Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Cada mañana, camino al trabajo, paso por la construcción del nuevo Napoleón Quesada. Es doloroso ver el ejército de trabajadores desempleados asomados por la malla, a la espera de que alguien de adentro les diga que necesitan uno más. Parecen chiquillos pobres arrimados a la ventana de una heladería viendo comer a la gente que sí tiene ese privilegio.

El problema de desempleo es muy serio. Es cierto que hay una desaceleración mundial, pero es responsabilidad de los gobernantes de turno emprender las acciones para neutralizar sus efectos. En Costa Rica hacemos más bien esfuerzos por empeorarlos. Un déficit fiscal incontenible, un alud de impuestos que ahogan el consumo y la producción, trámites espeluznantes y deseos de complicar la vida a los ciudadanos obligándoles a hacer filas y viajes a instituciones innecesarios y la aberrante negativa a ahorrar en lo más obvio como el cierre de entes públicos fracasados, junto con una mala política de financiamiento fiscal que trae el tipo de cambio hacia el abismo, son medidas que están destruyendo nuestro aparato productivo.

¿Querrá el PAC pasar a la historia como el partido que destruyó la base de generación de riqueza de Costa Rica?

 

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