Dennis Meléndez: ¡Dejate de mates!

El tico lo usa de muchas maneras. Por ejemplo, cuando alguien se está portando mal o actúa de manera majadera o necia, no es inusual que se le espete: “¡dejate de mates y ponete serio!

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

El Diccionario de la Real Academia ignora que los costarricenses usamos profusamente este término. Solo le ha abierto la puerta a su uso como americanismo coloquial en Honduras y El Salvador. Según su definición, mate es, en esos países, un “movimiento brusco y repentino, que muestra la intención de la persona que lo hace.” En nuestro país también se usa esa acepción, pero su uso popular es por mucho, más amplio que ese estrecho significado que le dan los catrachos y guanacos.

El tico lo usa de muchas maneras. Por ejemplo, cuando alguien se está portando mal o actúa de manera majadera o necia, no es inusual que se le espete: “¡dejate de mates y ponete serio! También es corriente, escuchar, a manera de reclamo que se le diga a otra persona: ¡qué mate el tuyo!, con lo cual se le puede estar indicando muchas cosas, desde que nos resulta molesta su presencia o su forma de hablar, o simplemente que está diciendo algo que es difícil de creer o hace algo que no nos gusta. También, andarse con mates, significa hacer cosas tontas o cometer estupideces.

¡Ese carajo se vino con unos mates!
Dejate de mates. Yo sé que no querés ir a la fiesta.
Qué mates los tuyos, dejá de estar jodiendo.

HISTORIA

¿Quién puede dudar que la palabra “mate” está en la entraña misma de la esencia idiomática más pura del pachuco tico? El verdadero origen del término “mate”, en su sentido pachuco, como algo molesto o inesperado, quizás nunca se sepa y desconocemos si tendrá el mismo origen en Costa Rica que, en las tierras de Farabundo y Morazán. Pero en Costa Rica su uso es más amplio.

Una hipótesis que tiene mucho sentido sostiene que este es un término asimilado directamente del lunfardo, jerga de la clase baja argentina, universalmente difundida por medio de los tangos. En lunfardo, mate es la cabeza de una persona, en alusión al pequeño calabacín al que se le extrae la pulpa y se le deja secar para luego preparar y tomar la yerba mate, esa bebida tan inexplicablemente apetecida en el oriente del Cono Sur del continente.

Preparar el mate como debe ser, no es un mate nada fácil. Cuando el mate se llena con la yerba y se hace pasar el agua caliente la cual se sorbe con la bombita, en determinado momento se satura, y la yerba no solo no tiene buen sabor, sino ya no es capaz de dejar pasar el agua. Entonces, en el lunfardo, tener el mate

Cuando alguien tiene la cabeza llena de cosas sin sentido o de estupideces, es incapaz de razonar. Por eso la expresión tica: ¡dejate de mates!, o sea deje de hablar o hacer estupideces.

¿Y cómo llegó este término a Costa Rica? Con el arribo de la radio al país, en los años 20 y que se volvió relativamente popular en los 30 y 40, empezó a popularizarse el tango argentino. En los años 40, Gardel fue el ídolo por excelencia de las jóvenes ticas. Esta tendencia argentinizante fue también impulsada por el cine argentino, que dominó el ambiente lúdico nacional de los años 40 y 50. ¡Mano a mano nos trajo todos esos mates!

Otro cambio notable que produjo fue la elevación del estatus del voceo en el trato personal. Si bien, como en toda América, lleno se asimila a tener la cabeza llena de fantasías irrealizables.

Este significado queda explícito en el tango “Mano a mano”, que en una de sus estrofas dice

Hoy tenés el “mate” lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión,
la milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro, en el pobre corazón.

El voceo se usaba prácticamente desde la Colonia, primero a todo nivel social, pero con el tiempo se le consideraba una forma campesina de hablar. Con la llegada de los tangos y las películas argentinas, se mostraba este como el trato usual, aún entre la alta sociedad, lo que provocó que las juventudes de entonces lo asimilaran como el trato familiar y elegante por excelencia.

Así es que mejor nos vamos dejando de mates y aceptamos, de una vez por todas que, en alguna medida, las costumbres y el lenguaje de ese país suramericano tuvo mucha influencia en la idiosincrasia tica. No en balde, nuestros hermanos centroamericanos nos conocen como “los argentinos de Centro América”. Y hay que dejarse de mates, no es precisamente por las mejores cualidades de las muchas que tienen los porteños del río de La Plata. Al fin de cuentas, los ticos somos todos, en mayor o menor grado, pachucos.

 

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