Dennis Meléndez: El precio por denunciar realidades

Cuando uno se atreve a mencionar esas atrocidades, estratégicamente, es clasificado como enemigo público de ellas y de que es movido por el afán de destruir

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Al igual que Luis Lorenzo Rodriguez estudié en la universidad pública, fui becado al extranjero por ella y ejercí como docente por bastantes años. Guardo un enorme cariño y admiración por mi centro de estudios y de trabajo. Por eso, desde hace muchos años he estado preocupado del cáncer que la ha estado consumiendo: la burocracia, las odiosas discriminaciones de admisión, la falta de creatividad para autofinanciarse (excepto cuando se trata de generar negocios a su sombra, que luego se convierten en pensiones de lujo) y los abusos de todo tipo.

Claro que, cuando uno se atreve a mencionar esas atrocidades, estratégicamente, es clasificado como enemigo público de ellas y de que es movido por el afán de destruir. Es la estrategia usual de los grandes grupos de interés que devoran privilegios, prebendas y se inventan derechos exclusivos

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«La tarea de la UCR es derrotar su propia burocracia.

El Tercer Congreso de la Universidad de Costa Rica, realizado en 1974, estableció una nueva estructura institucional, sin desaparecer la anterior, dando inicio a un desarrollo burocrático, académico y administrativo, de tal magnitud, que imposibilita la toma de decisiones sobre asuntos importantes, relacionados con la adaptación institucional a los cambios requeridos por el país.
En las vicerrectorías y los órganos superiores creados por el Tercer Congreso, crecía sin cesar el número de unidades adscritas y de funcionarios y se fue consolidando una estructura totémica y elefantiásica, en la cual se concentró todo el poder de toma de decisiones.

A pesar de contar con ese poder, esta maraña burocrática no ha sido capaz de realizar cambios importantes.

Las únicas decisiones que se logran tomar, son aquellas que son siempre bien recibidas, tales como: otorgar recursos, plazas, viajes, aumentos, pluses, permisos, becas, licencias, viáticos, etc.
Connotados investigadores de las organizaciones, como el canadiense Henry Minzberg, clasifican las universidades en el grupo de organizaciones o burocracias profesionales, por cuanto, el personal más importante de su núcleo operativo, está constituido por profesionales, lo cual les confiere una serie de características muy particulares distinguiéndolas del resto de las organizaciones.
Para efectos de este artículo, solo se mencionaré tres características por relevantes y pertinentes.

La primera es la formación del trabajador, no hay que decirle lo que tiene que hacer ni como tiene que hacerlo, se supone que ya viene capacitado y sus colegas también.

La segunda, derivada de la primera, es su gran autonomía y su enorme celo por conservarla y aumentarla.

La tercera, derivada de las anteriores, es la gran tolerancia que caracteriza las relaciones laborales en esas organizaciones.

Si a esto le agregamos el concepto distorsionado de autonomía y los hechos ocurridos durante decenios, en donde no ha existido ninguna rendición de cuentas, ni control de gastos o resultados, ni evaluaciones de ningún tipo, es comprensible que por tercera vez, la Asamblea Legislativa haya nombrado una comisión investigadora del presupuesto universitario y en su informe repita las mismas recomendaciones de siempre, solo que esta vez con un lenguaje menos diplomático y cortés. (Editorial de La Nación del 4 de junio)

Si alguien piensa que la universidad será capaz de aceptar las recomendaciones de la comisión de la Asamblea Legislativa y hacer al menos el intento de ponerlas en práctica, es porque desconoce el funcionamiento y los rasgos de la cultura organizacional, común en las universidades públicas.

Esto no contradice el bien merecido prestigio de la Universidad de Costa Rica y de la gran mayoría de abnegados profesores y funcionarios.

El asunto es comprender, cómo a pesar de esa gran mayoría de trabajadores del más alto nivel académico, honrados y dedicados, con vocación a la investigación y la difusión del conocimiento, no existan en esas organizaciones, mecanismos que velen por evitar los abusos de unos pocos, que tanto daño le ocasionan a toda la institución y al país entero.

Puede hablarse de algunas situaciones que se han dado en el pasado cuyas soluciones vinieron del gobierno por medio de leyes, sin contar con el apoyo de las universidades, aun cuando se trataba de abusos evidentes, como fue el caso de las pensiones.

Otras situaciones conocidas por la gran mayoría de universitarios se mantienen sin resolver, gracias a esa tolerancia exacerbada mencionada anteriormente.

Con fines ilustrativos, mencionemos algunas de esas situaciones, con un enorme impacto presupuestario y veremos que las autoridades, o las ignoran o las niegan, generalmente matizados con cifras no verdaderas y argumentos ad hominem.

Las enormes desigualdades e injusticias en las cargas académicas, siempre en contra del personal académico interino.

La frondosa burocracia administrativa que cunde por toda la institución, haciendo las cuentas correctamente, por funciones reales y en tiempos completos, hay más administradores que docentes.

La burocracia académica en las vicerrectorías y oficinas anexas es enorme, los decanos y vicedecanos así como directores y subdirectores, no tienen funciones de responsabilidad, aunque nadie lo acepte.

Los posgrados autofinanciados operan como pymes privadas, más caros que los ofrecidos por las universidades privadas y los estudiantes en su mayoría vienen de esas universidades, se les exime de ganar el examen de admisión y a la mayor parte, del requisito de tesis, lo que ganan los profesores son ingresos extra.

Los salarios de ensueño, denunciados por la comisión citada, solo son percibidos por una ínfima minoría, se podrían corregir los portillos que llevaron a esa inflación salarial, o no se corrigen porque no les conviene a los que vienen atrás.

Lo más probable es que las universidades hagan lo de siempre, culpar de todos los males del país y del mundo a la empresa privada, asustar a los funcionarios con despidos y a los estudiantes con disminuciones de becas y de servicios y utilizarlos a todos contra al gobierno, además, harán lo que el gobierno frente al despilfarro: nada.»

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