En lo que resta de este período presidencial, la Asamblea Legislativa de abocará a conocer las diversas agendas pendientes y congeladas como un ejercicio natural por los Diputados. Agendas que son las agendas de nuestro pueblo, de nuestro Estado, de nuestras instituciones, del País, de cara a sostener la paz, la democracia y sobre todo con la estabilidad social, cuyo futuro a mediano plazo podría presentar serias señas de tormenta.

Las generaciones actuales tienen la obligación de irse preparando para el relevo inevitable. Deben dejar una mejor Costa Rica, preparada para asumir responsabilidades históricas y tomar decisiones sin mayor dilación.

Los sectores y grupos dirigentes tienen que abogar por la construcción de agendas sociales, de agendas de desarrollo, donde la Asamblea Legislativa en su carácter de Primer Poder de la República facilite, acuerpe agendas y logre consensos. Solo así podremos alejarnos y evadir las tormentas que desde todos los ángulos y momentos se nos han pronosticado de no hacer la reforma fiscal acorde a las necesidades que nos aquejan hoy y que mañana podrán ser irremediables.

Es claro que urge realizar una reforma fiscal.  De lo contrario, los avances sociales que se han logrado a través de los años podrían estar amenazados. Es necesario alcanzar consenso, un acuerdo país, lograr un pacto social, cuyo principal interés sea el mejoramiento económico y social y no el interés particular, como lo señalaba el Sr. Ministro de Hacienda días atrás.

La realidad es cierta, una economía se vuelve inmanejable si por largos períodos se manejan altos déficits fiscales, en el caso costarricenses las cifras señalan para: 2012 un 4,3% del PIB, 2013 un 5,4%, 2014 alcanzó 5,6%, 2015 fue de 5,7% y para el 2016 cerró en un 5,2%.

El déficit fiscal es un problema que se ha convertido en parte de la historia económica nacional de las últimas tres décadas. El  faltante actual en las finanzas públicas se debe a la lenta evolución de los ingresos fiscales y al crecimiento acelerado de los gastos.

Por ninguna razón se debe llegar a la situación que encajonó a Grecia, por la miopía y la parálisis de su modelo económico político en el contexto europeo, enmarcado por estándares de desarrollo y madurez política de los cuales no se puede autoexcluir sin afectar a la población del país.

No se puede permitir que nuestros políticos y dirigentes por oportunismo, demagogia, cálculos electorales, faltos de capacidad negociadora y sobre todo de visión, lleven la política a márgenes extremos y menos en tiempos indescifrables de la economía y geopolítica internacional.

Grecia ha sido un ejemplo de lo que no se debe hacer y del costo social y político que producen las medidas tomadas a destiempo. Prohibido seguir esta funesta vía.

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Por La Revista CR

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