De Elcano a Magallanes: 500 años orbitando alrededor de la Tierra

El viaje implica el regreso, la vuelta al punto de partida y la narración de las rutas seguidas e hitos descubiertos. Los mapas y las descripciones de caminos terrestres y de derrotas marinas permiten construir un modelo para futuros compañeros de viaje separados a veces por décadas y, a veces, por siglos.

En el mundo antiguo ese canon lo ofrecía la Odisea, viaje mítico que marcaba los límites de un Mediterráneo navegable y concurrido. Nuestra época, en cambio, se define por el viaje alrededor del globo terráqueo: desde la vuelta de Elcano hasta la sonda espacial Magallanes, las circunnavegaciones han definido la escala planetaria de nuestro mundo.

La circunnavegación de Magallanes y Elcano sirvió de base y guía para una tradición de viajeros que dieron a la Tierra su actual forma científica y política. Desde tiempos de Colón, el objetivo de la corona española era llegar a Asia por el oeste. Geopolíticamente, esto significaría rodear al enemigo otomano y romper el monopolio portugués del comercio de especias.

Una visión económica

Antonio-Miguel Bernal ha señalado que el beneficio de un kilo de pimienta comprado en las Molucas y vendido en Amberes superaba al que se obtiene hoy vendiendo en Nueva York un kilo de coca de Medellín. No había negocio más goloso para los financieros de toda Europa.

Por eso se entiende que los portugueses no se interesaran por el proyecto de Magallanes: ellos llegaban bordeando África hacia la India. Y por eso Magallanes se naturalizó español. Y por eso, en más de una ocasión, la armada portuguesa trató de frenar el viaje que completó Elcano.

La hazaña de Magallanes consistió en encontrar, al sur del continente americano, el paso que tantos habían buscado. Y de paso descubrió el Pacífico, inmenso océano entre la América recién definida en los mapas y las islas de la especiería. Que este mar se hubiera avistado antes desde ambas orillas no significa que hubiera sido realmente entendido, medido y dibujado como tal.

Se impuso como nuevo reto el tornaviaje de Asia a América y, cuando se logró, quedó fijada la ruta de Manila a Acapulco, que cambiaría la historia del capitalismo global.

La Tierra, redonda

Por su parte, la llegada a Sanlúcar de Elcano y el resto de supervivientes confirmó la antigua teoría científica de la redondez de la Tierra. Se inauguró lo que Pedro Insua ha llamado política esférica: ahora todo imperio que quisiera decirse universal tenía que rodear el globo, negando su puesta al sol.

El más famoso mapa de Diego Ribero de 1529 ya muestra el océano mundial interconectado. Las primeras teorías de corrientes oceánicas de escala global aparecerían poco después.

Reproducción del gran mapa de Diego Ribero de 1529.
National Library of Australia/Wikimedia Commons

El descubrimiento de América supuso el rompimiento del viejo mundo, cuyos cimientos se tambalearon con la aparición de un nuevo continente con sus nuevas plantas, animales y hombres.

Poco a poco quedó claro que nada de eso había sido previsto por los antiguos o la Biblia, que ni Aristóteles ni Roma bastaban para manejarse en el siglo XVI. La circunnavegación fue la reconstitución de este mundo hecho pedazos, la reformulación de su una unidad política, económica y científica.

Circunnavegaciones imperiales

No es de extrañar que se convirtiera en el canon del viaje moderno por antonomasia. El primero en seguir los pasos de Magallanes y Elcano fue Francis Drake, pirata para los españoles y héroe nacional para los ingleses. Porque lo que se enfrentaba en su viaje eran dos legalidades de alcance mundial.

Basándose en los tratados de Tordesillas y Zaragoza, el Pacífico era un mar interior del imperio español, y más aún tras la anexión de Portugal en 1580. Ingleses y holandeses no podían aceptar esto y en ese mismo año de 1580, la armada de Drake volvió a Inglaterra con grandes botines robados en barcos y puertos españoles. La reina Isabel lo nombró Sir y permitió que se retratara con una bola del mundo, lo mismo que había hecho Carlos V con Elcano. La imagen hasta entonces había estado reservada a dioses y emperadores.

Mapa que muestra el viaje de circunnavegación de Francis Drake entre 1577 y 1580.
Continentalis/Wikimedia Commons, CC BY-SA

La historiadora Joyce Chaplin insiste en la continuidad del canon. Drake había leído a Pigaffeta, amigo y cronista de Magallanes. John Byron, siguiente gran circunnavegador, leyó las crónicas de los viajes de Drake. Bougainville leyó a Byron y el capitán Cook a Boungainville. Charles Darwin los leyó prácticamente a todos en su famoso viaje alrededor del globo a bordo del Beagle.

En 1873, Julio Verne consagró una nueva era tecnológica y política, en la que el imperio inglés y los motores hacían posible La vuelta al mundo en 80 días. Un año antes había partido la expedición oceanográfica del Challenger, que llevaba la unión de ciencia y política imperial en la vuelta al mundo al nuevo nivel de los barcos de vapor.

El descubrimiento de la Tierra

La nueva generación de circunnavegadores la forman los cientos de satélites que giran constantemente a nuestro alrededor. En plena Guerra Fría, los Sputnik y los Apolo competían por el dominio del espacio a la vez que fijaban en el imaginario popular las imágenes de la Tierra como una canica azul, un frágil ecosistema interconectado y viajando a la deriva por un espacio hostil, como una nave espacial. No por casualidad la expresión “medio ambiente global” se expandió en esta era espacial.

Y fue la NASA quien lanzó las Ciencias del Sistema Tierra, como proyecto basado en parte en la hipótesis Gaya de Lovelock y, en parte, en la capacidad tecnológica de cubrir nuestro planeta de sensores conectados vía satélite.

La sonda Magallanes, lanzada en 1989 para explorar el planeta Venus, homenajeaba con su nombre 500 años de viajes alrededor de la Tierra. Estos viajes han configurado nuestro mundo, en el que política, economía y medioambiente se juegan en un tablero global.

The Conversation

Lino Camprubí does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

Publicado originalmente en The Conversation

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