Daoud Kuttab: Daoud Kuttab

Under the cover of a sham "peace plan" put forward by the Trump administration earlier this year, Israel is rushing to seize occupied Palestinian territory in the West Bank. The Netanyahu government's cynical strategy not only violates longstanding international law, but also undermines Israel's own long-term interests.

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by Daoud Kuttab

AMMAN – Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional ha adoptado un simple pero poderoso principio: Ningún país, por poderoso que sea, puede quitarle tierras a sus vecinos por la fuerza. Cuando Argentina invadió las Islas Malvinas en el año 1982, el mundo expresó pocas objeciones a la intervención militar del Reino Unido para retomar su territorio. Cuando Irak ocupó Kuwait en el año 1990, las Naciones Unidas autorizaron acciones militares para expulsar a los iraquís. Y, cuando Rusia anexionó a Crimea en el año 2014, la ONU impuso fuertes sanciones que permanecen vigentes en la actualidad.
Durante 53 años, los palestinos han depositado sus esperanzas en este principio. En el 1967, dicho principio fue codificado en el preámbulo de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, misma que estableció una hoja de ruta para la paz entre Israel y Palestina, y además afirmó “la inadmisibilidad de la adquisición de territorio a través de la guerra”. Si bien vivir bajo ocupación siempre ha sido inaceptable para los palestinos, esta forma de vida se hizo tolerable gracias a la esperanza de que el derecho iba a prevalecer sobre el poder, y la “inadmisible” ocupación por parte de Israel finalmente llegaría a su fin.
Además, a diferencia de los habitantes de las Islas Malvinas, o de los kuwaitíes o los ucranianos, los palestinos han mostrado flexibilidad con respecto a tratar de negociar un acuerdo aceptable con Israel. Sin embargo, en lugar de ser recompensados por dicha buena fe, las ofertas palestinas de intercambios de tierras (iguales en cuanto a tamaño y calidad) han sido tergiversadas por los encargados de la formulación de políticas en Israel, con el propósito de legitimar el robo del territorio palestino que fue ocupado por Israel.
Y, ahora Israel se está moviendo para anexionar gran parte de Cisjordania. Por supuesto, los israelíes nunca serían tan descarados por sí solos. Están explotando una apertura creada por el falso “plan de paz” develado el pasado mes de enero por el presidente estadounidense Donald Trump y su yerno, Jared Kushner. Concebido por los israelíes y presentado por Estados Unidos, el plan daría a Israel grandes partes de los territorios ocupados, incluyendo el estratégicamente vital Valle del Jordán. Los palestinos quedarán, literalmente, en el desierto.
Si bien los estadounidenses han declarado que su “visión” debe ser o aceptada en su totalidad, o no aceptada en absoluto, entretanto se define ese asunto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que enfrenta un juicio ante los tribunales por múltiples cargos de corrupción, ha estado encantado de meterse al bolsillo cualquier limosna política que Trump le ofrezca. Con el apoyo incondicional de la superpotencia líder en el mundo, Israel hoy en día puede ir tras la apropiación de tierras sin tener en cuenta los acuerdos anteriores con palestinos, jordanos o egipcios, y mucho menos las objeciones del resto del mundo.
Sin lugar a dudas, en la mal preparada cumbre de Camp David II en el año 2000, el presidente palestino, Yasser Arafat, aceptó la idea básica de los intercambios de tierras; pero, los palestinos han dejado claro desde entonces que cualquier intercambio de este tipo debe ser igual en tamaño y calidad. Y, este año, el presidente palestino Mahmoud Abbas  informó al Cuarteto (las Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) que los palestinos reconocieron la necesidad de una ligera modificación de la frontera, siempre y cuando se establezca realmente un Estado palestino independiente.
Los palestinos han aceptado que algunos de los asentamientos judíos ilegales más poblados que se han construido en tierras palestinas justo al otro lado de la Línea Verde de 1967 podrían incorporarse a Israel a cambio de, por ejemplo, un corredor terrestre que conecte a Gaza y Cisjordania. El problema es que los israelíes y algunos funcionarios estadounidenses suelen tergiversar esta posición alegando que los palestinos han rechazado ofertas de paz y se han negado a negociar. Nada podría estar más lejos de la verdad.
En los últimos años, tal como explicó en abril de 2014 el exsecretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, el impasse entre israelíes y palestinos se manifestó principalmente debido al visto bueno que dio Israel a nuevos asentamientos en territorio palestino. Y, desde el año 2018, cuando Estados Unidos trasladó su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén (en violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), los líderes palestinos han boicoteado las negociaciones patrocinadas por el gobierno abiertamente pro-Israel de Trump, mientras permanecen abiertos a conversaciones entre múltiples partes.
De hecho, los palestinos ya han indicado que participarían en negociaciones patrocinadas por un grupo denominado como “Cuarteto plus” que también podría incluir a aliados de Estados Unidos, como por ejemplo Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Japón. Aprovechando esta apertura, Rusia ha invitado a palestinos e israelíes a sostener conversaciones en Moscú. Netanyahu se ha negado repetidamente a las mismas.
Además, en el mes de junio, los funcionarios palestinos presentaron una contrapropuesta de cuatro páginas al plan Trump, en la que indican que están de acuerdo con aceptar un Estado palestino desmilitarizado con pequeños ajustes fronterizos. Sin embargo, los gavilanes pro-Israel de la Casa Blanca han ignorado estas ofertas.
En su prisa por anexionar tierras palestinas, los funcionarios israelíes están justificando su comportamiento ilegal con el argumento de que sólo se están apoderando del territorio demarcado en el plan del gobierno de Trump. Pero, incluso el ingenuo Kushner, el arquitecto de ese plan, ha rechazado la idea de que tales transferencias se produzcan unilateralmente. El objetivo de las negociaciones, al fin y al cabo, es facilitar acciones de toma y daca. Si una parte consigue tomar lo que quiere antes de que las conversaciones hayan comenzado, el proceso no tiene ningún sentido.
Tal unilateralismo no sólo es inequitativo e injusto, sino que también es inviable. La paz se logra y se legitima no cuando los líderes políticos firman algún papel (potencialmente bajo coacción), sino cuando los términos acordados han obtenido el apoyo de las poblaciones que se verán afectadas por ellos. Sin una amplia participación, la paz no perdurará.
Los intentos de Netanyahu por anexionar unilateralmente las tierras palestinas ocupadas sólo crearán las condiciones para más derramamiento de sangre, ira y amargura. No es de extrañar que casi todos los líderes judíos estadounidenses, una mayoría de los miembros del Congreso de Estados Unidos, el candidato presidencial demócrata Joe Biden, y cientos de expertos israelíes en seguridad y política exterior se opongan al abordaje imprudente del gobierno de Netanyahu.
La situación exige un retorno a las conversaciones bajo términos claramente definidos y mutuamente acordados, con el objetivo de producir un acuerdo con el que ambas partes puedan vivir ahora y en el futuro. Si lo antedicho no ocurre tal cual se explica, los actos unilaterales harán que la posibilidad de paz sólo sea cada vez más remota.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos


Daoud Kuttab

Daoud Kuttab, an award-winning Palestinian journalist, is a former Ferris Professor of Journalism at Princeton University.

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

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