De el Innombrable y otros demonios

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Aída Vargas Fernández.
Fragmento de un libro mayor que escribo sobre el Innombrable y otros demonios… 

Cuando asomaba la luna por el cristal colorido de aquella rota ventana, Amaranta se dispuso a manosear las cartas; una a una las barajó. Amasó cada arcano: entre cera y aceite, con fuerza y fuego: con miedo. Desbocada como era, hizo abrir el mazo de un tajo: la pregunta… Eran tantas! El juicio, el mago, el ermitaño, la torre… una a una iban cayendo: “presagios del mal”, pensó.  Lo decía aquel azul intenso de la luna, mismo de aquellos inquietos ojos, colmados de incertidumbre, de desasosiego y tristeza. Esos que dicen todo y nada… presagios! Un pasado roto, un soplo de vida castrado; magia vuelta realidad, realidad convertida en locura.

Quién es capaz de comprenderlo?

La Luz de las velas se apaga con ella en el recuerdo mientras reza:

Luz de cuerpo astral que buscas de mí,

Aleja tu surco penetrante.

Que no me atrape el cóncavo de tu tristeza.

Aleja de mí tu dulzura y pensamiento. 

Lobo ingrato solitario,

Vete lejos con tu azul de mago arcano.

Lleva tu torre a su destino,

Donde nada pasa y se suspende.

Luz de cuerpo astral que buscas de mí

Lobo solitario.

 

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