Dennis Meléndez: los educadores y sus huelgas

Si la educación no es un servicio básico, como bien nos lo recuerda don Manuel Sancho que lo consideran los sindicatos, el gobierno y los diputados, si están todos de acuerdo en eso, lo que sigue es que también se deje de considerar la educación como un servicio público.

Mauro Fernández Acuña

Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Qué lejos estamos de la visión de nuestros patricios, como don Jesús Jiménez, don Bernardo Soto y don Mauro Fernández, para quienes la educación pública sería el gran baluarte que permitiría el salto de Costa Rica a niveles altos de bienestar. Hoy, esa educación pública está secuestrada por sindicatos y maestros sin escrúpulos, para quienes la formación de sus estudiantes no es relevante. Al menor motivo, con o sin razón se levantan en huelga. Para colmo, parece que nuestros dirigentes políticos de hoy se convierten en cómplices de ese oprobio y son más que condescendientes con estos abusos.

¡Muerto el perro se acabó la rabia! (Que no me oigan los animalistas pues, al estilo de los viejos cuentos de Caperucita, Blanca Nieves, etc., ahora esta expresión pasó a ser políticamente incorrecta).

Si la educación no es un servicio básico, como bien nos lo recuerda don Manuel Sancho que lo consideran los sindicatos, el gobierno y los diputados, si están todos de acuerdo en eso, lo que sigue es que también se deje de considerar la educación como un servicio público. De hecho, no reúne casi ninguna de las características que definen a los bienes públicos.

Siendo así, lo que procede es que se privatice en su totalidad y el gobierno instaure los bonos educativos (pagados, a su instrucción, directamente a la escuela, colegio o universidad de su elección) para que cada estudiante elija la institución a la que quiere asistir. Todas serán privadas, sometidas a una supervisión y evaluación permanente del Estado.

Allí se acabarán los pretextos para vivir permanentemente en huelgas. Y, forzosamente, si cada entidad educativa quiere sobrevivir, tendrá que ofrecer una educación de calidad. Actualmente, entre malos profesores, huelgas y pésimas instalaciones, la educación que recibe una alta proporción de estudiantes es pésima. ¡Dinero tirado a la basura!

Además, al poder acceder cualquier estudiante al centro educativo de su preferencia, se democratizaría la enseñanza. El pago de la matrícula ya no será el agente discriminador que separa las clases sociales.

 


 

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