Desarrollo de regiones periféricas

Aunque reconocemos y aplaudimos el interés del gobierno en implementar políticas públicas y acciones que pongan punto final al injusto esquema de desarrollo que, con su visión vallecentrista, desde siempre ha relegado a las regiones periféricas del país

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Luis París Chaverri, Exembajador.

El presidente Carlos Alvarado anunció la designación de los vicepresidentes Epsy Campbell y Marvin Rodríguez, del ministro de la Presidencia, Rodolfo Piza, de la primera dama, Claudia Dobles, y de la Ministra de Economía, Industria y Comercio, Victoria Hernández, para promover el desarrollo en las comunidades de la regiones Norte, Huetar Caribe, Pacífico Central, Chorotega y Brunca, respectivamente.

En principio, la noticia debe alegrarnos porque entraña un compromiso del presidente Alvarado de generar políticas públicas que potencien el desarrollo de las regiones de la periferia del país y que alivien los graves problemas que sufren sus habitantes.

En varias ocasiones he planteado la necesidad de acabar, o de reducir, la desigualdad entre el desarrollo de la zona central y las regiones periféricas y la urgencia  de ejecutar una estrategia que conjugue la capacidad de iniciativa de los principales recursos políticos de esas comunidades con la voluntad de las autoridades gubernamentales.

Los indicadores de pobreza y desempleo, así como las estadísticas relativas a educación, salud, vivienda, o a las oportunidades culturales, artísticas y deportivas, o al acceso a las tecnologías de la información y comunicación, evidencian con crudeza las asimetrías entre esas regiones, por lo que he propuesto elaborar y poner en ejecución un plan integral que involucre a las diferentes instancias públicas que tienen responsabilidades en el desarrollo de las provincias costeras, con el objetivo de potenciar…las alternativas que ofrecen esas zonas y la gente que en ellas vive.

Para liderar un plan de esa envergadura sugerí el nombramiento de un comisionado presidencial o un ministro sin cartera para que pudiese interactuar, de igual a igual, con ministros, presidentes ejecutivos y altos servidores del Estado.

La decisión del gobierno de encargarle la tarea de impulsar el desarrollo de las regiones de menor desarrollo a varias personalidades de la mayor cercanía y de absoluta confianza del presidente, tiene el inconveniente  de que todas ellas cumplen con otras importantes funciones, por lo que es de suponer que no le dedicarán la totalidad de su esfuerzo a sus nuevas responsabilidades.

Por la importancia y complejidad de las labores inherentes a su cargo, que demandan enormes esfuerzos de coordinación a lo interno del gobierno y de éste con la Asamblea Legislativa, no creemos que el ministro Piza pueda atender adecuadamente el trabajo que debe realizarse para promover el desarrollo de la Región Pacífico Central.

De igual manera, dudamos que la señora Dobles le conceda la misma prioridad a la Región Chorotega que a su compromiso con la modernización del transporte público y, concretamente, con el proyecto del tren eléctrico.

Por su parte, la vicepresidenta Campbell, aunque tiene a su cargo el tema del desarrollo terriotorial, que implica la gestión política y la coordinación “en iniciativas para el bienestar social y económico de las zonas rurales con mayor vulnerabilidad, principalmente en la región norte del país”, además tiene asignadas otros importantes temas, como son las del empoderamiento y liderazgo de las mujeres, pueblos afrodescendientes y educación financiera, como se anunciara en enero con ocasión de su salida del ministerio de Relaciones Exteriores.

La ministra Hernández tiene a su cargo una cartera con amplias funciones que limitarán el tiempo que le podrá dedicar a atender las necesidades de una región con un extenso terriotrio en el sur del país.

También el vicepresidente Rodríguez asumió amplias responsabilidades del área social, especialmente con la población adulta mayor y la población con discapacidad, así como con la niñez, la juventud y las personas adolescentes.

Desde esta perspectiva, se debe considerar que por las diversas responsabilidades encargadas a ellos, cada quien cumplirá de acuerdo a sus propias cualidades, a su particular liderazgo, a su capacidad de trabajo y a la disposición de tiempo y recursos, lo que podría deparar en una disparidad de resultados y, como consecuencia, en detrimento de alguna o varias de las regiones.

Aunque reconocemos y aplaudimos el interés del gobierno en implementar políticas públicas y acciones que pongan punto final al injusto esquema de desarrollo que, con su visión vallecentrista, desde siempre ha relegado a las regiones periféricas del país, me permito hacer estas observaciones con el propósito de que los inconvenientes señalados sirvan para adoptar las medidas pertinentes que ayuden a superarlos.

 

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