Las discrepancias entre los métodos tradicionales de medición de conductas de la opinión pública y las opiniones de los más versados expertos, analistas y opinólogos han sido un hecho histórico de ayer hoy y mañana, sobre todo en materia política.
Así las cosas, los resultados de la reciente convención del Partido Liberación Nacional PLN llevada cabo el pasado 2 de abril y cuyos resultados se han conocido a la velocidad de la carreta, situarían a Antonio Álvarez con ocho puntos de ventaja sobre José Ma. Figueres.
Las encuestas
En el resultado determinante que daba la victoria a Alvarez, coincidieron casi al unísono todas las encuestadoras, el CIEP de la UCR, Opol, CID-Gallup, Demoscopia y Florisabel Rodríguez.
La tendencia que beneficiaba a Álvarez en intención de voto comienza a manifestarse ya en el mes de diciembre, algunos le otorgaban puntos más puntos menos, pero rezagaban a Figueres a un segundo lugar con una franca y sostenida tendencia a la disminución de posibles electores.
Los opinólogos
En este frente, las cosas también coincidieron, igual que las encuestas, pero la lectura fue muy diferente. Para los analistas y expertos, ganaba Figueres de cualquier forma.
Relativizaron y desacreditaron el valor de las encuestas, no confiaron para nada en ellas y fueron descartadas como elemento de análisis.
La coincidencia, como ya se apuntó, fue total, ganaba Figueres. Pero, el resultado final de la convención liberacionista fue otro y esta vez deja muy mal parados a los opinólogos que por unanimidad declararon la derrota de Álvarez.
Concluyendo
En ocasiones las encuestas han tenido fallos catastróficos, como el de los opinólogos ahora, pero la opinión pública que sigue, lee y escucha a los expertos analistas, espera mayor fiabilidad. Por ello, los analistas y expertos opinólogos deberían hacer de cara a su público, reflexiones y aprovechar la oportunidad presente para someterse a una autocrítica y ver lo que pasó.
Las razones parecen indicar que influyó la perdida de rigurosidad científica, el peso de la subjetividad, la antipatía partidista y por qué no, algún otro tipo de motivación.
Para el panorama electoral que se acerca, pedimos más trabajo, dedicación, y, sobre todo, seriedad de encuestadoras y opinólogos. La opinión pública merece respeto y estos son temas serios, que no deben contaminarse con sesgos y mucho menos con demagogia.
