Desde la perspectiva de Rodrigo Madrigal Montealegre

2

La casa de la familia Madrigal Guardia tiene ese aroma único de intelectualidad, cultura y sobre todo de hospitalidad y calor humano, para propios y ajenos. Pasaje de artistas, políticos, escritores, músicos, empresarios, estudiantes y amigos, cuyo registro numérico resultaría difícil de recabar.

María Enriqueta Guardia Yglesias, investigadora y docente universitaria por décadas no puede estar al margen de las andanzas de Rodrigo, con quien comparte la paternidad de Marcia, Mauricio y Rodrigo y a la vez el regocijo de sus nietos.

Ambos realizaron estudios en París y dieron la vuelta al mundo innumerables veces, cuando no era tan fácil hacerlo, pero generosamente compartieron desde las aulas universitarias el saber más allá de los libros, sino los conceptos de humanismo y libertad, muy arraigados en el seno de una familia descendiente por todos lados de políticos y personajes de nuestra historia patria.

Haciendo este preámbulo para quienes no han tenido la oportunidad de subir las escaleras de su casa, nos encontramos recorriendo las bibliotecas de Rodrigo Madrigal Montealegre, armoniosamente desordenadas y para dejar con la boca abierta a cualquier amante de la lectura. Así, nos encontramos además de sus libros y miles de CDs de música, varias curiosidades, entre ellas fotos familiares, de sus viajes, reconocimientos por su función pública y algunos retratos muy particulares, que nos llamaron la atención, pero que para la familia eran sucesos en el tiempo.

A partir de esta perspectiva es que nos adentraremos en los capítulos inéditos y recovecos de la variada biblioteca.

En un estante, aparece en compañía de dos figuras de talla universal, como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura.

Por otro lado, una foto con dedicatoria del ex Presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter y su esposa, muy de cerca compartiendo con Violeta Chamorro, la primer mujer Presidenta por sufragio popular.

Cuatro personajes que recuerda como si fuera ayer el politólogo, Rodrigo Madrigal, cofundador de la Escuela de Ciencias Políticas, ex viceministro de Cultura y ex directivo del diario La Nación, así como miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, de la cual recibió un premio por su defensa a la libertad de prensa en el Continente.

“La defensa de la libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la democracia, sin libertad de expresión, no hay libertad de pensamiento ni posibilidad alguna de cambiar la realidad”, es el punto de partida de la conversación con Rodrigo Madrigal.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura a quien Rodrigo Madrigal conoció en el marco de las reuniones de la SIP. Los vínculos derivados de los principios de libertad y periodismo lo relacionaron hace años con el célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa, que en sus inicios trabajó como periodista en Lima.

Sobre él expresa de inmediato: “es hombre sensacional y su obra literaria muy valiosa, tuve oportunidad de conversar con el sobre las libertades y la democracia en nuestro continente”.

De las anécdotas de Vargas Llosa nos cuenta que “… un día aparece un hombre muy enojado ante Vargas Llosa, quién le pregunta la razón del mismo, respondiéndole el hombre, por culpa suya todos se ríen de mi y hacen bromas, porque usted le puso mi nombre al personaje de la novela “Pantaleón y las visitadoras”, y resulta que yo me llamó

Pantaleón Pantoja, igual que el militar que organizó el servicio de prostitutas en la selva peruana, ¿le parece poca razón para estar enojado?”

“Mario era muy simpático, alegre y conversador, de él también aprendimos mucho y tuvimos una muy buena amistad, estuve con el la última vez aquí en Costa Rica”, recordó.

El libro que más le gustó fue la sexta obra de Vargas Llosa: “La Guerra del Fin del Mundo”, publicada en 1981.

El libro “La fiesta del chivo”, es su segundo favorito. Este habla sobre la cruel dictadura en República Dominicana de Rafael Leónidas Trujillo.

Gabriel García Márquez, además de inspirar admiración por su personalidad y prolifera obra literaria, nos confiesa que a él y sus colegas de la SIP, les causaba gran envidia. ¿por qué? Y Rodrigo Madrigal nos dice que ellos calculaban que si se habían vendido más de 30 millones del libro “Cien años de soledad” tan solo a un dólar, “Gabo” como le llamaban, se habría echado a la bolsa ¡30 millones de dólares!

Asegura que luego García Márquez le dio “todo el placer literario”, principalmente con su libro: Cien Años de Soledad y sus 30 millones de dólares.

Con García Márquez tuvo interesantes conversaciones y cambios de opinión sobre la democracia y la libertad de prensa. García Márquez en sus primeros tiempos hizo de periodista y a partir de ahí comenzó a explotar su veta literaria. La cercanía de García Márquez con Fidel Castro sin duda, habría dejado siembras de democratización en el líder cubano, que en la reserva habría liberado a más de un disidente político.

Otra anécdota, ahora de García Márquez, que nos reseña Rodrigo Madrigal, es la pregunta que un día se hizo el escritor: ¿Por qué si a Franz Kafka le publicaron “La metamorfósis”, que relata la vida de un ser que de la noche a la mañana se convierte en algo similar a un insecto y que es marginado de su familia y amigos y sufre miseria y rechazo, por qué a mi no me van a publicar los cuentos de mi abuela Tranquilina y la Tía Mamá, Francisca?  Posteriormente, salió la novela que desbordó bibliotecas y librerías, gracias al empujoncito de Kafka.

Violeta Chamorro, expresidenta de Nicaragua (1990-1997), viuda del connotado periodista Pedro Joaquín Chamorro, víctima de la represión política vivida en Nicaragua, radicó en San José por ahí de los años 60 cerca de la casa de la familia Madrigal Guardia.

Nos dice que a Violeta Chamorro la conoció por medio de la SIP y en viajes al exterior, por medio de los cuales se forjó un vinculo de amistad personal que llevó a ambas familias a compartir muchos momentos en su casa de Los Yoses.

Con un espíritu de paz y repudio a la guerra, así recuerda Madrigal a Chamorro, a quien llama amiga y a describirla como una mujer de diálogo. Madrigal asegura que las nuevas generaciones tienen mucho que aprender de la exmandataria, quien jugó un importante papel en la historia de Centroamérica al ganar las elecciones al gobierno de Ortega y propiciar un ambiente de transición pacífica, que trajo la paz a nicaragüenses y centroamericanos.

“Cuando ella fue elegida presidenta el mayor mérito fue tratar de conciliar Nicaragua, en momentos muy difíciles”, dijo Madrigal. Hoy las cosas en este país son distintas; más complejas, sumergidas en un conflicto que ya cobra la vida de inocentes y que, por el momento, no hay señales de que vaya a acabar pronto.

Para Madrigal, Chamorro “cumplió una labor conciliadora importante, que sirvió de base a la paz en la región y principalmente en la sufrida Nicaragua”. Al consultarle sobre cuál es el principal legado que dejó la expresidenta de Nicaragua en su país, respondió: “La paz”, y añade “que tanto costo alcanzar y que ahora se ve quebrantada por el régimen de Ortega”.

Jimmy Carter, ex Presidente de los Estados Unidos, para Rodrigo Madrigal, hombre sinónimo de libertad al que conoció en una misión de observación de las elecciones de Panamá, invitado por Fundación Arias, es otra de las personas admirables a quienes se les debe valorar su trabajo en pro de los derechos y la democracia en nuestros continente.

Nos dice Rodrigo Madrigal que en el momento de conocer a Carter, se llevaban a cabo las elecciones en Panamá, en las cuales resultó electo Ernesto Pérez Balladares (“El Toro”), quien jugó importante papel en la vida política de ese país.

Recuerda Rodrigo Madrigal que en una reunión con los políticos panameños, a él se le ocurrió preguntarle al presidente electo, que haría con la fuerzas armadas, que si había pensado desmantelarlas. En ese momento y ante pregunta tan comprometedora, se levanta Carter y dice a manera de elogio, “solamente un costarricense tiene la autoridad y el valor de hacer está pregunta”.

Con Carter y la ex primera dama Rosalyn Carter compartió momentos como observador electoral -nos dice Rodrigo Madrigal-, señalando que no se puede olvidar que Carter fue el valuarte en la defensa de la democracia y los Derechos Humanos en una América Latina, que no es la de hoy, sino que venía saliendo de las peores dictaduras y violaciones a la persona humana.

La conversación con el académico, el político e intelectual, galardonado por sus diversas tareas y contribuciones antes que nada a la libertad, concluye aquí, pero sin duda continuará sobre otros tantísimos temas y anécdotas que guarda en su tintero, o en términos más modernos, en su disco duro.

 

Comentarios

Cargando...