Dennis Meléndez: Sectores financieros

Es cierto que hace mucha falta mejorar la eficiencia de los bancos privados pero el vivir al amparo de los bancos estatales les da una vida mucho más cómoda.

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Hay gente que pretende interferir con las decisiones que toman las entidades privadas para manejar su negocio. La obligación de quienes dirigen un banco es maximizar utilidades, no realizar obras de bien social. Y en las circunstancias actuales deben ser excesivamente cautelosos. Recordemos que ellos manejan dinero ajeno y no pueden tomar riesgos innecesarios.

Si un banco toma la decisión de cambiar su estrategia de negocio, es estrictamente un asunto de su incumbencia, pues tienen que rendir cuentas a sus dueños, a los reguladores financieros, pero, sobre todo, a los clientes que confían en ellos para que les manejen sus ahorros.
Es cierto que hace mucha falta mejorar la eficiencia de los bancos privados pero el vivir al amparo de los bancos estatales les da una vida mucho más cómoda.
El hecho de que se hayan definido tasas máximas para los créditos (sobre todo de tarjetas) cambia las condiciones operativas de todo el sistema.
Contrario a lo que muchos piensan de que, por ley, van a acabar con un problema endémico que se agrava con sistemas financieros ineficientes, están “elucubrando fuera del recipiente”.
Ese cambio en las condiciones tiene que producir un cambio total de estrategias. Lo más lógico es que busquen reducir riesgos financieros. Esto permite que nivelen sus tasas de interés acordes con las nuevas definiciones.
Y, además, dejan mayor margen a las entidades financieras para obtener ganancias si se concentran solo en clientes menos riesgosos: las tasas de morosidad disminuyen y, si quisieran competir (para lo cual no tienen incentivo pues los bancos estatales les cubren la espalda), hasta podrían bajar tasas para los menos riesgosos.
La gran pregunta es ¿Adónde acudirán los clientes con mayor riesgo? ¿A los bancos estatales, aumentando el riesgo para estas entidades y deteriorando la calidad de su cartera? ¿A Beto le presta? ¿A las casas de empeño informales? ¿A los gota’gota colombianos que prestan solo con la foto de la familia?
¿Cuántos de esos que quedan fuera simplemente se endeudaban por vicio y cuántos por necesidad? Eso no lo sé y tendrá que darse un cambio estructural serio también del lado de quienes recurren al crédito para emprender o para comprar bienes de consumo (como teléfonos celulares, refrigeradores, cocinas, pantallas, ataúdes, tratamientos médicos que no les da la Caja, etc.)
Lo que sí sé es que hay fiesta en el sector financiero informal. A estos no les preocupa la usura: prestan ¢20 millones al 37%, pero solo desembolsan, digamos, ¢16 millones (con cuentos como que pagan intereses por adelantado o flat en vez de por saldos) con lo que aumentan la tasa efectiva mucho más allá del 65%. ¡Cumplen a rajatabla con la ley! Si la gente está desesperada, acepta ese tipo de  expoliaciones. A veces no tienen más salida.

 

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