucra a muchas más personas. El Consejo de Gobierno del BCE tiene 21 miembros con derecho a voto (de un total de 25), en comparación con sólo 12 miembros en el Comité Federal de Mercado Abierto. Además, el rebasamiento de la inflación de la eurozona es más limitado. Pero incluso en este caso, uno debe preguntarse si la compra de bonos de emergencia sigue siendo necesaria hoy en día.
Es demasiado pronto para saber si la baja inflación estará pronto de regreso. Sin embargo, por ahora, los banqueros centrales deben volver a concentrarse en su tarea tradicional. La alta inflación de la década de 1970 también comenzó con cuellos de botella en la producción y un aumento de los precios de la energía, y se convirtió en endémica porque los responsables de la formulación de políticas pasaron demasiado tiempo esperando que las presiones sobre los precios siguieran siendo transitorias. Los banqueros centrales de hoy tienen que reaprender esta difícil lección.
Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

Copyright: Project Syndicate, 2021.
www.project-syndicate.org

 

 


Daniel Gros

Daniel Gros is a member of the board and a distinguished fellow at the Centre for European Policy Studies.

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