Dennis Meléndez: País debería estar tocando puertas del FMI

Si Costa Rica, probablemente por razones ideológicas, se sigue quedando atrás para acudir al FMI, en el momento en que lo va a necesitar, será demasiado tarde

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

El economista, Dr. Francisco de Paula Gutiérrez, expresidente del Banco Central de Costa Rica ha llamado la atención, en varios medios, de que Costa Rica se está quedando muy rezagado para empezar a tocar las puertas del Fondo Monetario Internacional. En algún momento lo tendremos que hacer – de hecho, deberíamos haberlo hecho hace meses -, pero si llegamos tarde, los demás países se habrán adelantado y ya no habrá disponibilidad.

A raíz de las diferentes crisis que conmovieron al mundo en los años 90 (crisis del tequila, en 1994; crisis asiática, 1997), el FMI anunció que tenía recursos disponibles para ayudar a los países a sobrellevar estos fenómenos. En 1998, anunció que tenía alrededor de US$80 mil millones para prestar con fines de liquidez. Pero se dedicarían, especialmente, para apoyar a los países desarrollados, como Japón, algunos europeos y Rusia. Para los países más pobres, no habría fondos disponibles. El presidente del Banco Central de Costa Rica, don Eduardo Lizano, siempre previsor, alzó una voz de alerta de que, el país debería tratar de diversificar las fuentes multilaterales de crédito para que, en situaciones como las descritas, se tuviese a quien recurrir. Es así como Costa Rica se adscribió al Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) y a la Corporación Andina de Fomento (CAF), hoy Banco de Desarrollo de América Latina. Acabamos de agotar la fuente de la CAF y recientemente, prepagamos al FLAR.

En la situación actual, el FMI anunció que tiene disponibles US$50 mil millones para ayudar a los países. Un monto muy inferior a lo anunciado en 1998. Como todavía no se ha traducido en una crisis financiera mundial, los países desarrollados parecen no estar urgidos de recursos de apoyo de balanza de pagos o fiscal. Pero si se llega a agravar, no es de extrañar que empiece a permear a los mercados financieros y, entonces, los daños serán de gran magnitud.

Ya muchos países han anunciado que tocarán las puertas de este organismo, entre ellos Panamá, que solicitó US$5 mil millones. Y eso que Panamá no está fiscalmente enfermo y muy lejos de un desbalance externo grave. Otros gobiernos latinoamericanos se enfilan al mismo propósito.

A mí me parece que Costa Rica debería estar viendo ya, en lugar de estar haciendo estas cosas, conversando seriamente con el Fondo Monetario Internacional para un programa de ajuste, de estabilización.
Francisco de Paula Gutiérrez, expresidente del Banco Central.
La Nacion 24 marzo 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

Nunca es buen momento para una pandemia, pero a Costa Rica le llega en el peor momento, en que estaba, desde hace meses, quizás en su peor desequilibrio fiscal de la historia. Antes de este fenómeno, la situación era muy delicada y estaba obligando al país a entrar en una situación de austeridad extrema.  De hecho, el gobierno hacía ingentes esfuerzos, no para bajar el gasto sino para ver cómo se libraba de cumplir la regla fiscal. En ese sentido, esta crisis le llegó como una tabla de salvación.

Estábamos en el peor escenario de vulnerabilidad: un déficit del 7% del PIB, una deuda externa del gobierno casi en el 60% del PIB (límite en que un país entra en alerta roja) y, la del sector público total, cercana al 73% del PIB, con bajas en las calificaciones crediticias de las agencias calificadoras, lo que empeora las posibilidades de acceso adicional a financiamiento. La producción interna en casi total estancamiento (a flote solo por las zonas francas) y una tasa histórica de desempleo de 12.3% de la fuerza laboral, con 309 mil desempleados. Y, ahora el coronavirus: ¡tras cuernos, palos!

Muchos piensan que todo nuestro problema es pasar a la otra orilla del río, ante esta epidemia. Estamos nadando con la vista puesta en la margen opuesta, luchando contra la corriente, en la creencia de que, pronto, se superará el problema y todo habrá terminado. No nos engañemos. Eso sería apenas el comienzo.

En momentos en que más se necesita solidaridad, hay grupos privilegiados – entre ellos grupos de profesores universitarios – que intentan llegar a la otra orilla sin mojarse ni los ruedos, simplemente caminando sobre los que están nadando. Ya mucha gente se está quedando en el camino, se está hundiendo y a punto de ahogarse. Según el Semanario Universidad, 331 empresas han suspendido labores con saldo de víctimas de 9728 trabajadores sin trabajo. Y vendrán muchos más. Hay que pensar en todos los desempleados anteriores y los trabajadores del sector informal. El gobierno va a necesitar muchos recursos, de origen interno, reduciendo gastos no prioritarios y externo, para prevenir un descalabro de la balanza de pagos.

Por el momento, nuestra principal crisis es fiscal, con un déficit que, sin regla fiscal, fácilmente superará el 12% del PIB. Eso es factor dominante para el desempleo y la caída en la producción.

La crisis que se viene, post pandemia, es de grandes proporciones. La gente no se está dando cuenta que el monstruo que teníamos antes de que explotara la noticia, simplemente se pasó al otro lado y allí está engordando con todos los desequilibrios adicionales que estamos enfrentando. Cuando lleguemos allá, si sobrevivimos, nos encontraremos la triste realidad de que ese monstruo es tres veces mayor y nos va a devorar. Tanto trabajo de pasar las aguas turbulentas para morir, al otro lado, devorados por el desempleo, el hambre y el desinterés de los que no quisieron ayudar.

El gobierno y el banco central parecen estar cómodos con los recursos que tienen en reserva. Pero, hay un elevado monto de divisas que se está perdiendo. Sólo por turismo, anualmente recibíamos US$4500 millones que se distribuían por toda la corriente económica. Siendo optimistas de que la crisis pase en 6 meses, no podremos aspirar a más de US$1000 millones de ingresos por este concepto, en este año, y eso porque estábamos terminando la temporada alta.

Por la recesión mundial y por la pérdida de competitividad interna ocasionada por la revaluación cambiaria la inversión externa directa ya venía en franco deterioro (el año pasado disminuyó 20%, una caída de más de $500 millones). En 2020 no puede esperarse un gran flujo de recursos por este concepto, si acaso reinversión de utilidades de algunas de las empresas de zona franca.

Si el tipo de cambio empieza a ajustarse al alza, las personas empezarán a recomponer sus portafolios, a comprar más dólares y esto podría llevar a un ajuste cambiario violento, algo indeseable, pues no da tiempo al aparato productivo a reajustarse y todo se irá en inflación.

Pero, además, la recesión mundial disminuirá la demanda de nuestras exportaciones. Fácilmente podemos perder de $2 mil a $4 mil millones en exportaciones. Es cierto que, por la recesión interna también disminuirán las importaciones, principalmente por precio del petróleo, pero estas son menos elásticas que las exportaciones.

Lo peor que nos puede ocurrir es que a este tremendo hueco fiscal se sume una crisis de balanza de pagos. Ahí sí tendremos una hecatombe.

Si Costa Rica, probablemente por razones ideológicas, se sigue quedando atrás para acudir al FMI, en el momento en que lo va a necesitar, será demasiado tarde. Para entonces, las condiciones que pedirá aprobar el FMI (aplicar estrictamente la regla fiscal, subir el IVA al 16%, congelar inversión pública no prioritaria, etc.) será, ideológicamente, inaceptable para nuestro gobierno. Muy probablemente, para entonces, hasta corremos el riesgo de que el presidente expulse a los funcionarios del FMI que se lo pidan, como hizo Rodrigo Carazo, en 1980.

¿Cuánto deberíamos pedir? Nadie puede predecir eso. Pero, por lo menos, un préstamo de contingencia similar los mismos US$5000 millones que ha solicitado Panamá. Y este era el momento propicio para pedir los recursos del FLAR, no hace dos años en que lo único que se pretendía era sostener artificialmente el tipo de cambio, en época de campaña política.

De nada nos valdrá cruzar el río con éxito si el monstruo fiscal nos espera en la otra orilla y, hasta acompañado de otros cíclopes como el desequilibrio de balanza de pagos y un ajuste descontrolado del tipo de cambio. Mientras nadamos, el banco central debería aprovechar para promover una devaluación ordenada, antes de que las fuerzas del mercado lo enfrenten a una cruda realidad. Esperamos que la devaluación que se ha visto en los últimos días mantenga un ritmo lento pero sostenido.

 

 

 

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