Albino Vargas Barrantes. 

¿Cómo nos piden apostar todo a un sistema de partidos políticos, sumamente fragmentado y con serios problemas de credibilidad, para que aceptemos, de buenas a primeras, una “solución” (el combo fiscal), al actual problema fiscal del país, cuya gravedad no negamos?

Veamos el caso de los tres grupos parlamentarios con más integrantes diputadiles. La fracción parlamentaria de mayor número de personas, la del PLN, se ha quedado ya sin base social estructurada. El fracaso de su pasada asamblea así lo constata. La clase media, creación original y otrora bastión liberacionista, hoy está en otro lado; pero tampoco parece sentirse representada esta golpeada clase media por el actual partido de gobierno, el cual entró en coalición con un presunto “adversario” ideológico del pasado reciente. Esta fracción, tercera en número tendrá un serio conflicto de identidad.

Esa clase media quedaría muy castigada si se aprueba el combo fiscal. Por otra parte, el segundo partido con más representación parlamentaria, el religioso, parece que dará la espalda a sus votantes, venidos éstos mayoritariamente de los sectores más pobres, también sujetos de exacción económica por ese paquetazo de impuestos en trámite, mermando todavía más su precario e inestable ingreso.

Considérese, adicionalmente, que esa “solución”, combo fiscal como le llama el pueblo trabajador, es completamente irresponsable por varias razones. Resaltamos cuatro de ellas:

  1. Tiene un fuerte sesgo de inequidad: las nuevas cargas tributarias agravan la situación económica de los asalariados y de la clase media, por un lado; por otro, aumentan los privilegios de exoneración del sector financiero (transacciones en bolsa).
  2. Básicamente está destinado a enfrentar el principal disparador del gasto público en la actualidad: el pago creciente y desbocado de los intereses de la deuda.
  3. Incluye ocurrencias subjetivas para regular el empleo público, mismo que requiere de un abordaje estructural integralmente conceptuado.
  4. Mantiene inalterados los esquemas facilitadores del robo de impuestos y de las exenciones-exoneraciones (al menos, 14 puntos porcentuales de PIB que seguirán “en fuga” del control fiscal.

En síntesis, el “combo fiscal”, expediente legislativo No. 20.580, oficialmente denominado “Ley del Fortalecimiento de las Finanzas Públicas” es un mamarracho (está llego de ocurrencias, muy mal elaborado y tiene mucha desconexión jurídica); y, es un mamotreto (espeso, denso, voluminoso, que plantea gran estado de indefensión civil).

Lo más conveniente sería, dada la urgencia que nos dicen de que hay que “quedarle bien” a las calificadoras de riesgo y ante la presión que ya ejerce el mismo Fondo Monetario Internacional (FMI); repetimos, lo conveniente sería entrarle fuerte y a la segura a una real y verdadera solución integral al problema fiscal nacional, en dos momentos.

  • UNO: Elaboración de una ley de emergencia fiscal, por el lado de la progresividad tributaria, que represente en el corto-mediano plazo unos 3 o 3.5 puntos PIB.
  • DOS: Diseñar, con más calma, un conjunto de cuatro o cinco proyectos de ley sencillos para enfrentar el problema del déficit fiscal y el de los intereses de la deuda, con una visión de mediano-largo plazo.

Venimos insistiendo en que se analice la experiencia del funcionamiento de la comisión parlamentaria de carácter mixto durante el período constitucional 2002-2006, la cual arrojó valiosos acuerdos para la urgencia fiscal del momento.

Además, sobran las propuestas para nueva legislación-tributaria que nos haga retornar como sociedad a la senda de la inclusión y de la integración sociales, en momentos en los cuales estamos partidos en (al menos), tres segmentos principales en riesgo de severa confrontación entre sí.

En la actual circunstancia, con el problema fiscal más grave que el que había en aquel entonces, el diálogo político-social es más que necesario. El “combo fiscal” actualmente en trámite, no sirve. Nos confronta. Es una fuente de inestabilidad social y de alto riesgo institucional. Creemos que el mejor camino es el diálogo político-social.

El autor es  Secretario General de Asociación Nacional de Empleados Públicos y Social (ANEP)

Albino Vargas Barrantes

Por Albino Vargas Barrantes

Albino Vargas Barrantes. Es sindicalista y Secretario General de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP).