El tema laboral y fiscal, con sus discrepancias implícitas no debería ser obstáculo para dialogar y llegar a acuerdos sustentados en un diálogo fuerte y real. Que con los años se ha vuelto indispensable para que el país continúe su marcha hacia el desarrollo, y sobre todo para que la enorme deuda social acumulada contra la clase media y los sectores más pobres de este país a lo largo de los años se empiece a pagar.

El Gobierno tiene que estar en la obligación de tender puentes de comunicación, conversar y conversar seriamente y tratar de buscar los acuerdos que deben ser honrados, sin importar la Administración de turno.

El Partido Acción Ciudadana PAC, por su parte, debe asumir plenamente su liderazgo como bancada oficialista tomando la responsabilidad asignada con seriedad. No hacerlo como respuesta a los reclamos del país sino como una respuesta a los genuinos intereses de los sectores populares que confían en su gestión política.

Pero en tanto desatino, la desconfianza y la sospecha política no permite generar un posicionamiento serio que permita hablar y hacer tratos con seriedad y respeto público al electorado. Aunque la agenda electoral ya esté en marcha, este es un daño a la democracia de todos los costarricenses.

Por eso, desde principios de la actual Administración varios sectores políticos, empresariales y sociales plantearon la necesidad de iniciar conversaciones serias y profundas para llegar a acuerdos consensuados en materia fiscal y de empleo.

Sin embargo el tiempo ha demostrado que hay quienes a la sombra del proceso, están interesados en que se mantenga el estatus quo y las zonas de confort a costa de la estabilidad social, económica y política del país. Ellos, sacan provecho de que este diálogo no se produzca y harán todo lo posible porque no prospere.

Urge, que los principales actores de la vida política nacional se sienten a conversar de verdad, formulen acuerdos, destruyan privilegios y actúen con justicia y responsabilidad. Esa es una exigencia del país, es una exigencia de la democracia y es una exigencia ineludible de la más elemental inteligencia política.

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Por La Revista CR

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