Derechos Humanos, Crucitas y Nicaragua: ¿Qué se hicieron los “progres”?

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Melissa Vargas CamachoPolitóloga.

Lakoff, en su libro “No pienses en un elefante”, entre sus argumentos realiza una comparación entre conservadores y progresistas. Dentro de las ideas que destaca es la pluralidad existente bajo el concepto de progresista, o “proge” como usualmente se les refiere.

Así las cosas, destaca seis tipos básicos de progresistas: los progresistas económicos, los de la política identitaria, los ecologistas, los de las libertades civiles, los espiritualistas y finalmente los autoritarios.

Además, destaca que “muchas de las personas que encarnan alguno de estos modos de pensar no reconocen que el suyo es precisamente un caso especial de algo más general, (…). Lo que impide que gentes que comparten valores progresistas lleguen a unirse” (Lakoff, 2007).

Tras su lectura me resultó imposible no pensar en las luchas que han realizado, últimamente, los grupos más progresistas en nuestra sociedad. Hace algunos meses un importante grupo de jóvenes se manifestó ante un llamado por la defensa de los Derechos Humanos, tema que tomó el debate en el pasado período electoral, convirtiéndolo en un referéndum sobre matrimonio igualitario, dejando atrás temas de infraestructura, seguridad, economía, entre otros.

Pasaron las elecciones, el tema pasó a una deliberación de magistrados quienes dictaron un plazo de 18 meses para que los diputados resolvieran, no obstante, el plazo no empezó a correr hasta hace pocos días, y la presencia de la progresía dejó de sentirse con la intensidad que tuvo meses atrás. Como si todo volviese a la normalidad, o al menos a una “normalidad progre”, a un statu quo que algunos llamarían un estado natural de confort lejos de otras luchas que librar, luchas que escapan de los votos de los magistrados y que requieren, quizá como nunca antes la presencia de una robusta juventud progresista.

De todos los casos existentes, quisiera referirme, por el momento a dos muy puntuales. Por un lado, la deplorable situación que se vive en los alrededores de Crucitas, donde nuestros recursos naturales están siendo objeto de saqueos, nuestros compatriotas han visto su seguridad disminuida, sumado una serie de problemas colaterales por la explotación ilegal del yacimiento de oro que sería explotado de forma racional por una empresa, pero que el “progresismo ecologista” descarrilo. Este es el primer gran silencio progresista. Parece que se ha perdido el interés por lo que pasa el país.

El otro tema, son las violaciones de los Derechos Humanos en Nicaragua, donde la cuenta de víctimas de la represión del dictador Ortega suma varios cientos, de los cuales muchos eran jóvenes estudiantes y trabajadores.

¿Cómo callar ante esto, acaso el Derecho Humano primordial no es el de la vida? ¿Entonces qué clase de defensores de derechos tenemos en el país? ¿Acaso a nadie le preocupa que seres humanos igual que nosotros estén siendo masacrados en nuestro vecino país? ¿Tan indolentes somos? ¿Por qué no hay pronunciamientos públicos, en redes sociales u otros medios?

No podemos alegar ignorancia de lo que pasa en la comunidad de Crucitas de Cutris, un pequeño pueblo ubicado a 93 kilómetros de Ciudad Quesada. Tampoco se puede ignorar la violación de Derechos Humanos a través del mundo, lo cual es detestable y censurable desde un país que no desde ahora, sino desde hace muchas décadas ha sido abanderado del derecho a la vida, la paz, la democracia y la defensa del medio ambiente.

Si el gobierno anterior y el actual no hacen lo que les corresponde por mandato constitucional, al menos la juventud “progre” debería hacerse oír, manifestar su solidaridad con la juventud nicaragüense por un lado y por otro presionar para que se imponga el orden en Crucitas.

¿Acaso es Costa Rica un país en el que los progresistas no pueden unirse en todas las diferentes luchas? ¿Es la agenda progresista costarricense exclusiva de una política identitaria? ¿En dónde quedan los otros intereses que engloban el ser progresista? ¿En dónde están los progresistas ecologistas? ¿Dónde están sus demandas por el llanto de la tierra en Cutris? ¿En dónde están los progresistas de las libertades civiles? ¡Un país entero demanda su apoyo!

No es casualidad que sean los grupos conservadores quienes impongan su agenda. Décadas atrás los conservadores eran contrarios entre sí hasta que se preguntaron ¿qué tenían en común entre sí? Esa fue la clave para limar sus asperezas, consensuar sus desacuerdos y promover una causa conservadora general.

Es tiempo ya de que los progresistas, al igual que los conservadores unan sus agendas y libren todos, con la misma intensidad todas las luchas que el país demanda. Jóvenes, reaccionemos, salgamos de la pasividad, el país nos necesita ahora, para mañana podrá ser demasiado tarde.

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Licda. Melissa de los Ángeles Vargas Camacho
Politóloga, Cód. 1129

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