Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

En países desarrollados sobran profesionales y empresarios pero falta mano de obra. A pesar de la resistencia gubernamental y la xenofobia, no tienen más remedio que importarla.

Aquí pasa lo contrario. Deberíamos importar más empresarios (lo que ya tímidamente hacemos, con todo y el capital que viene en inversión externa directa) y, sobre todo, más profesionales (médicos, ingenieros, científicos) que abran puestos de trabajo para técnicos y personal no calificado. Si no lo hacemos, lo que nos va a quedar es exportar trabajadores (como ya hacen muchos países centroamericanos y nuestra zona sur).

Nuestras universidades no quieren pellizcarse. Les interesa solo mantener el statu-quo, pues han preparado tantos profesionales en áreas en que no hay trabajo que tienen que evitar que sus profesores, en esas especialidades, se les queden sin él. (¡Dedíquenlos a investigación seria, eso sí, a la altura de las grandes universidades!)

Es inconcebible que la CCSS use como pretexto, para no abrir un segundo (y hasta tercer) turno, la escasez de especialistas. Según las universidades, instruidas y presionadas por el Colegio de Médicos, pueden predecir cuántos especialistas se necesitan en cada ramo y, por tanto, a dedo, deben decidir y racionar a los médicos que quieren especializarse. ¡Qué bonito que a uno le protejan así la competencia en el mercado de trabajo!

Es hora de abrir el mercado a la llegada de profesionales extranjeros y sacar a los colegios profesionales, que son parte interesada y tienen un altísimo conflicto de intereses, del privilegio de “medir quiénes tienen la capacidad suficiente para competir con ellos” (como si a nivel local graduásemos solo excelsas lumbreras). Un prestigioso médico, de muy alto nivel, me comentó una vez que, si a él lo pusieran a hacer esos exámenes, especialmente en materias que nada tienen que ver con el ejercicio de su especialidad, no los pasaría ni de lejos.

 


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