Dennis Meléndez – Es inmoral jugar con la salud

Al ver esas filas de funcionarios ociosos, sentados en las aceras, haciendo bromas y charlando alegremente, me pregunto: ¿No les da ni el más mínimo dolor de conciencia ni remordimiento por los crímenes que potencialmente están cometiendo?

Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Creo que en la CCSS hay mucho abuso en materia salarial, como en casi todo el sector público. Podemos culparnos históricamente por la situación a que se ha llegado, pero sería una discusión interminable que no nos lleva a ninguna solución y, además, podemos terminar peor.

Si la Caja quiere contar con buenos profesionales es claro que debe pagarles bien, pero estrictamente con base en sus méritos cotidianos (con énfasis en esta última palabra). Pero el sistema actual no discrimina entre los profesionales de la salud que hacen su trabajo a conciencia, éticamente y con mucho profesionalismo, de aquellos oportunistas y chabacanos que hacen su trabajo solo por cumplir con lo muy básico, con el mínimo esfuerzo y pésimo trato humano (personalmente he visto algunos).

Pero, en estos momentos, ese no es el punto. Aunque viendo las cifras, los cambios que se están dando en sus remuneraciones totales son casi simbólicas, casi como una muestra de buena voluntad para ayudar a que la carreta del país salga del barreal, ese no es el verdadero problema.

Lo que es inconcebible, inmoral y antiético, desde cualquier punto de vista que se le mire es que se juegue con la salud y la vida de los asegurados, que no tienen ninguna culpa en esto. Más bien, es gracias a ellos que se pagan sus salarios y privilegios y, al final, el personal médico y afín no tiene ningún empacho en aplastar sus más elementales derechos humanitarios y pasar por encima del código ético más elemental (para no hablar de juramentos). Eso es abiertamente inmoral.

Este caso no es distinto del de aquel padre inescrupulodo y asesino que, porque su mujer lo engañó, mató a sus hijos. Están abusando de los más débiles y causándoles daños irreparables para defender cuestionables beneficios.

Al ver esas filas de funcionarios ociosos, sentados en las aceras, haciendo bromas y charlando alegremente, me pregunto: ¿No les da ni el más mínimo dolor de conciencia ni remordimiento por los crímenes que potencialmente están cometiendo?


 

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