Dennis Meléndez: La deuda pública está a «un estornudo» de llegar al 60% del PIB

Para lograr que todos colaboremos es necesario plantear las cosas como son, como dirían nuestros previos gobernantes, aunque sea cortando los árboles del frente de la Casa Presidencial, para que haya "transparencia".

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

No quiero sonar aguafiestas. Es cierto que hay que destacar el enorme esfuerzo que está haciendo la señora Ministra de Hacienda para disminuir el presupuesto nacional y es mucho lo que ha logrado .

Pero hay tres puntos que se deben mencionar como muy preocupantes y sobre los que se debería hablar francamente, para que no suceda que, después de que se han generado expectativas, la gente sienta que se les ha engañado nuevamente.

El primero, tiene que ver con la famosa disminución del presupuesto de 4.3%. Si eso significara una reducción en el gasto, sí sería para celebrar. ¡Pero no! Consiste en un truco que ya empleó don Helio Fallas y Luis Guillermo Solís en 2017 y que produjo el famoso «hueco fiscal» de ¢900 mil millones. Rebajar lo que se presupuesta para pagar la deuda externa. Desde luego que, aunque en esencia es lo mismo, ahora sí se está haciendo dentro de la legalidad. ¿Cuál es el truco? ¡Estamos pagando el mínimo de la tarjeta de crédito!

En 2018 y 2019 se hicieron operaciones de canje de deuda para darle una patada a la bola y pasar los pagos para más adelante, desde luego que a un costo muy grande en intereses, pues los acreedores aceptaron encantados con los jugosos intereses que se les reconocieron. Esto había que hacerlo de todas maneras y tendremos que seguirlo haciendo, no por virtud sino por necesidad. Como decían nuestros antepasados, «estamos en la cureña». Esto es un tema más de maquillaje del discurso para endulzar los oídos de los ciudadanos. Lástima que sea un «bloff».

El segundo punto sí es verdaderamente imperdonable. El gobierno cedió sin inmutarse a la glotonería de las universidades públicas. A estas se les aceptó, por debajo de la mesa, un aumento del FEES de 12%, lo cual viola flagrantemente la regla fiscal (máximo, 4.7%). Y claro, se usó una triquiñuela ingeniosa. Como los gastos de capital (inversión) no están limitados por la regla fiscal, se les dio todo lo que pedían pero «con el ruego» de que de ese monto, usen ¢70 mil millones para compra de equipos de laboratorio, plazas de la diversidad, construcción de oficinas, etc. Esto se hizo también con el INA, aunque por un monto apenas el doble de lo que costaría a la Caja seguir pagando a los funcionarios según lo pactado para terminar la huelga. Y claro, se anunció con bombos y platillos «un aumento de 18% en los fondos para inversión pública», excelente noticia, excepto que casi todo son los recursos así camuflados de las universidades.

Y el tercero, se anuncia que «se ha cumplido con holgura con la regla fiscal», pues el presupuesto de gasto corriente crece 3.9% cuando podía crecer hasta 4.7%. Pero tengamos cuidado. Aún no está claro cuál es el gasto corriente que se debe usar: el presupuestado originalmente, el presupuestado con modificaciones durante el 2019, o el ejecutado, tanto del 2019 como de 2020. La Contraloría fue muy clara hace algunas semanas, cuando se discutió el reglamento a la Ley en cuanto a que debía usarse el ejecutado. Si la CGR tiene la razón, se estaría violando la regla y por mucho. Ya la Señora Ministra ha adelantado algo al afirmar que para poder cumplir la regla fiscal «habría que cerrar 8 ministerios» enteros. O sea, parece tener clara cuál es la verdadera restricción. Parece que aún no es tiempo de celebrar.

Y hay un punto que no se ha hablado claramente. La deuda pública está a «un estornudo» de llegar al 60% del PIB. Con solo unos centavos que se hayan calculado de menos o un poco menos de crecimiento del PIB, ya se supera ese límite. Y eso significa, normas más estrictas, entre ellas, la congelación de salarios y pluses del sector público. Los cálculos del Ministerio de Hacienda es que para volver al 60% pasarán más de 20 años. ¿Será posible mantener congelados los salarios por todo ese tiempo?

Para lograr que todos colaboremos es necesario plantear las cosas como son, como dirían nuestros previos gobernantes, aunque sea cortando los árboles del frente de la Casa Presidencial, para que haya «transparencia».

 


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