Démosle una oportunidad a la Paz

Congreso de los Estados Unidos de América orgullo de hombres libres.

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Óscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

Discurso pronunciado el 22 de setiembre de 1987, en la sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos de América, en el Capitolio, Washington, D. C.

Quiero agradecer fraternalmente la invitación que se me ha hecho para hablarles en este día. A muchos de ustedes los conozco personalmente. A varios los he visitado aquí y otros me han visitado en Costa Rica, con lo que han demostrado un sincero interés por conocer nuestros problemas

¡Qué hermoso es hablar en un parlamento! Ustedes están aquí porque fueron libremente elegidos por los pueblos. Este es el mejor templo a la libertad que reconoce un demócrata. En el parlamento están la fuerza de la justicia y el alma de los pueblos libres.

Una sola ofensa puede cometerse en un recinto parlamentario: no hablar con libertad, no hablar con sinceridad, no hablar con la verdad. Por eso hablo aquí con el mismo orgullo de hombre libre que ustedes sienten, con esa libertad que hace iguales a los hombres e iguales a las naciones. En 1921 ya decía el maestro costarricense Joaquín García Monge:

«Los pueblos pequeños, si son dignos, si no son serviles, si son ilustrados y laboriosos, también tienen derecho a ser libres como los grandes, y que si hay un coraje sagrado es el de los pueblos que se yerguen como un solo hombre en defensa de sus más caras libertades».

DIFERENCIAS QUE NO NOS SEPARAN

Entre esta gran nación y mi querida Costa Rica hay un sinnúmero de diferencias. Diferencias de extensión territorial: el mío es uno de los países más pequeños; el de ustedes, uno de los más grandes. Diferencias de población: la de mi patria es de dos y medio millones, la de Estados Unidos, de doscientos cincuenta millones. Diferencias en el ingreso: quince mil dólares por habitante en este país; mil quinientos dólares en el mío. Diferencias en armamentos: la nación de ustedes es, militarmente, la más poderosa del mundo; nosotros no tenemos armas de guerra.

Ninguna de esas diferencias nos separa. Ninguna de esas diferencias nos aparta de nuestra condición de hermanos. El noble pueblo que ustedes representan y nuestra Costa Rica están unidos porque comparten los valores más hermosos que el hombre ha sabido conquistar en la historia: la democracia, la libertad, el respeto irrestricto a los derechos del hombre, las luchas por la justicia, las luchas por la paz. Creemos en la sabiduría del pluralismo, creemos en la consideración al adversario político. Creemos en el orden jurídico. Anhelamos transformar nuestros sueños en realidades.

Sé que somos iguales porque nos unen los valores que tanto amamos y que juntos aspiramos a poner en práctica. Sé que ustedes quisieran compartir con nosotros todo lo bueno que han alcanzado, al igual que nosotros deseamos compartir con ustedes nuestros logros y el cariño y la hospitalidad de nuestro pueblo.

EL DIÁLOGO DE LA AMISTAD

La relación de nuestros dos países ha sido paradigma de amistad. Cada vez que nuestra centenaria democracia fue amenazada por intentos golpistas, o por invasiones externas, el pueblo estadounidense siempre estuvo a la par del nuestro. Cada vez que ustedes se lanzaron a cruzadas para defender de la amenaza totalitaria al mundo libre, mi pequeña Costa Rica no titubeó en unirse a ustedes. No hay una sola crisis económica en nuestra historia en la que ustedes no nos hayan tendido la mano amiga. Costa Rica se enorgullece de su amistad con Estados Unidos de América, y así lo pregona ante el mundo entero. A ustedes podemos decirles lo que pensamos, sin que necesariamente sea eso lo que quieren oír. Otro tanto hacen ustedes con nosotros. Es el diálogo de la amistad, el diálogo que no conoce la sumisión. Es el diálogo que aspira a encontrar coincidencias por medio de la sinceridad.

LA VERDAD DE MI PUEBLO

Cuando el presidente Ronald Reagan visitó Costa Rica, en diciembre de 1982, citó en su discurso a un distinguido expresidente costarricense del siglo pasado. Repitió estas palabras de don José Joaquín Rodríguez:

«No me siento impresionado al escuchar proclamas de grandes principios; lo que admiro son los hombres que saben ponerlos en práctica». Y luego agregó: «Costa Rica es un altivo ejemplo de un pueblo libre que práctica los principios de la democracia. Y ustedes lo han hecho tanto en tiempos buenos como en tiempos malos; cuando era fácil y cuando se requería un gran arrojo».

Con toda humildad quiero decir aquí que esas palabras corresponden a la verdad de mi pueblo. Para nosotros la política no puede tener otro sentido que el de luchar cada día por transformar en realidades lo que pensamos. Sé que para ustedes también es así. Es este quizás el tesoro, el privilegio más grande que comparten nuestros dos pueblos. Ni ustedes ni nosotros podemos estar tranquilos si sabemos que la libertad está amenazada. Ni ustedes ni nosotros podemos estar tranquilos si sabemos que hay niños abandonados, hombres y mujeres sin trabajo, familias sin techo.

Ni ustedes ni nosotros honraremos como héroes a hombres que mientan o engañen. Ni ustedes ni nosotros elegiremos jamás la guerra cuando podemos hacer la paz. Ni ustedes ni nosotros renunciaremos a mirar hacia el futuro. Es en el futuro donde hay más hombres libres, donde hay más democracias, donde hay más justicia, donde hay más paz. Ni ustedes ni nosotros podemos renunciar nunca a la esperanza, a que las cosas sean diferentes, a que haya cambios allí donde hay injusticias, allí donde la paz esté amenazada.

PERTENEZCO AUN PAÍS PEQUEÑO

Yo pertenezco a un país pequeño, que no tuvo temor de abolir el ejército para ser más fuerte. En mi patria no existe un solo tanque, un solo cañón, un solo barco de guerra, un solo helicóptero artillado. En Costa Rica no le tenemos miedo a la libertad. Amamos la democracia y respetamos el derecho. Nuestra democracia tiene cien años de funcionar; es la más antigua de América Latina y una de las más viejas del mundo. Aspiramos al desarrollo. Buscamos la paz en nuestras fronteras.

Hemos avanzado mucho en materia de educación, salud y nutrición. En todos estos campos tenemos niveles comparables a los mejores de América Latina. Aun siendo pobres, hemos podido alcanzar metas satisfactorias de desarrollo, en gran medida porque no gastamos en armas y porque la práctica continua y leal de la democracia obliga a atender las necesidades de las mayorías. Hace casi cuarenta años abolimos el ejército, y hoy no somos amenaza para nadie: ni para nosotros mismos ni para nuestros vecinos. No somos amenaza no porque no tengamos tanques, sino porque prácticamente no tenemos hambrientos, ni analfabetos, ni desempleados.

LA NUEVA ECONOMÍA

En estos años de dura y persistente crisis económica, los costarricenses entendimos que era necesario crear una nueva economía. La base de todo cambio es, sin duda, garantizar la paz en Centroamérica. En seis años, el comercio regional ha caído de 1.000 millones de dólares a 400 millones. Sólo la paz puede devolvernos ese mercado. Igualmente graves han sido los efectos negativos de la disminución de las inversiones y de la fuga de capitales. Si no hay paz, no habrá desarrollo.

Estamos empeñados en realizar profundos cambios en nuestra estructura productiva. Buscamos una concepción diferente del desarrollo económico y social. Nuestra democracia política será invulnerable sólo si somos capaces de crear una democracia económica. Aspiramos a una sociedad de muchos propietarios y no de proletarios. Ya lo decía Daniel Webster: «Power naturally and inevitably foliows property».

En los cambios del sistema productivo, no podemos renunciar a la sensibilidad social, característica de nuestra historia. Somos un país pequeño, de delicados equilibrios que encuentran sus raíces en el respeto mutuo. A muchos les sorprende que en horas difíciles para la economía no estemos dispuestos a abandonar programas sociales. Perfeccionarlos, sí. Hacerlos más eficientes, también. Deshumanizar nuestra economía, no. Por eso hoy estamos empeñados en un programa especial de vivienda popular y hemos extendido a toda la población la atención médica gratuita. Somos dos millones y medio de habitantes y si rompemos la solidaridad que hemos sabido mantener en la pobreza, derribaremos uno de los pilares más sólidos de nuestra convivencia democrática.

Para establecer la nueva economía sin poner en peligro la estabilidad económica alcanzada, estamos negociando programas de estabilización económica con el Fondo Monetario Internacional, y de ajuste estructural con el Banco Mundial. En el campo interno, nos ocupamos en modernizar el sistema financiero. Hemos reducido significativamente el déficit fiscal y estamos empeñados en un gran esfuerzo para aumentar nuestras exportaciones.

Lograremos la nueva economía con más propietarios y mediante el desarrollo de esquemas empresariales en los que la productividad y el esfuerzo individual determinen el ingreso de los trabajadores. Rechazamos la falsa disyuntiva de «eficiencia económica o justicia». Postulamos, más bien, que ambas deben ir de la mano.

Mi gobierno está actuando decididamente para materializar todo el potencial de la iniciativa privada. Por eso, nos empeñamos en extender el motivo de lucro mediante planes para que los trabajadores participen como accionistas de las empresas «Profit sharing economy». Estamos en el proceso de traspasarle a las cooperativas las empresas estatales. La semana pasada les transferimos a doscientos mil cooperativistas la Central Azucarera Tempisque, la empresa agroindustrial más grande de mi país.

La nueva organización económica debe fundamentarse en la equidad y en la seguridad. No es posible establecer en Costa Rica, en nombre de la eficiencia, una economía con base en la codicia y la intimidación.

LA COLABORACIÓN DE ESTADOS UNIDOS

Para todos estos cambios hemos contado con la colaboración del pueblo y el Gobierno de Estados Unidos. Esta colaboración se ha manifestado en préstamos y donaciones y también en facilidades nuevas para nuestros productos en el mercado estadounidense. La Iniciativa de la Cuenca del Caribe se transforma, poco a poco, en pilar para nuestras nuevas exportaciones. Todavía subsisten muchos obstáculos en relación con ese programa. Somos un país pequeño y ninguno de nuestros productos constituye amenaza para las empresas de este país. Estamos en negociaciones para incluir otros productos en el convenio. Confiamos en que no sigan aplicándose a Costa Rica sanciones administrativas y en que se aumenten las cuotas de algunas de nuestras exportaciones.

Con la implantación de la nueva economía, pretendemos cambiar paulatinamente la ayuda externa por oportunidades para crear un desarrollo más autónomo. En el camino se interponen, desafortunadamente, una elevada deuda externa, la inestabilidad del acceso a nuevos mercados y el persistente deterioro de los términos de intercambio. En este Congreso se han presentado iniciativas como la del Senador Bradley, para lidiar con la deuda externa; o la del Senador Sanford, para crear programas especiales de ayuda a Centroamérica, que podrían apuntalar de modo importante la economía de la región y contribuir al establecimiento de la paz.

EL PRINCIPAL DESAFÍO

Dije aquí que nuestro principal desafío es lograr la paz en América Central. Ustedes comparten estos anhelos. En agosto, en la ciudad de Guatemala, las cinco naciones centroamericanas firmamos un pacto de paz. En la raíz de los problemas que hoy padece la región hay una historia de doscientos años de injusticia. Se ha perpetuado para millones de seres humanos la pobreza más despiadada. Estamos convencidos de que la miseria es la causa de la tragedia que se vive en el istmo. Estamos convencidos de que, cualquiera que sea el riesgo que debamos correr para luchar por la paz, siempre será menor que los costos irreparables de la guerra.

Estamos cansados de una historia de muerte, de enfrentamientos estériles, de dictadores despiadados, de pueblos marginados de los beneficios del desarrollo. Ese camino significa colocar tiranos a la cabeza de los pueblos, y ya no queremos más tiranos en América. Nos resistimos a aceptar que todo tenga que seguir igual.

Nos resistimos a aceptar que, cuando las juventudes miran el futuro, se las quiera obligar a ver el pasado. Nuestros pueblos tienen derecho a transitar por la libertad, a disfrutar la paz, a trabajar con éxito por el desarrollo. En Guatemala firmamos un compromiso para cambiar la historia.

EL PLAN DE PAZ

El plan de paz propicia la reconciliación nacional allí donde se matan hermanos. Pedimos diálogo y pedimos amnistía. Queremos un cese del fuego lo antes posible. Queremos que se realice la democratización en plazo perentorio. Solicitamos elecciones libres, que reflejen la auténtica voluntad de las mayorías. Demandamos la suspensión de la ayuda militar a todas las potencias que intervienen en la región. Queremos que se garantice la no utilización de territorios para agredir a otros estados. Buscamos una reducción del armamento. Solicitamos la supervisión nacional e internacional al Grupo de Contadora y al Grupo de Apoyo, a los secretarios generales de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos. Proponemos fórmulas para evaluar los progresos hacia la paz. Afirmamos que en la democracia y en la libertad hemos de retornar al desarrollo que nos permita disfrutar de una paz duradera. Estos puntos recogen años de labor del Grupo de Contadora y expresan la fuerza de un siglo de democracia y libertad de Costa Rica.

Los pueblos de Centroamérica están hablando entre sí. Hablan sus presidentes, hablan sus ministros, hablan sus técnicos. Hablan los escritores y los periodistas, hablan los hombres de las iglesias. Hay una ruta centroamericana de diálogo para Ja que pedimos ayuda. Sabemos, mejor que nadie, cuán difícil es abrir caminos en el trópico, pero sabremos abrirlos. Se han establecido comisiones de reconciliación y está muy cerca el diálogo entre los hombres alzados en armas y los gobiernos. En estos últimos días Costa Rica ha puesto, una vez más, toda su autoridad moral para alentar, en El Salvador y en Nicaragua, los diálogos que conduzcan pronto a negociar un cese del fuego. Si callan las armas, si dejan de matarse hermanos, el diálogo tendrá sentido.

El acuerdo de paz es un camino, es un procedimiento en que, de buena fe, nos hemos comprometido todos a trabajar por la paz. Nos hemos fijado plazos. Sobre todo, queremos lograr metas comunes. Algunas cosas las haremos antes del vencimiento de esos plazos; otras quizá demoren más. Hemos abierto una puerta para que en Centroamérica prevalezca la razón, para que se afiancen la reconciliación y el diálogo. Si hay voluntad de cumplir, no podemos enterrar la esperanza.

NO EQUIVOQUEMOS EL CAMINO

Frente a una encrucijada de paz y desarrollo o de guerra y miseria, no debemos equivocar el camino. Ustedes y nosotros no podemos estar separados en esta lucha. La lucha por la paz de Centroamérica es la lucha histórica de las democracias. Como nunca antes, hay una hora señalada en esa historia para que el pueblo de Estados Unidos y el de Costa Rica digan « ¡presente!» con toda la fuerza de los principios y los valores que compartimos.

La historia de Centroamérica es desgarradora. En estos años más de un millón de personas han sido desplazadas de sus hogares. Más de cien mil han muerto. Si grabáramos sus nombres en un muro, como grabados están aquí, en Washington, los nombres de los caídos en Vietnam, tendríamos que construir un muro tres veces más largo para inscribir a los centroamericanos víctimas de la violencia de estos años.

Ustedes buscan la paz con igual empeño que nosotros. Hay planes como la conocida propuesta «Wright-Reagan», que incluye aperturas importantes para facilitar la paz y garantizar la democracia, el desarme y la seguridad regional.

RECOBREMOS LA FE

Es hora de sumar lo positivo de todos los planes. Démosle una oportunidad a la paz. No permitamos que prevalezca la mezquindad de algunos ni la ceguera de otros. Si luchamos juntos por la paz, la alcanzaremos. El camino es difícil. Pero ¿acaso ha sido fácil uno solo de nuestros caminos? Aquí, en Estados Unidos, ¡cuán duras han sido las luchas por conquistar el propio territorio, por conquistar la igualdad para todos los hombres de estas tierras, por preservar la libertad, por llegar al espacio! Cuanto más difícil sea el obstáculo, más grande será la satisfacción de vencerlo.

Recobremos la fe en el diálogo. Usemos sin temor la verdad. Enterremos el miedo a la libertad. La derrota de la política es la guerra. Por eso, jamás podremos aceptar que esa sea su expresión suprema.

NUESTRA VIEJA AMISTAD

Estamos muy agradecidos por la amistad de ustedes. Con su ayuda queremos obtener nuevas y mejores oportunidades de desarrollo. Con su ayuda queremos cambiar las amenazas de guerra por oportunidades para la paz.

Reafirmemos la fe en nuestra vieja y sincera amistad. Costa Rica quiere subsistir con sus viejos y queridos valores. Cuando el presidente John F. Kennedy nos visitó, hace veinticuatro años, dijo con vehemencia:

«Hoy en día, los principios de no intervención y de solución pacífica de disputas se han entrañado tan firmemente en nuestras tradiciones que esta democracia heroica, en cuyo suelo nos reunimos hoy, puede continuar su marcha en pos de sus objetivos nacionales sin que la fuerza armada tenga que guardar sus fronteras. Existen pocos lugares en el mundo de los que pueda decirse lo mismo».

En estas horas difíciles creemos, más que nunca, en las palabras de Kennedy. Este año establecimos en Costa Rica el «Día de la abolición del ejército», suprimimos todos los rangos militares, y, mediante un concurso entre las escuelas, determinaremos el uniforme civil que llevarán nuestros policías.

Enfrentémonos a la guerra con la fuerza de la paz. Enfrentémonos al totalitarismo con la fuerza de la democracia. Unidos en las ideas y en los principios, juntos en el diálogo y en la democracia, lograremos que prevalezca la concordia. Debemos darle a la paz una oportunidad sincera.

 

 

Óscar Arias Sánchez
Abogado y politólogo, Presidente de Costa Rica en los períodos de 1986-1990 y 2006-2010.
Premio Nobel de la Paz en 1987.

 

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